Filito para mí nunca fue Filito. Era mi tío Rafael

Así que el tío Rafael, en mi imaginación, era una figura mítica que recorría el mundo llenando teatros. (...) Aquel Rafael Araújo mítico que llenaba estadios por medio mundo se me había convertido en La Estrella, que cantaba en salas de fiesta de la costa catalana y tenía un montón de pluma

 

 

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