Juan Fleta rescata la memoria de las mujeres que sostuvieron una época en el sur andaluz con su “Conserveras del tiempo”

La obra, distinguida con el XIII Premio Jesús Campos para Textos Teatrales, llega a Tarifa el próximo domingo 8 de noviembre, con una mirada personal sobre el trabajo, la identidad y el papel de las mujeres en la industria conservera durante los últimos años del franquismo.

Hay historias que permanecen durante décadas en la memoria de quienes las vivieron, pero que rara vez ocupan el lugar que merecen en el relato colectivo de un pueblo. A recuperar una de ellas se dedica Juan Fleta con Conserveras del tiempo, una pieza teatral que devuelve la palabra a las mujeres que trabajaron en las fábricas de pescado y las almadrabas del sur de Andalucía, cuando la industria pesquera y conservera constituía uno de los pilares del desarrollo económico y social de numerosos municipios costeros.

La obra podrá conocerse en Tarifa el próximo domingo 8 de noviembre, a las 19.00 horas, en una cita que adquiere un significado especial en la localidad natal de su autor. Más allá de su dimensión teatral, la propuesta conecta con un pasado que también forma parte de la historia económica y laboral tarifeña, cuando la pesca y las actividades vinculadas a su transformación ofrecían sustento a numerosas familias y representaban una de las principales oportunidades de empleo para las mujeres.

Fleta parte de esa realidad cercana para construir una historia de ficción con raíces documentales. Ambientada en 1975, en una conservera de atún del sur de España, la obra presenta a cuatro mujeres que afrontan otra jornada de trabajo entre el olor penetrante del pescado y el ruido constante de las máquinas. La llegada de La nena, una joven misteriosa que irrumpe en ese universo cotidiano, altera el equilibrio de la fábrica y despierta en las trabajadoras la necesidad de cuestionar sus circunstancias personales, familiares y laborales, en una España que se aproxima al final de la dictadura.

El encierro al que alude el título no se limita al espacio físico de la fábrica. También remite a las restricciones sociales y vitales que condicionaban las posibilidades de tantas mujeres de aquella época, para quienes el trabajo conservero suponía una vía de independencia económica, pero se desarrollaba dentro de un contexto marcado por las desigualdades de género y las limitaciones de la sociedad franquista.

 

La memoria local como materia teatral

La singularidad de Conserveras del tiempo reside en la manera en que su autor transforma una realidad histórica en material dramático. No se trata de reconstruir un episodio concreto mediante una sucesión de hechos, sino de imaginar las vidas, los silencios y las contradicciones de unas mujeres cuya experiencia contribuyó a sostener la economía de sus comunidades y que, sin embargo, han quedado a menudo relegadas en la memoria pública.

El propio Fleta ha explicado que comenzó a dar forma a la obra en Tarifa, hace aproximadamente dos años, movido por la convicción de que aquellas historias habían permanecido demasiado invisibilizadas. Su propósito, según ha manifestado, era dar voz a esas mujeres y, al mismo tiempo, contribuir a comprender la historia de los pueblos a través de las experiencias de quienes los habitaron y trabajaron.

El dramaturgo reconoce que los personajes y sus circunstancias pertenecen a la ficción, pero subraya que la escritura se apoya en un proceso de documentación y en la recopilación de testimonios personales. Esa combinación entre imaginación y memoria permite acercarse a una época desde la intimidad de sus protagonistas, sin perder de vista el contexto social y político que condicionaba sus vidas.

La elección de una conservera como escenario tampoco es casual. En localidades como Tarifa, la actividad pesquera y las industrias asociadas formaron parte de un entramado productivo que fue mucho más que una fuente de ingresos: modelaron los ritmos cotidianos, las relaciones familiares, las oportunidades laborales y buena parte de la identidad colectiva. Aunque hoy estas actividades ocupan una posición más reducida en la economía local, continúan representando una parte singular de su tejido productivo y laboral.

En ese sentido, la propuesta de Fleta trasciende la evocación nostálgica. La obra invita a mirar de nuevo una etapa decisiva del pasado desde una perspectiva que sitúa en primer plano a quienes con frecuencia quedaron fuera de los relatos más visibles del desarrollo económico.

 

Un reconocimiento a la escritura y a la lengua popular

El alcance artístico de Conserveras del tiempo ha encontrado respaldo en el XIII Premio Jesús Campos para Textos Teatrales, convocado por la Asociación de Autores de Teatro. Presentada inicialmente al certamen bajo el título de Almadraba, la pieza obtuvo el reconocimiento unánime del jurado, que valoró su aproximación a la memoria democrática desde una perspectiva de género y su capacidad para abordar cuestiones universales a partir de una realidad profundamente arraigada en Andalucía.

Entre los aspectos destacados figuran la originalidad temática, el trabajo artístico y literario con el habla andaluza, la fusión de registros cultos y populares y el potencial escénico del texto. Una valoración que pone de relieve uno de los rasgos más personales de la escritura de Fleta: la voluntad de encontrar en la lengua cotidiana, en sus giros y en su musicalidad, una herramienta dramática capaz de dar autenticidad a los personajes y acercar al espectador a su mundo.

La obra ha sido publicada por Ediciones Antígona, en el marco del reconocimiento obtenido, y ha formado parte de la 43.ª edición de la Feria de Artes Escénicas de Palma del Río. Su recorrido confirma la proyección de un texto que nace de una realidad local, pero que conecta con debates más amplios sobre la memoria, el trabajo, la identidad y la desigualdad.

 

Un creador entre la interpretación, la escritura y la dirección

Nacido en Tarifa, Juan Fleta mantiene una relación temprana con el escenario. Se inició en el teatro a los doce años de la mano de Tomás Picó y, desde entonces, ha desarrollado una trayectoria que combina la interpretación, la dramaturgia y la dirección, con incursiones en el ámbito audiovisual. Es licenciado en Arte Dramático por la Escuela Superior de Málaga y cuenta con un máster en Artes Escénicas por la Universidad Rey Juan Carlos.

Su recorrido incluye Elías en el andén, seleccionada para el 41.º Festival de Teatro de Málaga, el Festival Emerge 2021 y el II Festival de Teatro Noctiluca, así como La herejía de las beguinas, escrita durante su residencia en Traductores del Viento en colaboración con la Fundación Talgo. En el terreno cinematográfico, su cortometraje La etimología del RECUERDO ha participado en citas como el Brain Film Fest 2021 y el Festival Internacional de Cine de San Roque.

En Conserveras del tiempo, esa experiencia en distintos lenguajes artísticos converge en una escritura que combina investigación, sensibilidad social y búsqueda escénica. Fleta utiliza el teatro como un espacio para explorar aquello que la historia oficial no siempre ha contado y para convertir las vivencias particulares en una pregunta compartida sobre el pasado.

La llegada de la obra a Tarifa añade, por ello, una dimensión que va más allá de la programación cultural. En la localidad donde comenzó a gestarse, las mujeres de la conservera no son únicamente personajes de una ficción ambientada en otra época: representan también a tantas trabajadoras cuya labor contribuyó a sostener hogares y comunidades enteras.

Recuperar sus voces significa reconocer una parte de la historia del municipio y devolver presencia a un mundo laboral que, aunque hoy tenga menor peso económico, continúa formando parte de su identidad. Con Conserveras del tiempo, Juan Fleta convierte esa memoria en teatro y propone al público acercarse a ella no como un pasado definitivamente cerrado, sino como una herencia que todavía merece ser escuchada.

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