Desde la atalaya: los imprescindibles

José Mujica durante una visita al Papa Francisco/Religión Digital

Que la izquierda no tiene futuro es algo que se ha intentado vender por parte de las personas que sólo ven su interés personal por encima de cualquier cosa. Sin embargo, parafraseando al poeta, me atrevería a decir que la izquierda sigue siendo un arma cargada de futuro. Prueba de ello son los miles de comentarios que corren por las redes sociales lamentando el fallecimiento del ex presidente de Uruguay José Mujica. La biografía y el mérito de este hombre no los voy a destacar porque me imagino que hasta los menos lectores conocerán, ya sea por programa de televisión o por otros medios, la figura de un ser humano muy pero que muy humano.

Y es que en poco tiempo dos personajes de este principio del siglo XXI que han marcado huellas por conceptos como humildad y humanidad han dejado de existir físicamente, pero ambos seguirán estando muy presentes en la historia del ser humano.

Y resulta esperanzador que en una sociedad donde lo que se intenta poner de moda es que cuanto más tengo, más feliz soy, se destaquen a personas que hacen de la sencillez un estilo de vida. Porque quienes han estado en la cúspide del poder de sus naciones y no han optado por la opulencia personal demuestran que hay otra forma de vivir distinta a aquellos que hacen de su grandeza el recibir un regalo de un avión valorado en 400 millones de dólares.

Estoy seguro que a Mujica, como a cualquier personaje público, le saldrán detractores; le recordarán su pasado guerrillero, le dirán que si tal o cual… Y quién quita, incluso le puedan salir algunos WhatsApp (ahora que se ha puesto de moda) como forma de tacharle de alguna conducta inadecuada. Y es que no creo que la derecha en sus distintas vertientes (económica, política, social, mediática, etc.) vaya a dar mucho más juego a imágenes e iconos de la izquierda que les superan en humanidad. Sin duda, esos referentes no son para nada acordes al modelo de sociedad individualista, consumista, depredador, insolidario… que día a día vende a la ciudadanía. Recordemos los discursos criticando la agenda 2030 o el respeto al medioambiente y el problema del cambio climático, a las ayudas sociales que las equiparan como dinero dado a “vagos”, a las prestaciones sanitarias públicas que están desmantelando…

La batalla ideológica empezó hace tiempo. El pueblo, la gente de a pie, a veces consume mensajes que van contra sus propios intereses y que benefician solamente a los de arriba. Parecen no darse cuenta o, lo que sería peor, no querer darse cuenta, quizás esperando ser algún día de los de arriba. Así, por ejemplo, critican el cobro del “subsidio de desempleo”, pero en su vida él o alguna persona cercana ha hecho uso de esa ayuda. Rajan de los impuestos, pero no valoran cuánto vale una atención sanitaria hospitalaria que, cuando se requiere, muchos de ellos se tendrían que empeñar para poderla tener. Usan las mejoras en las condiciones de trabajo, como los permisos de paternidad, pero critican a los sindicatos y partidos que lo consiguen. Y así podríamos poner muchos otros ejemplos.

Muchas veces me he planteado que la tragedia de la izquierda es que su discurso se comprende por quienes no les interesa y, lamentablemente, muchas de las personas a las que defiende no lo comprenden. Por ello, figuras como la de Pepe Mujica, con una larga trayectoria vital cargada de coherencia en su lucha por la mejora de las condiciones de vida de la gente, y que además son capaces de llegar a los corazones y la razón de millones de personas, son, como diría Bertolt Brecht, imprescindibles.