La iglesia de San Mateo volvió a convertirse ayer en escenario de una de las ceremonias de mayor carga simbólica de las fiestas patronales de Tarifa. Durante casi dos horas, la celebración de la festividad de María Santísima de la Luz Coronada fue entrelazando distintos planos —el religioso, el institucional y, de manera especialmente significativa, el personal— en torno a la renovación del Voto de Patronazgo que la Corporación Municipal mantiene con la Patrona de la ciudad.
La presencia del Ayuntamiento bajo mazas, junto a representantes de las autoridades civiles y militares, la Hermandad de la Luz, el Consejo Local de Hermandades y Cofradías y numerosos fieles, otorgó a la función el carácter institucional que tradicionalmente acompaña a este acto. A ellos se sumó la presidenta de la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, Susana Pérez Custodio, presente en una jornada señalada dentro de los festejos patronales.
En el plano estrictamente religioso, la eucaristía estuvo presidida por el vicario episcopal de Ceuta, Francisco Jesús Fernández, acompañado por el párroco Juan Pedro Varo y otros sacerdotes vinculados a Tarifa. Las lecturas contaron, como viene siendo habitual, con la participación de miembros de la Corporación Municipal.
La música aportó además uno de los elementos diferenciadores de esta edición, con la participación de la Coral de Tarifa, cuya intervención contribuyó a reforzar la solemnidad de una ceremonia en la que tradición y devoción volvieron a encontrarse.
Pero la función de ayer fue más allá del protocolo y de la celebración religiosa. La renovación del Voto incorporó también un marcado componente institucional al hacerse referencia expresa a la concesión de la Llave de Oro de la Ciudad a la Pontificia y Real Congregación de María Santísima de la Luz Coronada. El reconocimiento, aprobado por el Ayuntamiento el pasado 30 de julio, constituye la máxima distinción honorífica que puede conceder el municipio y fue presentado como expresión del vínculo histórico, cultural y espiritual existente entre la Virgen y Tarifa.
Fue en este contexto donde el alcalde, José Antonio Santos, pronunció una intervención que recorrió buena parte de la historia reciente de esta relación. Desde su participación durante casi medio siglo en la Cabalgata Agrícola hasta su presencia en acontecimientos como el reconocimiento de la Virgen como Alcaldesa Perpetua en 2012, su Coronación Canónica en 2013 o la celebración del 275 aniversario del Patronazgo en 2025, Santos situó su propia trayectoria política y vital junto a algunos de los momentos más relevantes de la devoción a la Patrona.
De este modo, lo institucional acabó dando paso a lo personal. El alcalde aprovechó la renovación del Voto para expresar públicamente su agradecimiento por los cuatro años en los que ha acudido cada 8 de septiembre ante la Virgen en representación de todos los tarifeños. Una parte de su intervención adquirió así un tono íntimo, marcado por la incertidumbre sobre si volverá a ocupar el próximo año el lugar desde el que ayer renovó el compromiso de la ciudad.
Junto al agradecimiento personal, el discurso incorporó también una dimensión colectiva. Santos pidió por los enfermos, las personas que atraviesan dificultades económicas o situaciones de soledad, las familias que han perdido a seres queridos, los jóvenes y los mayores, así como por quienes llegan a Tarifa en busca de acogida y de un futuro mejor. También tuvo palabras de reconocimiento para quienes, desde sus diferentes profesiones y responsabilidades, contribuyen diariamente al desarrollo de la ciudad.
El hilo conductor de toda la ceremonia fue, en definitiva, la permanencia de una tradición que trasciende generaciones. La renovación del Voto fue presentada no como un mero acto protocolario, sino como la actualización de un compromiso histórico entre Tarifa y su Patrona. Un legado que, según se puso de manifiesto durante la celebración, forma parte de la memoria colectiva de la ciudad y cuya continuidad queda depositada en las generaciones presentes y futuras.
Así, durante la función de San Mateo convivieron ayer la liturgia y el protocolo, la historia y la actualidad, la representación de toda una institución y la experiencia personal de quien, en nombre de ella, comparecía ante la Virgen. Una combinación que convirtió la renovación del Voto en algo más que una ceremonia tradicional: en una expresión de la relación que Tarifa mantiene con una de sus principales señas de identidad.

