
La actualidad política está marcada por las opiniones de unos y otros. En esta situación, la verdad resulta difícil de ser discernida. Es lógico que la opinión pública pueda llegar a confundirse, ya que las portadas de diarios y medios de comunicación apuntan a una u otra dirección.
La gente dedicada a la política institucional parece empeñada en desgastar a los adversarios a cualquier precio. Y en esta dinámica, quienes más provecho sacan son los que van a la política para servirse y no para servir. Por ello, como venimos diciendo reiteradamente, en la política, lamentablemente, no sólo vale con serlo: también debe parecerlo.
Es justamente aquí cuando la gente de a pie debe tener amplitud de miras y elevarse por encima de las declaraciones de unos y otros para intentar dilucidar la verdad. Este ejercicio es, como solía decir una admirada profesora, un camino arduo y duro. Y lo que es aún más complejo, a veces que se conozca la verdad no es del agrado de todo el mundo. Por ello, no queda más que hacer un ejercicio de análisis y crítica para no dejarse llevar por un titular o por un vídeo de un energúmeno que no sabe lo que dice. Se requiere de un ejercicio cognitivo donde el número de neuronas y sus conexiones sea lo suficientemente amplio para no dejarte embaucar.
Veamos un ejemplo en la política nacional. Lamentablemente, y lo digo en relación con todas las situaciones posibles, Venezuela se ha convertido en un tema recurrente de la derecha y extrema derecha para atacar al gobierno, como ya hicieron con Podemos. Y en esta conjetura no escatiman ni esfuerzos ni recursos. Por ello, a través de medios y pseudo-medios (muchos de los cuales sobreviven gracias a las subvenciones que reciben de los gobiernos locales, provinciales y autonómicos de la derecha y extrema derecha) lanzan titulares con medias verdades y bulos incluidos, llegándose incluso a la contradicción.
Así, al tiempo que Maduro acusa al gobierno de España de enviar agentes del CNI para con agentes de otros países organizar un golpe de Estado contra el chavismo, el PP acusa a Sánchez (y, especialmente, a su ministro de exteriores) de colaborar con Maduro en el golpe de Estado que lo fortalecen como presidente de Venezuela. Es decir, de una parte, se le acusa de querer derribar a Maduro a cualquier precio y de otra lo acusan de lo contrario, es decir, de consolidar a Maduro en el poder. Los argumentos en una u otra dirección aparecen por doquier en los medios de comunicación, de manera que lo que para unos podría ser interpretado como una actuación tendente a la mejora colectiva de una sociedad, para otros solamente se trata de una manera de actuar que beneficia a unos pocos.
Estas dos cuestiones son, aparentemente, contradictorias e incompatibles. Entonces, ¿quién dice la verdad? Pues posiblemente en este caso ninguno de los dos, ya que la verdad en un tema tan complicado y complejo como el de Venezuela resulta difícil de descifrar. No debemos olvidar que la criticada falta de libertad en la actualidad se contrapone a la libertad inexistente durante décadas para una gran parte de la población, al quedar relegada a la más grande de las miserias y abandono. Y es que, posiblemente, si alguien quiere realmente colaborar en la normalización democrática de Venezuela y toda Hispanoamérica lo primero que debe hacer es defender que todas las personas que habitan esas tierras tengan garantizados unos derechos humanos que les permitan vivir con dignidad y no excluir de sus riquezas a una gran parte de la población, porque querer aprovecharse de las riquezas de un pueblo para beneficiar a unos pocos, además de ser poco ético, es, sin duda, un germen de conflicto social.