Adiós a la matriarca de la cocina tradicional tarifeña. Ha muerto Mariquita Villanueva   

El acto de sepelio tendrá lugar mañana martes en la iglesia de San Mateo Apóstol a partir de las 10.30 horas. 

                   

 

Hoy nos ha dejado una gran mujer, María de los Ángeles Villanueva Benítez. Mariquita Villanueva. María la de la Fonda. Nos deja una figura inmensa de la cocina tarifeña, una mujer que dedicó su vida a hacer de la cocina un arte lleno de amor, tradición y sencillez.

María, la mediana de tres hermanos (Luis y Marcos) de los Villanueva-Benítez, nació en Tarifa en 1936. Hablar de María es hablar de la Biblia de la cocina tarifeña, de esos platos que no necesitan adornos ni artificios, porque son pura verdad.

A lo largo de su vida, Mariquita Villanueva se erigió como la gran matriarca de la cocina casera y tradicional en Tarifa. En el pueblo, cuando se habla de buena comida, de guisos hechos con el corazón y de sentarse a la mesa como en casa, siempre surge su nombre. Y al hablar de Mariquita, siempre se habla de la Fonda de Villanueva, un lugar con más de un siglo de historia, que a través de los años se convirtió en el alma de la cocina local, un lugar donde el buen trato y los platos de toda la vida hicieron sentir a todos como parte de la familia.

La Fonda de Villanueva comenzó en 1888, cuando la abuela de María fundó el establecimiento en la calle Amador de los Ríos. De aquel pequeño negocio de hospedaje y comidas nació un legado que fue creciendo con el paso de los años, hasta que, en la década de 1960, fue María quien asumió el mando. Desde muy pequeña, María aprendió los secretos de la cocina, y con apenas 10 años ya trabajaba en la Fonda, sin saber que ese oficio se convertiría en su vida.

En su juventud, María conoció a José Torres Jiménez, Pepe el Francés, un hombre de Casablanca que se enamoró de la joven María. Juntos tuvieron cinco hijos: José Luis, Juan Carlos, Marcos, María del Mar y Sergio, quienes, al igual que su madre, crecieron entre fogones, convirtiendo la Fonda en un negocio familiar que fue pasando de generación en generación.

Con el tiempo, la Fonda se trasladó a un nuevo local cerca de la parada de taxis, en la Avenida de Andalucía, donde alcanzó su verdadero esplendor. En esa nueva etapa, la Fonda de Villanueva se transformó en un verdadero referente de la cocina tradicional, donde los platos sencillos y sabrosos se ganaron el cariño de todos los que se sentaban a la mesa. Paellas, lenguado a la menier, sopa de picadillo con su toque de jamón, arroz y hierbabuena, san jacobos enormes, y, por supuesto, la famosa urta al coñac o a la roteña, siempre preparados con ese toque único de María. Guisos de antaño, hechos con respeto por los ingredientes y el producto de la tierra, que nunca necesitaban más que el cariño de la cocina de toda la vida.

María siempre detestó que sus comensales esperaran. En su casa nunca se tardaba. La organización de la familia era impecable, y siempre había pan de sobra, porque en la Fonda, se mojaba mucho. Durante más de 50 años, la Fonda de Villanueva dio de comer no solo a los tarifeños, sino también a turistas y personajes célebres. Por sus mesas pasaron artistas como Lola Flores, Jesús Quintero, y toreros como Rivera Ordóñez, todos con el mismo trato cercano, sencillo y auténtico que definía a María.

María no solo cocinaba con las manos, sino con el alma. Desde muy joven, aprendió a manejar los tiempos, el fuego y, sobre todo, a respetar los ingredientes. Su destreza con el pescado fresco, expuesto en una gran vitrina de cristal donde se veía vivo el bogavante, las cigalas, los pargos y los lenguados, era uno de los mayores atractivos de su restaurante. La experiencia de comer en la Fonda de Villanueva no solo era un festín para el paladar, sino también una experiencia de calidez humana y tradición.

La Fonda no solo fue un referente en Tarifa, sino también para aquellos que llegaban desde Gibraltar en las antiguas góndolas. Todo aquel que pasaba por allí se sentía como en casa, recibido con una sonrisa y un abrazo. Y es que la hospitalidad de María, su generosidad, su simpatía, y su alegría eran el alma de aquel lugar.

En 2014, tras más de 100 años de historia, María decidió jubilarse y cerrar las puertas de la Fonda. Aunque su negocio llegó a su fin, su legado sigue vivo en cada rincón de Tarifa. Hasta hace muy poco, la figura de María era fácilmente reconocible tras el cierro de aquella vivienda junto a la parada de taxis. De la que seguía emanando aromas a cocina tradicional y familiar. Hoy la memoria de María y su amor por la cocina sencilla y auténtica permanecerán siempre en la memoria colectiva de todos los que tuvimos la suerte de disfrutar de sus platos y de su calidez. Hoy, tristemente, nos deja una gran mujer, pero su historia, su legado y su recuerdo permanecerán para siempre en el corazón de Tarifa.

Con cariño, para su hija, sus hijos, nietas y nietos, familias y allegados. Un beso al cielo, Fran Terán y de toda la familia de Tarifa al día. DEP.