
Tarifa vivió ayer una jornada cargada de emoción y recuerdo con el acto de homenaje a Rafael Garrido Pérez, “Rafalito”, en el que la carpintería del Ayuntamiento pasó a denominarse oficialmente Carpintería Municipal “Rafalito Garrido”. Un gesto sencillo pero profundamente simbólico con el que el pueblo tarifeño ha querido perpetuar la memoria de su entrañable vecino y reconocer una vida entera de dedicación al servicio público.
El acto, celebrado en las propias instalaciones municipales, reunió a numerosos familiares, amigos y amigas, compañeros de trabajo y representantes de distintos cuerpos e instituciones. No faltaron miembros de la Policía Local, la Guardia Civil ni la corporación municipal, que quiso arropar a la familia en un momento tan significativo. Especialmente emotiva fue la presencia de C.M.U., su compañera de vida, que recibió el cariño y el respeto de todos los asistentes.
Durante años, Rafael Garrido ejerció su labor profesional en la carpintería municipal, un servicio en el que dejó una huella imborrable. Más allá de su trabajo diario, “Rafalito” destacó por su compromiso, su creatividad y una implicación que trascendía con creces las obligaciones de su puesto. Su talento quedó reflejado en innumerables montajes y escenografías que engrandecieron actos, fiestas y tradiciones de Tarifa, formando ya parte de la memoria colectiva del municipio.
El alcalde de la localidad, José Antonio Santos Perea tomó la palabra para resaltar no solo su valía profesional, sino también su calidad humana, su cercanía y su permanente disposición a ayudar. El descubrimiento de la placa con el nuevo nombre de la carpintería fue uno de los momentos más conmovedores del acto, recibido con un largo y sentido aplauso. Una placa que lleva la fecha del 25 de septiembre pasado en la que el pleno de la Corporación determinó de manera unánime bautizar con su nombre a la carpintería municipal.
Con este reconocimiento, Tarifa no solo honra a un trabajador ejemplar, sino que rinde tributo a una persona muy querida, cuya ausencia sigue doliendo, pero cuyo recuerdo permanecerá vivo en cada rincón de ese taller municipal que, desde ayer, lleva con orgullo el nombre de “Rafalito Garrido”.