Durante la homilía, Ramón Darío Valdivia subrayó la huella imborrable que las religiosas dejan en Tarifa, recordando que su llegada en 1886, en plena epidemia de cólera, marcó el inicio de una presencia constante al servicio de los más vulnerables. El administrador episcopal destacó la dimensión evangélica de su trabajo, pero también su impacto social y humano en generaciones de tarifeños.

La Eucaristía, oficiada por el administrador episcopal Ramón Darío Valdivia y con la presencia del alcalde, José Antonio Santos Perea, puso el broche a casi siglo y medio de entrega social, educativa y asistencial en la ciudad
Tarifa vivió ayer domingo una jornada cargada de emoción y memoria colectiva. La misa de doce se convirtió en la despedida oficial de las Misioneras de la Inmaculada Concepción tras 139 años de presencia activa y asistencial en el municipio. La celebración, oficiada por el administrador episcopal de Cádiz, Ramón Darío Valdivia, reunió a fieles, antiguos alumnos, familiares de residentes, trabajadores y representantes institucionales en un acto donde participó la Coral de Tarifa y que trascendió lo litúrgico para convertirse en homenaje público a la labor de la congregación.
Entre las autoridades asistentes se encontraba el alcalde de Tarifa, José Antonio Santos Perea, quien quiso acompañar a la comunidad religiosa en este momento histórico para la ciudad.
Durante la homilía, Ramón Darío Valdivia subrayó la huella imborrable que las religiosas dejan en Tarifa, recordando que su llegada en 1886, en plena epidemia de cólera, marcó el inicio de una presencia constante al servicio de los más vulnerables. El administrador episcopal destacó la dimensión evangélica de su trabajo, pero también su impacto social y humano en generaciones de tarifeños.
No faltaron las referencias a su papel como educadoras, sanitarias y cuidadoras. El histórico inmueble del Asilo de San José fue hospital, colegio y residencia de mayores; un espacio donde miles de vecinos nacieron, aprendieron a leer y escribir o encontraron atención en la enfermedad y la vejez. Una trayectoria que fue reconocida oficialmente en 1987 con la Medalla de Oro de la Ciudad y que ayer volvió a recibir el aplauso sincero de la comunidad parroquial.
La despedida no estuvo exenta de emoción. La congregación mariana se ve obligada a abandonar Tarifa ante la falta de nuevas vocaciones, una circunstancia que ha reducido progresivamente el número de religiosas hasta hacer inviable su continuidad en el municipio. Tras casi siglo y medio de historia compartida, las hermanas serán destinadas a otras casas de la congregación en distintos puntos de España.
La celebración sirvió también para mirar al futuro del emblemático edificio situado en pleno casco histórico. La labor asistencial que durante décadas desarrollaron las religiosas fue asumida en los últimos años por la Fundación Gerón, entidad especializada en la atención a personas mayores, que recientemente ha formalizado la adquisición del inmueble. Con ello, la empresa consolida la continuidad del servicio geriátrico en la residencia de San José, garantizando su estabilidad y proyectando nuevas mejoras para el centro.
La misa concluyó con un prolongado aplauso y numerosas muestras de afecto hacia las religiosas, muchas de ellas visiblemente emocionadas. Tarifa no solo despide a una comunidad religiosa, sino a parte de su propia historia viva. Tras 139 años de presencia activa, las Misioneras de la Inmaculada Concepción dejan un legado que trasciende los muros del antiguo asilo y queda inscrito en la memoria colectiva de la ciudad.