Tarifa se despide de las Misioneras de la Inmaculada Concepción tras casi 140 años de historia compartida

La venta del histórico inmueble del Asilo de San José a la Fundación Gerón marca el final de una etapa clave en la vida social, religiosa y asistencial de la congregación mariana, pero desde la fundación se asegura que queda garantizada la continuidad del servicio geriátrico. Pero las mojas…. ya es historia.

Tarifa se encamina hacia una de las despedidas más simbólicas y emotivas de su historia reciente. El próximo 16 de julio se cumplirán 140 años de la llegada de las Religiosas Misioneras de la Inmaculada Concepción a la ciudad, una efeméride que ya no podrá celebrarse con su presencia en el municipio. La venta del histórico inmueble del Asilo de San José a la Fundación Gerón marca el final de casi siglo y medio de convivencia, servicio y compromiso social de la congregación mariana con el pueblo de Tarifa.

La operación, formalizada tras un acuerdo entre el Obispado de Cádiz, la Congregación de Misioneras de la Inmaculada Concepción y la Fundación Gerón, supone la adquisición en propiedad de la residencia de mayores San José, centro que esta entidad gestiona desde 2018. Con ello se garantiza la continuidad del proyecto asistencial, se consolida la estabilidad del servicio geriátrico y se refuerza el compromiso con la atención a las personas mayores del municipio.

La compra incluye no solo la residencia, sino también dependencias anexas, entre ellas la capilla de la Inmaculada —popularmente conocida como la iglesia de las monjas—, uno de los espacios más singulares de la vida religiosa tarifeña y escenario habitual de cultos y actos sacros.

Una presencia nacida en la tragedia

Para comprender el profundo arraigo de las Misioneras de la Inmaculada Concepción en Tarifa es necesario remontarse a 1886, cuando la ciudad se vio golpeada por una devastadora epidemia de cólera. El miedo, la precariedad sanitaria y el abandono institucional marcaron aquellos meses en los que la población quedó prácticamente indefensa.

Fue entonces cuando el obispo Vicente Calvo y Valero impulsó la llegada de las religiosas para organizar la atención sanitaria y asistir a los enfermos. El 16 de julio de 1886, festividad de la Virgen del Carmen, las monjas desembarcaron en el Foso a bordo del vapor Joaquín Piélago, procedente de Cádiz, siendo recibidas por el párroco Ignacio González. Al frente del grupo se encontraban sor Lourdes Vigo y Pascual y sor Purificación Mestre y Tortosa, figura clave en la consolidación de la congregación en la ciudad.

Las religiosas asumieron la gestión de un antiguo hospital en ruinas —el actual Asilo de San José— y, en apenas un año, lograron rehabilitarlo y ponerlo en funcionamiento. El centro fue inaugurado el 7 de octubre de 1887, convirtiéndose desde entonces en un pilar fundamental de la asistencia sanitaria y social de Tarifa.

Hospital, colegio y hogar

Durante décadas, el edificio fue hospital de caridad, colegio y paritorio. Miles de tarifeñas y tarifeños nacieron entre sus muros, dieron allí sus primeros pasos educativos y aprendieron a leer, escribir y realizar las operaciones básicas antes de incorporarse a la antigua EGB. Con el paso del tiempo, aquellas salas se transformaron en camas asistenciales para los mayores y para quienes no tenían otro lugar donde vivir.

Todo ello se desarrolló sin que las religiosas abandonaran su labor pastoral y evangelizadora, compatibilizando la atención asistencial con la vida espiritual del municipio. Ese compromiso fue reconocido institucionalmente el 11 de julio de 1987, cuando, coincidiendo con el centenario de su llegada, la congregación recibió la Medalla de Oro de la Ciudad.

El presente y el futuro de la residencia de San José

En la actualidad, la residencia de mayores San José cuenta con capacidad para 69 plazas, muchas de ellas concertadas con la Junta de Andalucía, y ofrece servicios de psicología, fisioterapia, terapia ocupacional y trabajo social, además de cocina y lavandería propias. Desde 2018, la gestión corre a cargo de la Fundación Gerón, entidad con una dilatada trayectoria en el ámbito de la atención a personas mayores y un modelo basado en la cercanía, el trato humano y el respeto a la dignidad de los residentes.

