Desde la Atalaya: a propósito de una reunión

Tras la situación creada en el Ayuntamiento de Tarifa hace unos días, cuando un vecino intentó prender fuego a unas oficinas municipales, la prensa comarcal y local se hizo eco de una reunión solicitada a la Alcaldía por empresarios vinculados al sector de la construcción.

Tarifa al Día publicó previamente la posición de los grupos de la oposición, que reclamaban transparencia y planificación en materia urbanística. En aquella información se señalaba que el encuentro se producía en un contexto marcado por el debate sobre el modelo de desarrollo urbanístico del municipio, la necesidad de facilitar el acceso a la vivienda y las crecientes demandas de transparencia por parte de la ciudadanía.

Posteriormente, el mismo medio ofreció detalles de la reunión, en la que participaron representantes del gobierno local, encabezados por el alcalde, personal técnico del Ayuntamiento y miembros de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Cádiz (ASPRICA).

Más allá del contenido concreto del encuentro, hay tres cuestiones de fondo que merecen reflexión. La primera tiene que ver con el papel del urbanismo municipal. Probablemente se trate de la herramienta político-administrativa más importante de la que disponen los ayuntamientos, ya que no sólo regula el presente, sino que define el futuro de una ciudad o de un pueblo.

Existen ejemplos positivos de municipios que han diseñado su desarrollo mediante procesos participativos, combinando crecimiento económico, actividad turística y protección del territorio. Sin embargo, también conocemos casos donde el urbanismo quedó sometido a intereses especulativos y se utilizó para favorecer a unos pocos en detrimento del interés general. En esos contextos no faltaron presiones sobre funcionarios y técnicos municipales, algunos de los cuales terminaron abandonando sus puestos.

Por ello, una reunión que sólo incorpora a una de las partes interesadas en el desarrollo urbanístico, precisamente la relacionada con la actividad empresarial, corre el riesgo de ofrecer una visión parcial de las necesidades reales del municipio. Resulta difícil concebir un urbanismo verdaderamente democrático sin una participación efectiva del conjunto de la ciudadanía.

La segunda cuestión se refiere al reconocimiento implícito de un problema estructural en los servicios municipales de urbanismo. Las cifras aportadas por el alcalde sobre la existencia de unos tres mil expedientes pendientes de resolución apuntan a una situación que merece ser explicada con detalle.

No basta con conocer el número de expedientes acumulados. También sería necesario saber desde cuándo están pendientes, si todos han seguido el mismo orden de tramitación y si algunos procedimientos más recientes han recibido prioridad sobre otros más antiguos. En caso de que así haya ocurrido, la ciudadanía tiene derecho a conocer los criterios aplicados.

La administración pública debe servir al conjunto de los vecinos y vecinas. No existen ciudadanos de primera y de segunda categoría en función de su capacidad económica. Por ello, resulta legítimo preguntarse si una parte importante de los recursos municipales se ha concentrado en la gestión de expedientes vinculados a determinadas zonas de expansión urbanística, mientras otras necesidades del municipio han quedado relegadas.

Esta reflexión conduce a una idea esencial: el urbanismo debe estar siempre al servicio del interés general. Dicho interés no puede medirse por el peso económico de quien promueve una actuación ni por la capacidad de influencia de determinados sectores. Precisamente por eso, la transparencia debe ser un principio irrenunciable en cualquier decisión relacionada con la planificación urbanística.

La tercera cuestión tiene que ver con las soluciones planteadas por el alcalde. Llama la atención que, después de haberse realizado diversas contrataciones para reforzar el área de urbanismo, la respuesta vuelva a centrarse en un nuevo plan de choque basado en incorporar más personal.

También sorprende que hace aproximadamente un año el equipo de gobierno impulsara una ordenanza destinada a agilizar las licencias mediante fórmulas de colaboración público-privada y que ahora anuncie nuevas medidas con el mismo objetivo. La pregunta es inevitable: ¿qué resultados han tenido las iniciativas ya aprobadas y por qué no han logrado resolver el problema?

Todo ello pone de manifiesto la necesidad de abandonar la improvisación. El urbanismo requiere planificación, visión de futuro y amplios consensos sociales y políticos. Solamente de esa manera podrán evitarse agravios comparativos, privilegios y decisiones condicionadas por intereses particulares.

Rogaríamos, por tanto, que en este asunto del urbanismo local los gobernantes y representantes públicos en general recordaran la necesidad de la participación de la ciudadanía, la transparencia en la gestión y la planificación rigurosa no constituyen obstáculos para el desarrollo. Al contrario, son las herramientas fundamentales para construir un modelo de municipio equilibrado, sostenible y capaz de responder a las necesidades reales de quienes viven en él. Esa debería ser la base sobre la que diseñar el futuro de Tarifa.

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Roberto
Roberto
Visitante
3 meses

Hay que tener claro que esté equipo de gobierno no va a mirar por el interés general. El alcalde tiene una mosca cojonera pegada en la oreja y, parece que le gusta que esté ahí. Esa mosca cojonera tiene a uno de los dos arquitectos comprado, ya antes de ser funcionario trabajaba para el grupo Q, y la mosca tiene a la mujer trabajando para el mismo grupo además de financiar la campaña electoral. Que se puede esperar de eso sino intereses propios y no generales.
El arquitecto está luchando para lograr de forma permanente la plaza de coordinador, no le gusta trabajar más que en lo que le interesa a él y a sus amigos. Por eso quiere otro arquitecto más en plantilla, para subir de categoría y descargarse, no para mejorar nada porque ha estado ya de coordinador y lo único que ha logrado es desarmar el poco ambiente laboral que había y de paso el área de disciplina urbanística, para que no multen a sus protegidos.
No hay más que interés privado en esa reunión, nada nuevo bajo el Sol.