Vecinos de la costa reclaman una intervención definitiva de las pistas militares que garanticen el acceso a sus viviendas

Las últimas lluvias agravan el estado de la Pista Militar Nº4, el acceso natural para numerosas viviendas para más de una docena de vecinos. La semana pasada al menos dos vehículos quedaron atrapados en el barro. 

Tarifa vuelve a mirar hacia sus antiguas pistas militares. Las intensas lluvias de las últimas semanas han dejado prácticamente intransitable la Pista Militar Número 4, una vía de 8,65 kilómetros que conecta la zona del Camorro —donde se ubica el CIMA— con la N-340 a la altura del kilómetro 28,80. Se trata de un tramo fundamental para decenas de vecinos de la costa este, que dependen de este carril para acceder a sus viviendas.

El acceso a la Nº4 se realiza desde la Pista Militar Nº3, a la que se entra desde el kilómetro 29 de la N-340. Ambas vías, antiguamente utilizadas para dar servicio a los acuartelamientos de la Octava Batería de Costa y la número 11, Punta Palmera, hoy en desuso, continúan siendo, si no la única, la más natural conexión para muchos residentes de la zona y el núcleo urbano.

Sin embargo, el abandono histórico y la falta de mantenimiento han vuelto a pasar factura. En al menos tres puntos del recorrido el tránsito es extremadamente complicado si no se dispone de un vehículo 4×4 o de gran altura. El barro acumulado tras las lluvias y los profundos baches que quedan tras su secado hacen prácticamente imposible el paso de turismos convencionales.

Pero la situación es aún más grave en dos de los tramos, como Barranco Hondo, y aún más en El Becerrillo donde un desprendimiento y la acumulación de lodo han dejado el camino completamente impracticable. “Ahí no se pasa sin un aparato volador”, ironizan algunos afectados. En días pasados, al menos dos vehículos tuvieron que ser rescatados tras quedar atrapados en el lodazal, después de que sus sistemas GPS los redirigieran por esta pista como alternativa al desprendimiento registrado en las inmediaciones del Mirador, en la N-340.

Los vecinos denuncian sentirse “ciudadanos de segunda”. Aseguran que llevan años reclamando una solución definitiva y que, pese a las gestiones realizadas por el Ayuntamiento ante otras administraciones, el problema se repite cada invierno. Hace aproximadamente un año, la Junta de Andalucía acometió actuaciones puntuales a instancias del Consistorio y tras las quejas vecinales, pero los trabajos resultaron ser meros parches que no han resistido los nuevos temporales.

El origen del problema, señalan, radica en la titularidad de las pistas. Pese a llevar décadas sin uso militar, los caminos siguen perteneciendo al Ministerio de Defensa, que según los residentes no ha realizado un mantenimiento integral en más de 80 años, más allá de intervenciones puntuales tras derrumbes o daños graves.

Los afectados reclaman que Defensa desafecte oficialmente estos caminos para que puedan ser asumidos por la Junta de Andalucía, pero entienden que la administración autonómica no aceptará la cesión si antes no se ejecuta una consolidación adecuada de las vías. Mientras tanto, la situación permanece en un limbo administrativo que se traduce en aislamiento real para quienes viven en la zona.

“No pedimos un lujo, pedimos poder entrar y salir de nuestras casas con seguridad”, señalan. La preocupación no es solo la incomodidad diaria, sino la posibilidad de que, ante una emergencia sanitaria o un incendio, los servicios de urgencia no puedan acceder con rapidez.

La costa este de Tarifa vuelve así a quedar pendiente de decisiones administrativas que se demoran en el tiempo, mientras el barro y los baches marcan el día a día de quienes, pese al abandono institucional, siguen llamando hogar a este bello y aislado rincón del término municipal.