
Por José Francisco Castro
La esencia tarifeña parece que no casa con la reivindicación del interés general, los derechos humanos o la justicia social cuando las personas que luchan en nuestro pueblo por un mejor mundo son deslegitimadas porque “no son de Tarifa”. Aquellas personas que no pasan por el tamiz de lo auténtico son cada vez más numerosas y cada vez son menos los tarifeños y tarifeñas puros. De manera parecida a como la españolidad está encapsulada en el centro del país, la identidad tarifeña está cerrándose tanto en sí misma que puede que tengamos que declararla especie en peligro de extinción. Pero tengo serias dudas de que solamente haya una forma de ser de Tarifa.
¿Es de Tarifa exigir que la vivienda sea un derecho y no un negocio y un privilegio? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa darse una vuelta con el coche una tarde de aburrimiento? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa proteger el litoral y el entorno natural de la depredación urbanística? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa andar por medio de la carretera teniendo la acera al lado? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa exigir el fin del genocidio en Palestina? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa meterse en el rincón de La Playa Chica con una levantera? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa reclamar una ordenación del turismo racional y sostenible? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa que el final de la feria tenga más de fin de año que el 31 de diciembre? Sí, de Tarifa.
¿Es de Tarifa generar un debate ficticio sobre la pureza tarifeña, para así no hablar de las reivindicaciones que se hacen sobre el interés general? Sí, de Tarifa.
I love you.