Más que llevarse un aguijón, esta vez el Gobierno del PP ha quedado empitonado por su propio ridículo.
El toro indultado ‘Triunfador’ tardó más de una hora y vente en entrar por la puerta del chiquero constatando el “fracaso” de la gestión del espectáculo taurino celebrado en Tarifa/S.T.
Los toros en Tarifa vuelven a estar en el punto de mira. Y no solo por el espectáculo, ni siquiera por algo bastante más importante: el uso de dinero público para financiar una actividad que cuenta cada vez con menos apoyos en el conjunto de la sociedad. Esta vez, además, la corrida ha terminado con un toque grotesco y ridículo.
Parece que al Partido Popular, en esta recta final de mandato, se le empieza a ver el plumero en muchos temas. Una nefasta gestión del tráfico que dificulta la vida diaria de los vecinos. Un inexistente control de las obras ilegales en determinadas zonas rurales, quizás por el desmantelamiento de una oficina de disciplina urbanística. Una incapacidad para mantener un pueblo limpio y cuidado. Su ineficacia a la hora de reclamar a la Junta las medidas educativas que Tarifa necesita. O, tan siquiera, de denunciar el mal estado de la carretera A-2227, que conecta la N-340 con Atlanterra pasando por La Zarzuela, y conseguir que se arregle de una vez.
Así podríamos seguir con un largo listado de asuntos que ponen de manifiesto una realidad: este Gobierno municipal ha estado demasiado ocupado en la confrontación política con el Gobierno central y en sacar adelante algunos de sus compromisos como para centrarse en lo que realmente necesita Tarifa.
Ahora, hasta los toros han terminado poniendo en evidencia esa incapacidad. Porque resulta difícil tomarse en serio la gestión de quienes ponen una plaza de toros al servicio de la fiesta y terminan haciendo el ridículo cuando se indulta al toro. Y, para mayor gloria, con la escena retransmitida por Canal Sur, convirtiendo el episodio en noticia y alimentando los comentarios en redes sociales.
Porque, por mucho que quiera el Partido Popular, la plaza de toros de Tarifa presenta serias deficiencias, algo que la oposición ya ha advertido en distintos plenos municipales. Y existe, además, una curiosa tradición que se repite año tras año: justo antes de la corrida, las autoridades locales autorizan alguna actividad en el coso taurino, como si hubiera que demostrar que la plaza tiene otros usos.
Pero la realidad es otra. Los arreglos, la preparación y el gasto no se realizan pensando en esos otros eventos. Se hacen pensando en los toros. Y son los toros los que, año tras año, terminan llevándose una buena partida del dinero público.
Esta vez, además, con un ingrediente inesperado: el indulto. Lo que pretendía ser el broche de una fiesta terminó convirtiéndose en el broche de una gestión bastante poco afortunada.
Así que, más que llevarse un aguijón, esta vez el Gobierno del PP ha quedado empitonado por su propio ridículo.

