Por Juan Antonio Criado Atalaya, ex-Orientador Escolar

Hoy, cuando por culpa del temporal se han suspendido las clases y la importancia de la educación pública se pone aún más de manifiesto, escribo estas palabras. Lo hago tras escuchar en el último pleno a la primera autoridad municipal aseverar que el asunto del Equipo de Orientación Educativa (EOE) había quedado resuelto en una reunión celebrada hace poco y a la que asistieron responsables educativos provinciales.
Me avala el bagaje de 17 años de trabajo como orientador en el municipio. En el curso 2006-07 empecé a trabajar en el CEIP Guzmán el Bueno. En aquellas fechas era el coordinador del Equipo de Orientación Educativa (EOE) de Vejer y los responsables de la administración educativa en la provincia nos asignaron atender al municipio de Tarifa. Hasta esa fecha, nuestra zona de trabajo incluía los municipios de Vejer, Barbate y Conil, pero este último dejaba de ser atendido por crearse en él un EOE propio. Es decir, nos cambiaban Conil, a 17 minutos de nuestras oficinas, por Tarifa, a unos 40 minutos. Ello se advirtió desde un principio y, por ello, desde la propia administración provincial se estableció que sólo los orientadores/as de cada centro tendrían que ir semanalmente a Tarifa, no así el resto del personal del EOE.
A buen seguro, la administración provincial sabía que el EOE de Vejer asumiría con responsabilidad y profesionalidad la tarea encomendada. Lo que nos encontramos en 2006, cuando llegamos a Tarifa fue un inmenso listado de alumnos y alumnas que esperaban a ser evaluados para recibir una atención correcta. Eso es lo que se hizo lo antes posible gracias a la colaboración de las especialistas de audición y lenguaje de los centros, que se implicaron en la valoración del lenguaje hasta el punto que desde el EOE la especialista de AL sólo se refrendaba ese trabajo poniendo firma y sello.
Este trabajo se mantuvo desde el curso 2006-07 hasta el pasado 2024-25 (yo ya estaba jubilado). Durante todos estos años, en los documentos de planificación y memoria de trabajo del equipo de Vejer se hacía constar la anomalía que era trabajar en una zona tan dispersa. Al tiempo que se empleaba en desplazamiento y que iba en detrimento de la atención directa en los centros, se unían los problemas de coordinación y otras cuestiones. Como profesionales lo tuvimos claro desde el inicio: Tarifa requería un EOE propio como Conil, o quizás antes que este municipio.
Pero, además, esta reclamación también se empezó a hacer desde el ámbito municipal. Durante los años que trabajé como orientador, colaboré con las autoridades locales de diferente signo político. En esos años, además de otras muchas colaboraciones en materia educativa con la administración local, coordiné la comisión creada en el seno del Consejo Escolar Municipal de Necesidades Educativas. Una comisión que, junto a otras como la de infraestructura, pretendía promover el papel de este órgano como lugar de debate y reflexión para elevar propuestas de mejora del sistema educativo local. El impulso dado por Ezequiel Andréu, como concejal, y Paco Ruiz, como alcalde, a este modelo participativo en materia educativa, pretendía que el CEM se llenara de contenido y no sólo fuese un órgano testimonial. Era importantísimo poner en valor la representación de los sectores de la comunidad educativa. Diversos informes emanaron en torno a dos asuntos: el primero, la necesidad del EOE para Tarifa; el segundo, las necesidades de recursos específicos para atender al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo.
Las demandas llegaron a la administración autonómica y se estuvo a punto de conseguir el EOE. En el curso 2009-2010, la delegada provincial, de manera transitoria mientras se creaba el EOE para Tarifa, autorizó la creación de una subsede del equipo en el colegio Guzmán el Bueno. Con ello se pretendía asignar a un solo orientador todos los centros de una misma zona educativa y disminuir el kilometraje desde Vejer hasta Tarifa, que hasta el momento repercutía en tres orientadores/as. Es decir, ya desde 2011 se veían los inconvenientes por parte de la administración educativa provincial y se intentaba remediarlos en parte, mientras se daba una solución definitiva.
