
Los discursos de odio invaden las redes sociales. Hoy resulta fácil que cualquier persona, o cualquiera que se le asemeje, utilice las nuevas tecnologías y su teléfono móvil para lanzar mensajes, ya sea mediante textos, audios o vídeos.
Y esos mensajes suelen basarse fundamentalmente en tres premisas: primero, el uso de la mentira; segundo, el ataque personal y la deshumanización de las personas; y tercero, la idealización de situaciones y periodos de nuestra historia que, en realidad, estaban más bien anclados en el subdesarrollo.
Esto es precisamente lo que ha ocurrido con un vídeo en el que se acusa a un representante político y a las siglas que representa de no considerar a la gente de la mar. Se trata de un ataque que difícilmente cala en una ciudadanía con memoria, porque todo el mundo sabe que, tras la grave crisis que sufrió el sector pesquero tarifeño —agravada por el uso inadecuado de determinadas artes de pesca, como los cartuchos—, fue el PSOE, tanto desde el Ayuntamiento de Tarifa como desde la Junta de Andalucía, quien impulsó políticas que permitieron a muchos pescadores disponer de pequeñas embarcaciones y organizarse en cooperativas.
No fueron una o dos familias las que se beneficiaron de estas políticas. Por mucho que algunos quieran borrarlo de la memoria colectiva, aquellas medidas supusieron un verdadero revulsivo para el sector marinero tarifeño.
En el vídeo del susodicho, se acusa concretamente a Paco Ruiz de querer eliminar como festivo municipal el Día de la Virgen del Carmen cuando, precisamente, fue durante su mandato cuando esta celebración quedó instaurada como se aprecia en el video que publicamos en esta noticia. Estamos ante una mentira deliberada que busca abrirse camino a fuerza de repetición y de apelaciones al odio. Esa es la segunda pata de estos discursos: el ataque personal y la deshumanización de quien piensa diferente.
Pero lo más lamentable es que este tipo de “lindezas” intenten apoyarse en la falsa idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esta es la tercera pata del discurso del odio: una nostalgia de lo que nunca fue. Llegan incluso a presumir de una época en la que los niños faltaban al colegio porque iban a trabajar a las fábricas para “hacerse hombres”. Al mismo tiempo, critican celebraciones como el Día del Orgullo o el Festival de Cine Africano, mostrando así su rechazo a la diversidad.
¿Es este el modelo de sociedad que algunos intentan imponer desde sus discursos? Es difícil razonar cuando lo que se transmite son emociones tan poderosas como el odio. Sin embargo, resulta mucho más sencillo mostrar la realidad mediante datos que desmontan esos relatos que, por mucho que se empeñen, no dejan de ser una deformación de la historia reciente de Tarifa.
Lo peor es que estos discursos sean alentados por personas que, en política, intentan aparentar comportamientos muy distintos. Con ello contribuyen a la idea de que todo vale contra el adversario y, lo que es aún peor, a que esas actitudes queden sin respuesta.
Nosotros tenemos memoria y, sobre todo, sentido común para señalar que así no. No todo vale.