Respuesta al artículo de Juan A. Criado Atalaya

Por Andrés Sarria.

Estas líneas vienen a cuento del artículo “Juan Atalaya García, crónica de un incidente en septiembre de 1931”, aparecido en www.Tarifaadia.es el día 3 de mayo. En él se hace insistente referencia crítica a mi trabajo titulado “Feria, religiosidad y política en Tarifa durante la Segunda República”, publicado previamente en ese mismo medio.

Se me atribuyen “muchas incongruencias” con argumentaciones que en ningún caso son convincentes, sino más bien palabrería tan vacía como pretensiosa. Reclamo humildemente leer y releer dicho mi artículo, y que se me transmita incongruencias reales, de las que tomaré buena nota.

También se me acusa de “trato despectivo” por haber yo empleado la expresión “el tal Atalaya”, unas líneas después de haberlo citado con nombre y apellido. Tampoco reconozco esta imputación. En lugar de emitir con ligereza juicios de valor, conviene recurrir al diccionario, como el de la RAE, donde aparecen siete definiciones de la palabra tal, ninguna con significado de desprecio.

Al mismo tiempo, se me reprocha una inclinación política manifiestamente de derechas. Igualmente rechazo tal supuesto, como podrá comprobar cualquiera que quiera leer mis artículos o libros. Naturalmente, tengo mis propias convenciones, faltaría más, pero en mis trabajos hago todo lo posible para mantener la imparcialidad y el rigor. Quizás sea éste el motivo de mi culpa: no aceptar consignas de un bando o del otro.

Por cierto, el autor del artículo objeto de esta respuesta reivindica la figura del dicho guardia municipal Juan Atalaya García, su abuelo, justificándolo en su “exilio interior” (sic), aunque “no fue asesinado” por el bando nacional a pesar de sus ideas de izquierdas. Sepa que un abuelo mío sí fue sacado de su casa de noche y fusilado por los nacionales durante la Guerra Civil, y hasta hoy nada más sabemos de él.

Pese a todo, diré que es un honor y una satisfacción que se haya escrito un libro a raíz de un modesto artículo de mi autoría. Bienvenido sea.

Andrés Sarria Muñoz