Se detiene el tiempo en Tarifa: fallece Joaquín Muñoz Balongo, el último relojero

Permítanme en esta incendiada tarde, donde tengo el corazón hecho jirones que abuse de lo personal por encima de lo meramente informativo, pero no puedo escribir este obituario a modo de despedida al maestro del tiempo. Porque hoy en Tarifa, el tiempo se ha detenido. Se ha detenido el tiempo y se han callado los relojes, ha enmudecido el tic-tac eterno que tantas décadas nos acompañó desde su taller, y hasta el cuco (ese puntual amigo que nunca fallaba) ha quedado huérfano, sin atreverse a salir de su rincón en la pared. Ha muerto el más puntual de los verdaderos ‘Hijos Predilectos’ de Tarifa. De cómo así se sintió en vida, predilecto de verdad… y orgulloso de ello.

Ha fallecido Joaquín Muñoz Balongo. Maestro relojero, amante de la música, alma fundadora de la Coral y Rondalla tarifeña, y sobre todo, buen hombre. De los de verdad. Aquel que desde su rinconcito de la calle Copons -justo frente al lugar donde nació hace 87 años- cuidó del tiempo de todos nosotros. El tiempo de Tarifa tuvo durante más de medio siglo el pulso firme y delicado de Joaquín.

Lo suyo no era solo reparar mecanismos. Era devolver el latido a los relojes y el ritmo a las casas, a las familias, a los días. Desde que empezó como aprendiz del maestro Antonio en la calle de la Luz hasta que abrió su propia relojería en 1969, su vida fue la de un artesano que nunca quiso ser otra cosa. Montó su primer taller en la azotea de la casa de sus padres y desde ahí, con paciencia infinita y mirada afilada, comenzó una labor que nunca fue solo un oficio, sino una pasión.

Pero Joaquín era mucho más que un relojero. Era también músico de alma afinada, fundador de la Rondalla tarifeña, donde ponía a latir las cuerdas de su mandolina y su guitarra con el mismo mimo con que afinaba los engranajes de los relojes antiguos.

Era vecino, era amigo, era confidente. Su taller era también un punto de encuentro, un pequeño consultorio vecinal donde el tiempo se ralentizaba al compás de las charlas, del cariño y de la confianza. Era hombre de manos firmes y corazón noble. De los que saludaban con una sonrisa y se tomaban su tiempo… para los demás.

Se jubiló no hace tanto, pero nunca se alejó del todo. Porque para él el tiempo no era solo una profesión, sino una forma de estar en el mundo. Siempre comprometido, siempre detallista, siempre preciso.

Hoy, su tiempo se ha detenido. Pero su legado -en forma de cariño, recuerdos, enseñanzas, melodías y relojes que siguen marcando las horas- permanecerá latiendo entre nosotros.

Su esposa Elvira, sus hijos Ana, Soledad y Joaquín, y sus seis nietos lo despiden con el orgullo inmenso de haber compartido la vida con un hombre tan generoso como íntegro. Su familia, sus vecinos, sus amigos, sus clientes y admiradores, todos nosotros lo despedimos con cariño. Con dolor. Con gratitud.

 

Sus restos mortales serán velados mañana jueves a partir de las 13:00 horas en el tanatorio local de Tarifa. La misa por su eterno descanso se celebrará a las 16:00 horas en la iglesia de San Mateo, tras la cual será trasladado al cementerio local, donde reposará para siempre el último maestro del tiempo.

 

Gracias, tito Joaquín. Gracias, maestro relojero, por hacer que durante todos estos años haya transcurrido nuestro tiempo. Hoy, Tarifa se queda sin su tic-tac. Pero no sin su memoria.

Descansa en Paz

 

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Jose Luis Delgado Guitart
Jose Luis Delgado Guitart
Visitante
1 año

Un gran hombre, maestro del tiempo. El tiempo no pasa, los que pasamos somos nosotros. Durante mis años en Tarifa me arregló varios relojes, siempre me quedaba observándole por la gran destreza que tenia.