La adquisición del inmueble supone un respaldo explícito a esta forma de gestión y abre una nueva etapa para el centro. Desde la Fundación Gerón se contempla, como una previsión aún en fase de estudio y análisis, la posibilidad de acometer en el futuro una remodelación y ampliación de las instalaciones que permitiría alcanzar en torno a 90 plazas. No se trata de una actuación cerrada, sino de una línea de trabajo orientada a seguir mejorando la calidad asistencial y la adecuación de los espacios a las necesidades de los usuarios y de los profesionales.

La voz de la despedida

Más allá de cifras, proyectos y futuros planes, la marcha de la congregación tiene un profundo componente humano y emocional. La madre superiora, sor Pilar, ha confirmado que “hace tiempo que se estaba en el proceso de venta del inmueble”, una decisión motivada, según explica, por la falta de vocaciones religiosas, que ha ido mermando la capacidad operativa y la presencia de la Congregación hasta hacer inasumible continuar con la encomienda en Tarifa.

Como consecuencia de ello, las religiosas que aún permanecen en el municipio serán destinadas a distintas sedes de la congregación repartidas por la geografía española. “Es una decisión dolorosa, pero inevitable”, reconoce la superiora, que no oculta su pesar por el abandono definitivo de una ciudad que ha sido hogar para varias generaciones de monjas.

La despedida se materializará en las próximas semanas. De hecho, el próximo 22 de febrero, la parroquia de San Mateo acogerá un acto oficial de despedida a las religiosas tarifeñas, al que está prevista la asistencia del administrador episcopal de Cádiz, Ramón Darío Valdivia.

El futuro de la capilla

Con la marcha de la congregación, se abren también interrogantes sobre el futuro de la capilla de la Inmaculada, actualmente con cultos esporádicos. Según fuentes oficiosas pero plenamente fiables, se está trabajando para que este espacio pueda ser gestionado en un futuro por la Hermandad de Jesús en la Oración del Huerto y Nuestra Madre de Dios y del Rosario. Pero lo único oficialmente concretado al respecto es que desde la parroquia se pretende mantenerla al culto, (como ha sido uno de los condicionantes de su venta) mediante la celebración de la eucaristía todas las mañanas, según ha precisado el arcipreste de San Mateo, el reverendo Juan Pedro Varo.

“Ha sido la casa de todos”

Sor Pilar ha querido subrayar especialmente el cariño recibido por el pueblo de Tarifa a lo largo de todos estos años y el papel asistencial que ha desempeñado la congregación. Visiblemente emocionada, resume el significado del Asilo de San José con palabras sencillas pero cargadas de verdad: “Ha sido la casa de todos. Aquí han nacido, se han bautizado, han hecho la comunión, se han casado, se han curado miles de tarifeños…”.

Con la voz entrecortada, la madre superiora reconoce sentirse profundamente apenada por la marcha y explica que, como el resto de sus compañeras, afrontará un nuevo destino, en su caso en Madrid, llevando consigo el recuerdo imborrable de Tarifa.

Una historia que queda en la memoria

La salida de las Misioneras de la Inmaculada Concepción no es solo el traslado de una comunidad religiosa: es el cierre de un capítulo esencial de la historia moderna de Tarifa. Quedan los muros, queda la residencia, permanece la atención a los mayores y se proyecta un futuro de estabilidad y mejora. Pero, sobre todo, queda la memoria colectiva de una congregación que llegó en tiempos de epidemia y miedo y que supo convertirse, durante casi 140 años, en sinónimo de cuidado, educación, fe y entrega a los más vulnerables.

Una historia que se despide, mientras otra comienza, en un edificio que ha sido hospital, escuela y hogar, y que seguirá formando parte del corazón social de Tarifa. Queda conocer si esta nueva condición del edificio de ‘Las Monjas’ perpetuará en el tiempo su legado asistencial o, más pronto que tarde, el edificio albergue un establecimiento hostelero como viene siendo el final de todo lo típico y característico de la propia esencia de Tarifa que desde hace algún tiempo ha sido engullida por el fenómeno de la turistificación.