El hinchazón: La beligerancia como sello y necesidad de supervivencia política

Decía San Agustín que “la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Y eso es precisamente lo que le ocurre a Nuevos Aires —ahora reconvertido en 100×100 Unidos por Tarifa (antes ADECA)—: tiene una hinchazón política que responde más a la necesidad de sobrevivir en el presente y futuro político que a un proyecto real para la ciudadanía. Sus intereses parecen ser los de unos pocos, aquellos que sostienen económicamente a esta opción localista, incapaz de mostrar resultados o una gestión visible tras dos años en el gobierno local y por ello recurre constantemente a anclarse  al falso mantra de “ellos no lo hicieron” negándose a escuchar las evidencias y/o al “no nos dejan”.

Muy lejos de lo prometido —o incluso anunciado—, Nuevos Aires no ha construido ni una sola de las 400 viviendas comprometidas (100 por año de mandato). Es más: no ha cumplido absolutamente nada de lo que proclamó en campaña. Basta consultar su programa electoral, disponible públicamente. Aquellos que repetían hasta la saciedad que “no eran políticos” y que solo les interesaba Tarifa, han terminado por convertirse en un partido al uso bajo la marca 100×100, obligados ahora a repartir esfuerzos con el resto de formaciones localistas que se cobijan bajo el paraguas del alcalde de La Línea.

 

Esta conversión hacia la política tradicional parece más un ejercicio de supervivencia que una evolución, consecuencia directa de su incapacidad manifiesta para gestionar lo público. Los ejemplos son evidentes: piscina cerrada durante meses, parques infantiles abandonados, fractura en la cohesión del tejido empresarial turístico tras instrumentalizar a distintas asociaciones, y una recurrente e insólita acusación al funcionariado por “paralizar el Consistorio”, culpándolos de su propia ineficacia. Todo esto acompañado de una permanente amenaza a sus socios de gobierno con romper el pacto, más como forma de hacerse notar que como una firme determinación o un posición política seria. Una actitud que también exhiben en los plenos, donde sus concejales adoptan una confrontación impostada, innecesariamente beligerante y perjudicial para el desarrollo de la política local.

 

La evidencia es sencilla de comprobar. En el último pleno, la ausencia de los representantes de Nuevos Aires —a quienes deseamos una pronta recuperación— permitió constatar que sin su presencia, las sesiones transcurren con mayor tranquilidad, lógica y respeto institucional. Hubo debate, sí, pero sin malos modos ni descalificaciones. Incluso varios ediles del gobierno destacaron lo “bonito” del pleno. De ahí surge la pregunta fundamental para el futuro político de Tarifa:

¿Qué aporta Nuevos Aires Tarifa a la gobernabilidad del Consistorio?

La respuesta parece clara: nada. No aporta absolutamente nada más allá de la soberbia —o “hinchazón”, en palabras de San Agustín— y de una beligerancia que trasciende lo institucional y se traslada a redes sociales contra quienes no les siguen el juego o se atreven a cuestionarlos.

La sesión plenaria del pasado jueves confirmó que el PP podría gobernar tranquilamente en minoría. La oposición —PSOE y Ganar Tarifa—, en clara ventaja numérica, actuó con responsabilidad: pese a mostrar desacuerdos en algunas mociones, optó por la abstención en lugar de bloquearlas. El Partido Popular comprobó así que puede sacar adelante proyectos sin la incómoda presencia de unos socios que, lejos de sumar, se convierten en un lastre. Al fin y al cabo, ¿para qué necesita uno enemigos si, a cada fricción, esos mismos socios corren a la prensa para airear disputas internas y señalar a Pepe Santos y al PP como culpables de sus propias limitaciones?