
Puede que haya sido una casualidad, pero no cabe duda de que la coincidencia, en un mismo día, de la entrega de los Premios Princesa de Asturias y de los galardones y reconocimientos del Ayuntamiento de Tarifa resulta bastante curiosa.
Aunque las comparaciones son odiosas y, por supuesto, ambos actos presentan muchas diferencias —como el carácter local de los reconocimientos tarifeños frente al alcance internacional de los Premios Princesa de Asturias—, los dos tienen como finalidad reconocer trayectorias personales o colectivas.
Evidentemente, cuando se selecciona a unas personas y se deja fuera a muchas otras, es posible que no todo el mundo esté conforme con la elección. Sin embargo, tanto las personas premiadas como los colectivos reconocidos en uno y otro acto cuentan con trayectorias que avalan sus méritos. Por ello, si algo debería quedar al margen de cualquier controversia, es el mérito de quienes han recibido estos reconocimientos.
Sin embargo, hay otros aspectos que sí conviene tener en cuenta. La concesión de honores municipales constituye también una forma de construir memoria colectiva. La elección de las personas y entidades distinguidas expresa qué trayectorias se consideran representativas de la ciudad. En cierta forma, estas distinciones escriben una página de la historia y contribuyen a definir qué imagen de Tarifa o qué modelo de sociedad se quiere legar a las generaciones futuras.
Algo parecido ocurre con las elecciones, cuando la ciudadanía decide con su voto qué tipo de sociedad quiere construir. En un mundo cada vez más polarizado, las urnas deberían ser el fiel de la balanza, y aceptar sus resultados no significa resignarse, sino asumir que durante cuatro años unos gobernarán y otros tendrán la responsabilidad de fiscalizar su gestión y plantear alternativas desde la oposición.
Sin embargo, parece que esto no resulta fácil de aceptar para determinados sectores. Así, la victoria de Lula da Silva en Brasil, contra lo que pronosticaban algunas encuestas, ha sido cuestionada por el hijo de Bolsonaro, quien ha llegado a afirmar que resulta imposible. Flávio Bolsonaro ha contado con el respaldo de sectores de la derecha internacional que han utilizado las redes sociales y otros recursos para difundir una determinada imagen del país y de la sociedad brasileña.
En este contexto, han circulado vídeos en los que aparece una joven creada mediante inteligencia artificial, cuya presencia aporta bien poco al debate sobre el modelo de sociedad que se quiere para Brasil. Se trata de una imagen concebida para llamar la atención y que, analizada desde la perspectiva de la lectura crítica de imágenes de Aparici y García Matilla, permite identificar una representación que recurre a la sexualización de la mujer y que, por tanto, también transmite una determinada visión de la sociedad.
Frente a todo ello, y a muchas otras cuestiones que han marcado la campaña, se ha impuesto la propuesta de Lula, que ha recibido el apoyo de una parte importante del mundo de la cultura brasileña e internacional. Un sector que, con sus diferencias y matices, ha expresado su defensa de la democracia, la diversidad cultural y una sociedad más integradora e inclusiva.
Bolsonaro y su entorno también han recibido el apoyo de artistas, especialmente de algunos vinculados al mundo rural y al agronegocio, entre quienes confluyen afinidades ideológicas, valores sociales conservadores, intereses económicos y relaciones con determinados sectores políticos. Como podemos observar, se dibujan dos imágenes de Brasil que reflejan distintas prioridades y diferentes concepciones del país que se quiere construir.
Algo parecido podría estar ocurriendo en España, donde los partidos que integran el Gobierno progresista recortan distancias con el bloque de la derecha mediante la confrontación entre distintos modelos de sociedad. Apenas iniciada la precampaña, los mensajes de ajustes y sacrificios dirigidos a la población por parte de la derecha y la extrema han puesto en alerta a muchas personas.
Una alerta más que justificada si tenemos en cuenta que, en una época de bonanza y crecimiento económico, se plantean fórmulas como la implantación de un sistema mixto de pensiones que, bajo esa denominación, puede abrir la puerta a una privatización progresiva. Cabe preguntarse qué habría ocurrido si estos partidos hubiesen gobernado en situaciones de crisis como las vividas durante la pandemia o a raíz de la guerra de Ucrania. Posiblemente, hubiesen trasladado los costes a los sectores más débiles, preservando los privilegios de los poderosos. Una visión del mundo y de la sociedad que intentan imponer en el marco de su guerra cultural.
Al final, tanto los reconocimientos que concedemos como las decisiones que tomamos en las urnas hablan de nosotros como sociedad. Unos contribuyen a construir nuestra memoria colectiva; las otras determinan las políticas que condicionarán nuestro futuro.
