Desde la Atalaya: pinceladas del debate

El debate transmitido por Televisión Española entre los principales candidatos al Parlamento de Andalucía dejó varias pinceladas interesantes.

Lo primero es que la mayoría de los titulares coincidieron en que la izquierda acorraló a Moreno Bonilla. Sin embargo, más que la izquierda, lo que sitúa a Moreno Bonilla en una posición vulnerable son sus propias políticas en ámbitos esenciales como la sanidad, la educación o la dependencia. Aun así, buena parte de la población no lo percibe, quizá en parte porque la bonanza económica, con récord de afiliación a la Seguridad Social, genera una sensación de estabilidad basada en el empleo. Por cierto, un empleo que, sin embargo, empieza a verse amenazado por la irrupción de la inteligencia artificial y la transformación del mercado laboral. Aquí, el debate aún es incipiente, mientras otros países ya están diseñando estrategias para proteger a las personas en ese nuevo escenario.

La defensa de lo público fue otra de las grandes cuestiones del debate. Hoy se ha convertido en una bandera compartida por casi todos los partidos, incluso por la extrema derecha, que afirma querer garantizar servicios públicos de calidad bajo el concepto de “prioridad nacional”. Un término ambiguo y peligroso, porque desplaza el foco hacia los inmigrantes como problema actual, pero abre la puerta a futuras exclusiones de las clases populares bajo otros argumentos.

La historia, sin embargo, ofrece una perspectiva clara. Las corrientes ideológicas que hoy cuestionan lo público son herederas de modelos que, en el pasado, legitimaron la explotación laboral, el trabajo infantil o jornadas inhumanas. Olvidar esto es ignorar cómo se han construido los derechos sociales que hoy damos por sentados.

Otra pincelada: llamó la atención la presencia de María Jesús Montero como única mujer cabeza de lista. Su figura, más allá del simbolismo, representa una referencia en materia de igualdad dentro de un panorama político todavía muy masculinizado.

También pesa sobre ella el haber formado parte del Gobierno de Pedro Sánchez, muy cuestionado por determinados medios y pseudomedios que mezclan crítica política con desinformación. En cualquier caso, el PSOE arrastra una contradicción histórica: se le atribuye haber impulsado procesos de privatización, pero, al mismo tiempo, fue responsable de avances decisivos como la universalización de la sanidad o la expansión del acceso a la universidad para las clases populares.

Quizá el problema del PSOE no sea tanto su trayectoria como su dificultad para explicarla. Ha sabido gobernar en distintas etapas, pero no siempre ha sabido construir un relato coherente de sus propios cambios. Reconocer errores pasados no debería interpretarse como debilidad, sino como una forma de reivindicar también los avances logrados que hoy muchos consideran imprescindibles.

En cuanto a las candidaturas situadas a la izquierda del PSOE en Andalucía, el panorama es complejo. El espacio formado por Sumar, Podemos, Izquierda Unida y otras fuerzas menores intenta recomponerse en un escenario de fragmentación interna y tensiones acumuladas. Se trata de acuerdos necesarios, pero también frágiles, que buscan evitar la pérdida de representación más que construir una unidad sólida.

Por otro lado, Adelante Andalucía ha logrado consolidar una identidad propia, con un discurso directo y crítico hacia el Gobierno autonómico, lo que le permite mantener cierto espacio electoral, especialmente en sectores populares, rozando en ocasiones lo populista.

En todo caso, estas formaciones comparten una realidad común: su participación en las instituciones —ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos o el Congreso— las integra plenamente en el sistema democrático y en sus mecanismos de financiación y funcionamiento. Esto es legítimo, pero también implica responsabilidades y contradicciones. En estructuras políticas cada vez más complejas, no es extraño que aparezcan figuras cuya trayectoria profesional se desarrolla exclusivamente dentro de partidos e instituciones. Son los llamados “profesionales de la política”, a quienes a menudo no se les conoce actividad laboral fuera de ese ámbito.

Por eso, el argumento utilizado por Maíllo en el debate para reprochar a Moreno Bonilla que solo ha vivido de la política resulta arriesgado. Este tipo de críticas puede volverse fácilmente en contra de quien las formula, ya que existen numerosos casos dentro de todos los partidos (incluida su coalición) con trayectorias similares, construidas íntegramente en el ámbito institucional o interno de las organizaciones. En política, los argumentos que funcionan como impacto inmediato pueden convertirse en un boomerang si no se sostienen con coherencia. Y eso, a la larga, debilita la credibilidad de quien los utiliza.

En última instancia, la izquierda situada a la izquierda del PSOE tiene un reto claro si quiere crecer: reforzar su presencia en los territorios, en los barrios y en las asambleas de base. La política no puede construirse únicamente desde las instituciones o las direcciones orgánicas; necesita una conexión real con la ciudadanía.

De lo contrario, corre el riesgo de reproducir aquello que critica: una política profesionalizada, alejada de la realidad social y desconectada de las preocupaciones cotidianas de la mayoría.