una cosa es votar en contra en Cádiz y otra muy distinta venir después a Tarifa, darse un paseíto y pronunciar un discurso cargado de demagogia contra el Gobierno de España.
Elías Bendodo cual trunfante toreador, realizando un paseillo por las calles de Tarifa tras sus declaraciones contra el Gobierno/TAD
El ínclito Elías Bendodo ha venido de visita a Tarifa. Sí, de visita. De esas a las que ya nos tienen acostumbrados algunos dirigentes del Partido Popular a lo largo del año: llegar al municipio, hacerse la correspondiente fotografía y aprovechar cualquier circunstancia para cargar contra el Gobierno progresista de España.
En esta ocasión, además, con inevitable aroma veraniego: paseo, piel convenientemente bronceada y discurso político preparado para señalar hacia Madrid. Porque conviene recordar algo que a veces parece olvidarse interesadamente: el Partido Popular gobierna la Junta de Andalucía, pero no el Gobierno de España. Y quizá por eso resulta tan tentador convertir cada visita a nuestros municipios en una excursión política en la que todo lo malo parece venir de Madrid y todo lo bueno, casualmente, tener su origen en Sevilla.
Que algunas de las reivindicaciones planteadas son legítimas es indiscutible. El desdoble de la N-340 es necesario y lleva décadas siendo una demanda, independientemente de quién haya ocupado La Moncloa. Y el problema del alga invasora parece que va para largo. Por eso, cuanto antes se adopten medidas para ayudar a los municipios y a los sectores sociales y económicos afectados, mejor para todos.
Pero esas reclamaciones tendrían bastante más credibilidad si quienes vienen a Tarifa con el dedo acusador apuntando permanentemente hacia Madrid aprovecharan también la ocasión para mirar un poco más cerca de casa.
Por ejemplo, hacia la A-2227, la carretera que parte del cruce de El Retín y comunica con Zahara de los Atunes y Atlanterra. Una vía de competencia autonómica cuyo estado deja bastante que desear y en la que pueden encontrarse socavones, grietas y un deterioro del firme difícilmente compatible con las condiciones que debería reunir una carretera del siglo XXI.
Ahí también nos hubiera gustado ver al alcalde. No para hacerse otra fotografía institucional ni para posar con gesto de preocupación junto a un bache, sino simplemente para comprobar personalmente el estado de algunos tramos.
El alcalde se dio mucha prisa en acudir a la N-340 cuando hubo que buscar una solución al problema provocado por las lluvias de este invierno a la altura del Mirador del Estrecho. Una reacción que nos parece bien. Lo que cuesta más entender es que no haya tenido la misma prisa para acercarse a comprobar el peligro que supone el estado de esta vía, utilizada diariamente por numerosos vecinos de la campiña tarifeña y que, durante el verano, soporta un volumen de tráfico muy superior al habitual.
No estamos hablando únicamente de una carretera que necesita una capa de asfalto y una mano de pintura. Estamos hablando de seguridad vial, especialmente durante la época del año en la que aumenta considerablemente la intensidad del tráfico y la presencia de visitantes, residentes y trabajadores.
Porque una cosa es reclamar mejoras en infraestructuras que dependen de Madrid y otra muy distinta pasar de puntillas por aquellas que dependen directamente de la administración que ellos mismos gobiernan. Quizá los socavones de la A-2227 no tengan tanto atractivo fotográfico. O quizá el problema sea que allí resulta bastante más complicado echarle la culpa a Pedro Sánchez.
Y sobre el alga invasora, ¿qué decir? Se está demostrando que las soluciones parciales no sirven para resolver un problema que se prolonga en el tiempo. Estamos ante una cuestión que trasciende lo puramente municipal, autonómico e incluso estatal y que requiere una respuesta coordinada de ámbito internacional.
Por eso resulta especialmente llamativa la contradicción del Partido Popular, que hace apenas unos días votaba en contra de una resolución en la Diputación Provincial en la que el Partido Socialista reclamaba soluciones a las distintas administraciones. Pero eso sí: una cosa es votar en contra en Cádiz y otra muy distinta venir después a Tarifa, darse un paseíto y pronunciar un discurso cargado de demagogia contra el Gobierno de España.
Porque, al final, parece que la cuestión no es tanto gobernar como decidir de quién es la culpa. Y para eso, nada mejor que una visita, una cámara delante, un discurso contra Madrid y, en esta ocasión, mucho bronceador político.
Eso sí: la carretera A-2227 sigue allí. El tráfico aumenta. Y los socavones también.