La Borriquita se quedó un año en su templo de San Francisco, mientras que El Medinaceli y La Esperanza realizaron una sobria estación de penitencia y el Huerto retranqueó a sus titulares para su estación de penitencia de hoy Lunes Santo.

En la tarde del Domingo de Ramos faltaron las palmas doradas agitándose al paso, los pequeños capirotes verdes, ni rojos y la algarabía menuda que siempre precede a la entrada triunfal en Jerusalén. La Cofradía de Nuestro Padre Jesús en su Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora del Carmen (La Borriquita), erigida en 1951 y con sede en la Parroquia de San Francisco de Asís, no pudo realizar este año (al igual que el pasado) su estación de penitencia. El deterioro del conjunto escultórico, a la espera de la adquisición de uno nuevo, obligó a la hermandad a permanecer en el templo.
Pero no por ello faltó el sentido profundo de la jornada. A las doce del mediodía, en una misa jubilosa de San Francisco, se bendijeron las palmas que, tras arder el próximo año, se convertirán en las cenizas que marcarán nuestras frentes en un nuevo Miércoles de Ceniza. Un gesto circular, catequético y sencillo que recordó que la Semana Santa es también memoria y esperanza.

Con el sol aún alto sobre la tarde, la atención se trasladó a las puertas de la iglesia mayor de San Mateo Apóstol. A las 19:00 horas, desde sus puertas, se abría paso la Esclavitud y Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado (Medinaceli) y Nuestra Señora de la Esperanza, fundada en 1964 y hoy formada por unos 150 penitentes y dos pasos.
Sobria, imponente, avanzaba la figura del Cautivo, vestido con su túnica color berenjena en mikado de seda con brocado dorado, estrenada en 2021, y luciendo el escapulario policromado y estofado donado en 2014 por el hermano devoto Ignacio Blanco Peralta. Como novedad, este año estrenaba pololos a juego con el camisón, rematados por encaje de bolillos, y un nuevo llamador para el paso, inspirado en la cruz anclada, símbolo de fe firme y esperanza inquebrantable.
Tras Él, un verdadero manto de fieles cumplía promesas en silencio. No faltaba el detalle institucional que subraya la vinculación de la hermandad con la Guardia Civil, hermana honorífica, cuyos agentes de la Benemérita flanqueaban ambos pasos con marcial respeto.

Y tras la sobriedad del misterio, la luz. Resplandeciente, el paso de palio verde esperanza de la Virgen elevaba sus ojos al cielo, acompañado por las marchas interpretadas por la Asociación Musical Pintor Manuel Reiné, mientras la Agrupación Musical Marbella ponía banda sonora al caminar del Cautivo.
La procesión tuvo, además, un carácter histórico. Por primera vez, el itinerario se realizó a la inversa del sentido habitual, lo que convirtió el tránsito por la Esquina de Rico en un auténtico regalo visual para los presentes. Un giro en el recorrido que ofreció nuevas perspectivas de los pasos y regaló estampas inéditas a los fieles.
Mientras tanto, con los titulares en la calle, dentro del templo de San Mateo se vivía otro momento de recogimiento. La Hermandad de Jesús en la Oración del Huerto y Nuestra Madre de Dios y del Rosario, que este Lunes Santo celebra señaladas efemérides y pondrá sus pasos en la calle a partir de las 19:30 horas, llevaba a cabo un solemne acto de retranqueo. Acompañados por los cánticos de la Coral de Tarifa, los hermanos dejaban dispuestos los pasos para su salida inminente.

Así, entre ausencias notables y estampas históricas, transcurrió un Domingo de Ramos distinto, en el que la ciudad volvió a encontrarse con la esencia de su Semana Santa: la fe que espera, la tradición que se adapta y la devoción que, pase lo que pase, siempre encuentra el modo de salir a la calle.