Los Lances, un paraje natural cada vez más expuesto a la presión y el irrespeto humano

Usuarios y ecologistas alertan de la invasión de dunas y zonas de nidificación, el tránsito de bicicletas y perros sueltos y la práctica de kite, windfoil y windsurf en el lagoon, mientras reclaman mayor vigilancia y medidas efectivas de protección.

Entrada al sendero del paraje natural de Los Lances con carteles indicativo de los que se puede y no se puede hacer, que muchas y muchos desatienden/S.Terán

El paraje natural de Los Lances, integrado en el Parque Natural del Estrecho, soporta una creciente presión derivada de determinados usos inadecuados del espacio natural, pese a las prohibiciones expresamente recogidas en la señalización existente. El tránsito de bicicletas por la pasarela, los perros sueltos, el abandono del itinerario para adentrarse en las dunas y zonas de nidificación e incluso la práctica de deportes de viento como el kite, el windfoil o el windsurf en el lagoon, prohibida en este espacio, evidencian, según usuarios y colectivos ecologistas, la falta de un control efectivo sobre un enclave de extraordinario valor ambiental.

El sendero de Los Lances constituye, al mismo tiempo, una infraestructura de enorme utilidad para vecinos y visitantes. Son muchos quienes lo utilizan diariamente para pasear, correr o desplazarse andando hasta las viviendas y establecimientos de la zona de El Pozuelo, evitando así el uso del vehículo y el tránsito por la carretera. Precisamente esta elevada utilización hace necesario compatibilizar el uso público con la protección de un espacio especialmente frágil.

Las señales instaladas a lo largo del recorrido establecen claramente las prohibiciones de circular en bicicleta, llevar perros sueltos o abandonar el itinerario habilitado. Sin embargo, basta recorrer el sendero para comprobar que buena parte de estas normas se incumplen de forma habitual. Bicicletas circulando por la pasarela, perros sin sujeción y personas que abandonan el trazado constituyen una imagen frecuente que, además de generar molestias y riesgos para quienes hacen un uso correcto del sendero, incrementa la presión sobre la flora y fauna del enclave.

Especial preocupación genera el acceso a las zonas dunares situadas junto a la pasarela. Algunos usuarios no solo se bajan del trazado, sino que se internan directamente en las dunas, llegando incluso perros sueltos a correr y saltar por espacios que constituyen áreas de presencia y nidificación de especies de aves limícolas protegidas.

A esta situación se suma otra práctica especialmente sensible: la utilización del lagoon de Los Lances para deportes de viento, como el kite, el windfoil o el windsurf, pese a tratarse de una actividad expresamente prohibida en este espacio. Una práctica que introduce una presión añadida sobre una zona húmeda litoral de gran importancia para la avifauna.

Un vallado que no cumple su función

El problema se agrava por el estado de las propias medidas físicas destinadas a impedir el acceso a las zonas más sensibles. Buena parte del vallado protector aparece eliminado, abierto o parcialmente destruido en diferentes puntos del recorrido.

La ausencia de estas barreras facilita que quienes deciden abandonar la pasarela puedan acceder directamente al espacio natural sin encontrar obstáculos que lo impidan. De esta manera, un elemento concebido precisamente para proteger las dunas y las zonas de nidificación deja de cumplir su función.

La circunstancia resulta especialmente paradójica en un espacio en el que la Junta de Andalucía viene defendiendo públicamente su compromiso con la conservación medioambiental y con la protección de los parques naturales.

AGADEN reclama ordenar el uso público

Desde AGADEN-Ecologistas en Acción se viene reclamando una actuación urgente para frenar el deterioro de las dunas y el lagoon de Los Lances y, sobre todo, para ordenar de una manera efectiva el uso público del espacio natural.

La organización plantea, entre otras medidas, la creación de zonas caninas reguladas y situadas fuera del paraje natural, la instalación de barreras físicas que protejan las dunas y las zonas de nidificación, y un refuerzo de la información, vigilancia y educación ambiental, acompañado de la aplicación de la legislación a quienes incumplan las normas.

La posición de AGADEN pretende además evitar que el debate quede reducido exclusivamente a la cuestión de “perros sí o perros no”. Para el colectivo ecologista, el problema de fondo es mucho más amplio: la falta de ordenación y control del uso público de un espacio natural protegido, una situación que, según recuerda, viene produciéndose prácticamente desde la propia creación del paraje.

Benítez reclama más vigilancia

El problema fue trasladado ayer por este diario al primer teniente de alcalde de Tarifa y usuario habitual del sendero, Jorge Benítez, quien reconoció la dificultad de impedir estas prácticas mientras no exista una mayor vigilancia y control del espacio.

