Karina Zothner: el territorio del color

La Sala Rivadavia acoge hasta el 8 de noviembre la exposición No hay territorios comunes, un viaje sensorial por la obra de la artista chilena afincada en Tarifa.

Al entrar en la Sala Rivadavia, lo primero que se percibe es el silencio. Un silencio espeso, vibrante, casi físico, como si las paredes contuvieran algo a punto de estallar. Frente a uno, los colores de Karina Zothner se abren paso: azules que respiran, rojos que arden, trazos que parecen salir del lienzo buscando aire. La mirada no sabe por dónde empezar, pero el cuerpo sí: se acerca, se deja arrastrar. En cuestión de segundos, uno ya no está mirando cuadros, sino atravesando un territorio emocional.

La exposición se llama No hay territorios comunes, y el título no podría ser más certero. Lo que Zothner propone no es un mapa, sino una deriva. Un viaje sin brújula por la materia, la palabra, la piel y el color. Cada obra parece hablar en un idioma propio, y sin embargo, todas comparten algo: esa energía que se reconoce sin necesidad de traducirla.

Durante la inauguración, la diputada de Cultura, Vanesa Beltrán, lo resumió bien: “En la pintura de Karina hay rotundidad, trazo, energía creadora. Sus cuadros nos interpelan desde un lugar íntimo y poderoso a la vez”. Y es que la artista, chilena de nacimiento, de raíces argentinas y afincada en Tarifa desde hace más de veinte años, ha hecho del sur un territorio espiritual. “La pasión —dice— es lo que me mueve, lo que une mi vida con mi obra. No hay frontera entre una y otra”.

El lenguaje que no alcanza

Esa pasión se traduce en gestos que parecen impulsos, en superficies donde la materia cobra voz. Zothner utiliza resinas, pigmentos, papeles y fragmentos en composiciones que evocan la imposibilidad —y la necesidad— de comunicarnos. “Tenemos un lenguaje tan rico, pero a veces no logramos entendernos”, confiesa. Sus cuadros son, de algún modo, una respuesta a esa carencia: la pintura como intento, como puente, como traducción de lo inefable.

En esta muestra, el collage rompe el tiempo, los materiales se mezclan y los colores se empujan unos a otros en un diálogo inquieto. Hay piezas que parecen nacidas del fuego y otras del agua, pero todas comparten la huella del cuerpo que las creó. Zothner no pinta, habita la tela; y el espectador, al mirar, la habita con ella.

Dos espacios, un mismo pulso

La Sala Rivadavia, convertida en escenario de esta experiencia, se divide en dos ámbitos que dialogan entre sí: la fuerza y la intimidad, la expansión y el recogimiento. “El montaje permite que las obras respiren, que se escuchen unas a otras”, explica la artista, agradecida al equipo de la Diputación por el cuidado en cada detalle. En el recorrido, el visitante puede sentir cómo el color se vuelve presencia, cómo el silencio adquiere textura.

Una creadora sin fronteras

Pintora, fotógrafa, performer, videoartista. Karina Zothner es muchas cosas a la vez, y todas confluyen en su manera de entender el arte como un acto vital. En su casa-taller de Tarifa imparte clases a niños y adultos, experimenta, mezcla disciplinas y continúa explorando los límites del gesto. Ha expuesto en Madrid, Sevilla, Asturias, Alicante, Málaga, Portugal y Suiza, pero ahora encuentra en Cádiz una suerte de regreso simbólico: la conexión con un territorio donde el mar y el viento son también materia creativa.

La exposición permanecerá abierta hasta el 8 de noviembre en el horario habitual de la Sala Rivadavia (de martes a viernes, de 11:00 a 13:30 y de 18:30 a 21:00; sábados, de 11:00 a 14:00). Con motivo de las elecciones argentinas del 24 de octubre, la sala cerrará la tarde del viernes 22 y el sábado 23, reabriendo el martes 26 (el edificio alberga el Consulado de la República Argentina en España,).

Y cuando uno sale de la sala —después de tanto color, tanta intensidad—, el aire de Cádiz parece distinto. Quizá más luminoso. Quizá más humano. O quizá es que, después de mirar los cuadros de Karina Zothner, uno empieza a entender que el arte no tiene territorios comunes, pero sí puntos de encuentro: esos que laten, silenciosos, dentro de quien los contempla.


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Federico Zothner oliva
Federico Zothner oliva
Visitante
9 meses

Magnífico artículo, sabía que mi hermana es una gran artista, llena de una desbordante sensibilidad. Pero el artículo, me ha hecho ver, el fondo de esa sensibilidad.