Cae el “ladrón de melones” de Tahivilla: más de 250 kilos robados con nocturnidad y alevosía

Los vecinos instalaron cámaras térmicas tras notar que sus sandías y tomates desaparecían misteriosamente por las noches.

La Guardia Civil ha puesto fin al que ya algunos vecinos de Tahivilla llamaban con sorna “el caso del melón fantasma”. El Equipo ROCA (Robos en el Campo) de la Comandancia de Algeciras ha detenido a un hombre acusado de sustraer más de 250 kilos de melones y 20 de tomates en varias fincas del término municipal de Tarifa. Todo un golpe a la despensa estival del campo tarifeño.

Según informó la Guardia Civil, el detenido aprovechaba la tranquilidad de las noches veraniegas para cargar el coche con melones recién cortados, que después —dicen los investigadores— acababan a la venta en distintos establecimientos públicos. No consta que fuera por consumo propio, aunque el volumen de fruta sustraída haría sospechar de un apetito melonar fuera de lo común.

El alcalde pedáneo de Tahivilla, Diego España, ha explicado que los robos se produjeron durante el pasado verano “en varias fincas cercanas a los huertos sociales”. Los agricultores notaron que sus productos “desaparecían sin dejar rastro”, y pronto corrió la voz en el pueblo de que alguien se estaba “merendando” las cosechas ajenas.

La situación provocó tal revuelo que los vecinos decidieron instalar cámaras térmicas para atrapar al ladrón. Y vaya si lo consiguieron: las imágenes mostraban cómo varios individuos se movían entre las matas de melón con sigilo casi profesional, aunque sin posibilidad de identificarles al ser grabados por infrarrojos.

El giro definitivo llegó cuando otra cámara, esta vez convencional, captó la matrícula del vehículo en el que los ladrones de fruta se desplazaban desde Algeciras hasta Tahivilla. La pista fue determinante para que los agentes del Equipo ROCA dieran con el presunto autor y pusieran fin al misterioso saqueo agrícola.

El detenido ha sido puesto a disposición judicial junto con los efectos intervenidos. Los vecinos, por su parte, respiran aliviados, aunque alguno confiesa que echará de menos el suspense de aquellas noches de verano.