También se mejoraron los recursos personales con una nueva plaza de especialista de audición y lenguaje para el municipio, como respuesta al aumento del censo por las evaluaciones que se iban realizando.
En todos estos años se ha seguido reclamando desde el propio ayuntamiento la petición de un EOE para Tarifa. Si bien hay que destacar que la que fue portavoz del PP en el ayuntamiento siempre lo rechazó. No ha faltado la recogida de firmas, los informes y otras medidas. Afortunadamente, el curso pasado la implicación de las asociaciones de padres y madres en estas y otras demandas educativas se hizo presente. Esa implicación de las familias se vino a producir debido al anuncio de la división de los centros de Tarifa para ser atendidos por dos EOEs, algo insólito y que no había ocurrido nunca, pues si bien había grandes ciudades con dos EOEs, nunca un pueblo se dividió en dos.
El asunto llegó al parlamento andaluz de la mano del PSOE. Todos los grupos lo apoyaron, menos el PP. Los dirigentes locales del PP se empeñaron en defender lo indefendible; se les advertía de los perjuicios que dividir al pueblo en dos traería para el alumnado tarifeño, de la barbaridad que era… Pero a ello solamente se respondía con el discurso oficial de sus superiores. Asumieron a pies juntillas lo que dijo la anterior delegada territorial. Esta política, en una reunión en el IES Almadraba, demostró ante los padres y madres la inconsistencia de esta decisión y pidió un margen de confianza para que la medida se valorara terminado el primer trimestre de este curso 2025-2026. El daño estaba servido. Ella se fue y dejó el papelón.
El curso empezó; otros asuntos educativos como el aumento de ratio en educación infantil ocuparon la atención de la opinión pública. Las disfunciones empezaron a aparecer. Un trimestre sin equipo técnico municipal de absentismo era lo más evidente. Otras cuestiones quedaban ocultas a la opinión pública, pero también se iban destapando.
La profecía empezaba a cumplirse. La pérdida de recursos especializados se hacía una realidad, una especialista de audición y lenguaje tenía que desplazarse a Algeciras para compartir centros. La estrategia está clara: cuanto menor sea la atención de los orientadores y orientadoras en los colegios del municipio, menos alumnado puede ser evaluado y, por ello, menos son dados de alta como NEAE. Lo que conlleva una bajada de ratio de estos niños y niñas, pero no porque no los haya, sino porque no son atendidos en su justa medida. Volvíamos al inicio de 2006.
Por ello, cuando escuché a la primera autoridad municipal refrendar en pleno unas medidas que van contra el alumnado de su pueblo, me apenó. La cuestión no es que los profesionales que vengan no intenten hacer su trabajo lo mejor posible, que seguro que sí ponen todo su esfuerzo e interés en ayudar al alumnado, profesorado y familia. Tampoco lo es que los equipos directivos estén más o menos conformes con la atención que recibe cada centro. Ni tan siquiera que se haya alcanzado un acuerdo para poner en marcha, o a funcionar, con tres meses de retraso, el equipo técnico de absentismo. El verdadero problema es que se lleva 20 años intentando que los niños y niñas de Tarifa tengan una atención en materia de orientación educativa igual a otros pueblos vecinos.
Recordar lo sucedido en estos 20 años es necesario para saber que no es un antojo, ni un capricho. Llevo 20 años defendiendo el EOE para Tarifa. Cuando trabajaba, lo hacía por los cauces institucionales; ahora lo hago apoyando las demandas de la comunidad educativa. Mi experiencia y trabajo los puse siempre a disposición de quienes han tenido y tienen la responsabilidad de preocuparse por mejorar la calidad de vida de sus vecinos y vecinas. Por ello, ofrecí a este alcalde hablar del tema y darle mi opinión profesional sobre el mismo, como había hecho con otros anteriores. Quizás de haber tenido esa conversación hubiese podido tener más argumentos para no dar por zanjado un asunto que seguirá repercutiendo de manera negativa en el alumnado de su pueblo.