Tarifa despide a Juana María Atalaya Blanco, ejemplo de vocación, fortaleza y humanidad

Juanamari asistiendo el pasado sábado en compañía de su marido  Jesús a la presentación del libro de su primo Juan Criado/TAD

La ciudad de Tarifa llora la pérdida de Juana María Atalaya Blanco, una mujer profundamente querida cuya vida ha dejado una huella imborrable tanto en el ámbito personal como en el profesional. Su fallecimiento ha suscitado un sentido homenaje en su entorno familiar y en toda la comunidad tarifeña, que reconoce en ella a una persona generosa, luchadora y entregada al servicio de los demás.

Juana María, conocida cariñosamente como “Juana Mari”, dedicó gran parte de su vida profesional a la ciudadanía desde la Policía Local de Tarifa, donde ingresó en 1989, siendo una de las primeras mujeres tarifeñas en vestir el uniforme. Desde entonces y hasta hace muy poco, desempeñó su labor con lealtad y compromiso en distintos departamentos municipales, ganándose el respeto y el afecto de compañeros y vecinos.

Conocida por todos los tarifeños y tarifeñas, Juana María ha sido sobre todo una gran señora y una mejor madre y esposa. El Ayuntamiento de Tarifa, en nombre de toda la ciudadanía, ha querido dejar constancia pública del reconocimiento y el afecto que le profesa el pueblo, asegurando que su recuerdo permanecerá vivo en la memoria colectiva.

A continuación, reproducimos íntegramente las palabras que su primo, Juan Criado Atalaya, colaborador de este diario ha querido dedicarle:

Hoy se nos ha ido la presencia física de mi prima, Juana María Atalaya Blanco. Nos deja un gran legado: he conocido a muy pocas personas capaces de superar adversidades tan grandes de una manera tan positiva. Su actitud ante la vida, hasta el último momento, colma su imagen de mujer luchadora, vitalista y generosa, derrochando amor.

Tras quince meses en los que su vida cambió de forma radical, ella fue la verdadera locomotora que tiró hacia adelante de toda su familia. La vida, a veces, nos conduce por caminos que nunca pudimos imaginar; caminos a los que no siempre se les encuentra sentido alguno. Ella, hace quince meses, sufrió un duro zarpazo vital, pero se superó e irradió esperanza y felicidad en su entorno.

Y también estos quince meses nos han dado la oportunidad de devolverle todo el amor y cariño que ella siempre derrochó. Siempre en nuestros corazones, siempre en nuestro recuerdo: una buena persona, una mujer valiente, mi prima del alma.

Que la tierra te sea leve. Descansa en paz.

Juana María Atalaya Blanco deja un legado de servicio, amor y valentía que permanecerá para siempre en el corazón de su familia, sus amigos y su pueblo.