Desde la atalaya: evitar lo evitable.

Termina una semana donde los medios de comunicación de ámbito nacional nos han acercado a la tragedia del accidente ferroviario. Era domingo, ese día que en teoría está diseñado para el descanso, y una nueva tragedia azotó nuestras vidas. Una tragedia que, si cabe, conmocionó a más gente por la cercanía de lo ocurrido y porque mucha veía que también le podría haber pasado algo similar. Las condolencias oficiales se irán completando con actos donde las más altas instancias del Estado mostrarán la solidaridad del conjunto del país con las víctimas y familiares.

El Ministerio de Transportes, desde primera hora, informa sobre los datos que hay y que puedan apuntar a las causas del mismo. Ruedas de prensa sin límites de preguntas, en las que algunos profesionales del periodismo intentan aclarar esa avalancha de datos técnicos que van desde el tonelaje de los trenes hasta la firma del operario que realizó la soldadura.

Las investigaciones están en marcha. Paradójicamente, en momentos de gran consternación, hay quienes se erigen por minutos en grandes expertos y aderezan la trágica situación con suposiciones cuando no falsas conclusiones. Sin embargo, las conclusiones tardarán en llegar. Los estudios por parte de técnicos requerirán de tiempo para analizar con medios adecuados todas las pruebas. Y a ello se unirá, casi con toda seguridad, la actuación de la administración de Justicia, que abundará en el estudio de las causas y posibles responsabilidades. Por supuesto, esta, como otras tragedias, no escapa al debate político. Si bien siempre hay que pedir responsabilidades a quienes las tengan (en esta como en otras materias), no es menos cierto que a veces esto se hace con más intención de dañar al adversario (y ello dice mucho o mejor muy poco de quienes lo hacen) que de dar soluciones para evitar lo evitable.

Este accidente, que ha consternado a la opinión pública en general, ha venido a coincidir con la presentación del documental “El sueño de Iñigo: un guion imaginado”, que aborda igualmente otro suceso trágico que también fue difundido por los distintos medios de comunicación: el accidente del Helimer 207. En dicho suceso murieron tres profesionales de Salvamento Marítimo de Almería, uno de ellos Iñigo Vallejo García. Un hecho que llenó de luto a Tarifa a inicios de 2010.

Un cine Alameda repleto de público, amigos, representantes de asociaciones y colectivos, autoridades de ahora y de aquel trágico momento y, por supuesto, personas que se dedican a cuidar de los demás. En el cine había representación de sus compañeros de Salvamento Marítimo, Emergencias de Andalucía, Protección Civil, Bomberos, Guardia Civil, entre otros.

Nieves García Benito, como una madre coraje, como una de esas madres de la Plaza de Mayo, como una de todas las madres que pierde a un hijo en trágica circunstancia, nos ha acercado al lado humano de la tragedia: la vida de un ser querido segada brutalmente. Porque en ese acto, Nieves tuvo presente a todas esas madres y familias que en Tarifa han perdido a sus hijos e hijas en accidentes evitables y a todas las personas que fallecen en accidentes laborales.

Un documental lleno de poesía a través del recuerdo y la presencia de esa vida que configuró la personalidad de su hijo. Un ser servicial, comprometido con la ayuda a los demás, apoyo de sus compañeros de trabajo, empuje ante las adversidades… Una forma de ser, una personalidad forjada desde pequeño en la que, sin duda, quienes lo rodearon aportaron mucho y muy bueno. Tras el documental, quienes no tuvimos la oportunidad de conocer personalmente a Iñigo Vallejo García pudimos hacerlo gracias a este gran trabajo.

Junto a la poesía de la vida, la denuncia. Años de investigación analizando informes y documentos. Testimonios de compañeros y profesionales que apuntaban a situaciones de falta de seguridad que nunca se deberían haber dado. Incansable, incombustible, apoyada por muchas personas en este trabajo, Nieves ha ido aportando, dentro de ese maremágnum de emociones, el análisis crítico de quien sabe leer la historia. Ha sido capaz de presentar un asunto tan personal y emotivo con la intención de que se saquen conclusiones, y estas no pueden ser otras que el evitar lo evitable.