
La reciente decisión del gobierno andaluz del Partido Popular de aumentar los módulos de las Viviendas de Protección Oficial (VPO) ha generado una fuerte polémica social y política. Esta medida, presentada como un intento de incentivar la construcción y adaptarse a los precios del mercado, supone en realidad una transformación profunda del concepto de vivienda protegida, alejándolo de su objetivo original: garantizar el acceso a una vivienda digna para las rentas medias y bajas.
El aumento del precio máximo de las VPO en un 14,5%, junto con la ampliación del umbral de ingresos familiares permitidos hasta casi 59.000 euros anuales, desvirtúa el sentido social de estas viviendas. Se amplía así el perfil de posibles beneficiarios a personas con ingresos altos —tanto, que incluso el presidente de la Junta podría cumplir los requisitos para optar a una—. A esto se suma la eliminación del requisito de estar inscrito en el registro de demandantes de vivienda pública, lo que permitirá su venta en el mercado libre si no hay demanda desde las listas oficiales. Además, ahora será posible vender la vivienda solo siete años después de su adquisición, reduciendo el periodo de protección y facilitando la especulación.
Este giro normativo abre la puerta a que la VPO, históricamente destinada a cubrir necesidades sociales, se convierta en un instrumento más del negocio inmobiliario. En vez de construir para cubrir una demanda de vivienda asequible, se busca la rentabilidad del promotor privado, incluso a costa de incrementar el precio de la VPO.
Este fenómeno no es ajeno a la realidad local de Tarifa, donde las decisiones del gobierno municipal -en manos del PP y NAT – están alineadas con esta lógica de privatización. Una de sus primeras acciones fue romper el acuerdo con una empresa pública de vivienda para favorecer a constructoras privadas. En el pleno municipal del 5 de octubre de 2023, el portavoz de NAT justificó la necesidad de subir los módulos de VPO por la falta de rentabilidad para el sector privado. Así, en lugar de apostar por lo público, se prioriza lo privado, incluso en cuestiones tan sensibles como el acceso a la vivienda.
Todo esto se da en un contexto local alarmante. Tarifa cuenta con 2.747 viviendas de alquiler turístico registradas, aunque se estima que la cifra real es muy superior. Se trata del municipio con la mayor densidad de este tipo de viviendas en la provincia, por encima de Conil, Cádiz o Chiclana. El precio del metro cuadrado ronda ya los 4.200 euros —más del doble que en el resto de la provincia—, y el alquiler medio mensual asciende a 950 euros. Con estos datos, la situación habitacional en Tarifa se vuelve insostenible para muchas familias.
En este escenario, la subida de precios de las VPO lejos de ser una solución, se convierte en un agravante. En lugar de facilitar el acceso a la vivienda, se generará una mayor exclusión para quienes más lo necesitan: familias trabajadoras y jóvenes con rentas medias o bajas, que quedarán fuera del nuevo mercado de VPO, y probablemente no podrán permitirse ni siquiera las viviendas que teóricamente les correspondan. La brecha entre los ingresos reales y los nuevos precios de estas viviendas amenaza con convertir el derecho a la vivienda en un lujo inalcanzable para la mayoría.
Por otra parte, esta reforma puede fomentar una nueva burbuja inmobiliaria, al promover la especulación con vivienda pública. La posibilidad de vender las VPO a los siete años incentiva su compra como inversión y no como solución habitacional. Con ello, se transforma la vivienda protegida en un activo financiero, vulnerando su función social y facilitando que inversores o personas con poder adquisitivo busquen beneficios futuros mediante su reventa o alquiler.
El argumento oficial de que la subida de módulos es necesaria para atraer a los promotores privados es, cuando menos, engañoso. Las verdaderas trabas a la construcción de VPO no se deben solo al margen de beneficio, sino también a la disponibilidad de suelo público, la lentitud administrativa y la inseguridad jurídica. La solución real pasaría por políticas activas de suelo, inversión pública y un impulso decidido a la vivienda en alquiler social. Convertir las VPO en productos de mercado solo profundiza el problema, en vez de resolverlo.
La vivienda no es una mercancía más; es un derecho constitucional y un pilar del bienestar colectivo. Sin embargo, las decisiones del PP andaluz y del gobierno municipal de Tarifa indican una clara apuesta ideológica por mercantilizar este derecho. La “VPO para ricos” no es solo un oxímoron: es la evidencia de un modelo de desarrollo urbano que prioriza el beneficio económico sobre el interés general.
De no rectificarse este rumbo, las consecuencias serán devastadoras: más exclusión, más desigualdad, más precariedad y un territorio —como Tarifa— cada vez más inaccesible para sus propios vecinos. Hoy, la VPO deja de ser una herramienta de justicia social para convertirse en otro engranaje del mercado.
Esperemos que la inercia de la inoperancia del PP y NAT impida que se consolide este modelo, antes de que sea demasiado tarde.

BENÍTEZ CULPABLE.DIMISIÓN YA
Alto y claro.
Gracias