Benítez señaló que “hasta que la Junta no ponga vigilancia y un mayor control del espacio, además de los medios encaminados a impedir el paso por zonas sensibles, no podrá evitarse que la gente, muchos por desconocimiento, y otros porque no acatan las señales y prohibiciones, invadan las zonas protegidas”.

El primer teniente de alcalde apuntó igualmente que “no estaría mal que el Seprona estuviera más pendiente de esta zona”, reclamando de esta manera una mayor presencia de los agentes encargados de velar por el cumplimiento de la normativa medioambiental.

La petición coincide con la de los colectivos ecologistas, que consideran imprescindible aumentar la vigilancia, especialmente en las zonas de mayor sensibilidad y durante los periodos de reproducción y nidificación.

Un proyecto pendiente para cerrar y proteger el humedal

Existe además un proyecto específico que contempla actuaciones dirigidas precisamente a solventar parte de los problemas de protección física que presenta actualmente el paraje. Se trata del proyecto denominado “Recuperación del hábitat de la fauna y la flora en el humedal del paraje natural de Los Lances”, incluido en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD) 2023-2026, a través del convenio interadministrativo suscrito entre la Diputación Provincial de Cádiz y la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar.

Entre las actuaciones previstas figura el cerramiento de la laguna costera, con una longitud de 1.729 metros, así como la reparación de al menos el 10% de los 2.076 metros de cerramientos que discurren paralelos al sendero de madera.

El proyecto fue firmado en julio del pasado año y establece un periodo de ejecución de cuatro meses a contar desde el día siguiente a la firma del acta de comprobación del replanteo. La ejecución se pospuso para evitar interferir en el periodo de nidificación del chorlitejo patinegro, comprendido entre marzo y julio.

Concluido ya ese periodo, y según los plazos contemplados en el proyecto, la Mancomunidad, como promotora de la actuación, podría acometer ya las obras necesarias para reforzar el cerramiento y protección del humedal.

La existencia de este proyecto pone de manifiesto que ya existe una herramienta prevista para actuar sobre uno de los principales problemas denunciados por usuarios y ecologistas: la falta de barreras eficaces que impidan el acceso a las zonas más sensibles.

Una pasarela reparada, pero un problema que va más allá

La Junta ha venido ejecutando durante los últimos meses diferentes actuaciones de reparación de la pasarela. Recientemente se han repuesto y acondicionado aproximadamente 200 metros de estructura de madera, dentro de los alrededor de 1.300 metros de pasarela existentes, después de los daños provocados por los sucesivos temporales.

La administración autonómica ha defendido estas actuaciones como parte de su compromiso con la conservación del espacio y con el uso público del sendero. Sin embargo, la reparación de la infraestructura no resuelve por sí sola el problema de fondo.

El debate se sitúa ahora en cómo garantizar que quienes utilizan el sendero lo hagan respetando las normas y que las zonas naturales más frágiles queden efectivamente protegidas.

Mientras continúa pendiente la anunciada remodelación integral del sendero, Los Lances sigue soportando una presión humana que, en determinados puntos, desborda los límites del uso público compatible con la conservación.

Para los colectivos ecologistas, no basta con colocar carteles. Es necesario que las prohibiciones sean conocidas, vigiladas y, cuando corresponda, sancionadas, pero también que la administración complete las medidas físicas de protección que permitan preservar un ecosistema especialmente vulnerable.

Porque en Los Lances, más allá del estado de una pasarela, está en juego la conservación de dunas, humedales y áreas de nidificación de especies protegidas frente a una presión humana que, sin una ordenación y vigilancia adecuadas, amenaza con convertir el uso público en una progresiva ocupación de un espacio que debería permanecer protegido.

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2 Comentarios
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MANOLO CASTRO
MANOLO CASTRO
Visitante
14 horas

Se lo están cargando to. Los ciclistas los primeros se cargan las pasarelas. Menudos sinvergüenzas

Eduardo
Eduardo
Visitante
18 horas

Proteger un espacion natural no es aislarlo del ser humano; igual con los parques naturalers y la gente que vive en ellos. Aislarlos es desconectarlos, que nadie los conozca y por tanto no los valore ni le importen. Creo recordar que ya hay estudios que inciden en la importancia de “habitar ” los espacios naturales y prohibir toda actividad en ellos. Cercados de alambrada en medio de la play tampoco es lo mas ecológico ni razonable (hubiera sido suficiente con una señalización suave como se hace en muchos parques naturales), cuando ya se ha vallado la zona exterior de los carriles y era suficiente.Dejar el terreno junto al vallado como un campo de minas sin naturalizar el terreno que se ha movido para colocar los postes tampoco. Ni dejar las cuerdas y restos de vallados anteriores sin quitar y las señales viejas tiradas en el propio suelo que se quiere proteger…