Mane Cisneros, el alma del Festival de Cine Africano, cierra una etapa tras más de dos décadas tejiendo puentes entre continentes

El festival inicia un nuevo rumbo y a partir de la edición de 2026, la Dirección del FCAT pasará a manos de un comité de dirección formado por cinco miembros del actual equipo: Gaetano Gualdo, Marion Berger, Othman Saadi, Federico Olivieri y Marta Jiménez. Este modelo de gestión horizontal pretende mantener vivo el espíritu del festival y continuar el camino trazado por Cisneros.


El Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT) afrontará una nueva etapa en 2026 sin la figura de su fundadora y directora, Mane Cisneros, quien tras más de dos décadas al frente de esta cita internacional, se despide dejando tras de sí un legado cultural que ha situado a Tarifa en el mapa cinematográfico del mundo.

Pocas personas pueden presumir de haber convertido un sueño en un referente internacional, y Mane Cisneros lo ha hecho con una tenacidad poco común. Desde que en 2004 pusiera en marcha la primera edición de la entonces Muestra de Cine Africano de Tarifa, impulsada junto a la asociación sin ánimo de lucro Al-Tarab, Cisneros ha sido el alma y la brújula de un proyecto que ha crecido año tras año hasta consolidarse como uno de los festivales más singulares y necesarios del panorama internacional.

A lo largo de estos 23 años de historia, el FCAT ha logrado mucho más que exhibir cine africano: ha tendido puentes entre culturas y ha acercado realidades, lenguas y miradas que parecían distantes. Lo ha hecho con el empeño de una mujer visionaria que supo ver en el Estrecho de Gibraltar no una frontera, sino un punto de encuentro.

Su liderazgo ha llevado al festival por África y América Latina, con proyectos de formación, exhibición y cooperación cultural que han contribuido a derribar estereotipos y a mostrar la riqueza del cine africano contemporáneo. Bajo su dirección, el FCAT ha recibido numerosos reconocimientos —como el Premio González Sinde de la Academia de Cine (2019) o el Life Achievement Award de la industria nigeriana—, y ella misma ha sido nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa.

“Han sido más de dos décadas dedicadas a acercar los cines de África a España y Latinoamérica”, confiesa Cisneros. “Haber contribuido a ese cambio y ver hoy cómo las películas africanas ocupan un lugar natural en los grandes festivales es una recompensa inmensa. He dejado el alma en el FCAT, pero este pequeño gran festival también me ha devuelto algunos de los momentos más hermosos de mi vida”.

El reconocimiento a su trabajo es unánime. Desde el equipo del FCAT hasta el público que cada año cruza el Estrecho para disfrutar del festival, todos coinciden en que sin el impulso de Mane Cisneros este sueño no habría sido posible. Su labor, además, contó desde el principio con el respaldo del gobierno progresista local de entonces, encabezado por Miguel Manella y Javier Mohedano, que supo apostar por una idea audaz frente a la incomprensión de algunos sectores, entre ellos del propio Partido Popular que lo vio como posibilidad para la contienda política y lo tachó de un evento menor para contentar a “los amigos de Mohedano”. Décadas más tarde el propio Partido Popular no solo ha reconocido la valía del FCAT como motor cultural y socioeconómico del municipio dándole su apoyo logístico.

Ahora, el festival inicia un nuevo rumbo. A partir de la edición de 2026, la dirección del FCAT pasará a manos de un comité de dirección formado por cinco miembros del actual equipo: Gaetano Gualdo, Marion Berger, Othman Saadi, Federico Olivieri y Marta Jiménez. Este modelo de gestión horizontal pretende mantener vivo el espíritu del festival y continuar el camino trazado por Cisneros.

El nuevo comité director compuesto por: Gaetano Gualdo, Federico Olivieri, Marion Berger, Marta Jiménez y Othman Saadi

El FCAT 2026 será también el escenario de una gran despedida a Mane Cisneros, donde público, equipo y amigos de ambos continentes rendirán homenaje a quien ha sabido convertir el cine en una herramienta de diálogo y entendimiento entre pueblos.

Más allá de los reconocimientos y los premios, la huella de Cisneros quedará en cada proyección, en cada encuentro entre cineastas, en cada conversación a orillas del Estrecho. Su legado no es solo un festival: es una forma de mirar el mundo con los ojos de África.