Ya huele a feria

No hubiese estado mal, en vez de salir con reproches, que lo que realmente se debería hacer es planificar de forma consensuada la feria. 

Este año, aunque el primer domingo de septiembre se retrase 7 días, la gente está esperando la llegada de la feria (como otros tantos años). Lo hace con ilusión por los momentos que se pueden vivir entre amigos y familiares; por los recuerdos de los que ya no están y con los que se compartieron otras ferias y por esa mezcla que hay entre lo religioso y lo pagano en el mes más tarifeño del año. Porque en septiembre, feria, patrona, casetas, amigos, familias, cacharritos, diversión, devoción… son palabras que toman todos sus significados para una buena parte de la gente de Tarifa.

Y a pesar de que los tiempos cambian, que es una barbaridad (como diría aquella famosa zarzuela), la feria sigue teniendo una presencia importante en el calendario local, si bien desde hace años estas fechas también son aprovechadas por muchos vecinos y vecinas para ir de viaje.

Como decimos, todo cambia y la feria ha cambiado. No lo decimos solamente por el lugar de ubicación, sino también por quienes la frecuentan y su manera de divertirse. Y es que se podría decir que con la desaparición de “La Araña” murió la última caseta donde los bailes con orquestas recordaban lo que fueron nuestras ferias y fiestas. Antes, el baile oficial o caseta municipal era el lugar en el que aquellas personas que no podían acceder a las casetas particulares pasaban las veladas y, en ocasiones, contaban con la presencia de artistas de primera plana a nivel nacional. Con el paso del tiempo se perdió esa forma de divertirse y en la feria tarifeña aparecieron otras muchas casetas particulares y el declive de la caseta municipal fue inevitable.

En ese proceso, la municipal se transformó en la caseta de la juventud. Una caseta que, al menos, ofrecía un espacio de independencia a esa adolescencia que empezaba a volar por sí sola. Una caseta que, al menos, garantizaba a las familias que sus hijos o hijas estaban en un lugar concreto, cuando no en las pistas de los coches de choque (que siempre es el mayor atractivo para esas edades). Este año, la juventud no tendrá una caseta donde poder estar porque el “mercado” ha marcado que este tipo de caseta no es rentable para los empresarios. Y como ya sabemos que este Ayuntamiento está sometido al “criterio empresarial”, pues ahí lo tenemos.

Esto ha sido cuestionado por el PSOE, que ha lamentado que no haya un espacio en el recinto ferial para la juventud. En este caso, como el gobierno local no puede reprochar aquello de “ustedes no lo hicieron en 8 años”, su respuesta no ha podido ser más pueril y acusan de que la caseta de este partido político (por cierto, la única de un partido político que se mantiene en el Real) rompe con lo establecido y la tradición y es una discoteca. Este argumento valdría si fuese sólo esa caseta la que funcionara así, pero ¿y las demás casetas discotecas? Al parecer esas no importan.

Porque este argumento no puede ser válido para quienes, desde el gobierno, en su tercera feria, siguen permitiendo que las casetas no se ajusten a la normativa que ellos ahora reclaman. Y es que, si realmente las autoridades locales estuvieran preocupadas, hubieran tomado medidas para corregir algunas cuestiones relacionadas con las casetas de feria. Pero quizás saben que, de no adaptarse a los tiempos y permitir que la gente pueda ir a este tipo de caseta-discotecas, la feria quedaría muy mermada de público.

Por ello, no hubiese estado mal, en vez de salir con reproches, que lo que realmente se debería hacer es planificar de forma consensuada la feria. Para empezar, se podría ir aclarando si el lugar actual es el definitivo recinto ferial y, en caso contrario, dotar al pueblo de un espacio definitivo para ello. Una vez aclarado este asunto, se podría estudiar de forma consensuada la distribución de las casetas y fomentar la participación en la feria de los colectivos sociales. Ello debería permitir que las que guardan un carácter familiar (casetas de comer, beber y bailar), las que tienen un toque incluso antropológico (como la de nuestro fandango tarifeño) y aquellas que ofrecen la diversión (como discotecas y acorde a lo que mucha gente busca) puedan estar sin molestarse.

Esto sería hacer una política adecuada con respecto a la feria y no solamente una política de reproches.

A mi Prim