
Acaba la feria y, con ello, el pueblo regresa a la rutina habitual de lo cotidiano. Y aunque aún quedan unos días de septiembre que presagian una extensión del verano (al menos hasta octubre), no es menos cierto que las rutinas, en la vida de cada uno, vuelven a ser lo habitual.
En estas fechas se inician los cursos escolares, pero también los cursos políticos. Los partidos, en todos sus ámbitos, hacen análisis de la situación y proponen sus estrategias de trabajo. En la política local, en estos días se deberían conocer las propuestas de los políticos que están en el gobierno para dar soluciones a los problemas del municipio que se acentúan en los calurosos meses de verano, porque “haberlos haylos”.
Los políticos de la oposición (a mí me gusta decir, mejor, los que no gobiernan) tienen una doble tarea, pues, además de hacer propuestas para dar soluciones a esos problemas, deben ejercer su labor de control. Y en ese juego de la democracia, donde unos ejercen el poder y otros realizan un control de ese poder, es donde nos debemos situar, tomando como base la palabra respeto. Tener propuestas distintas, exponer ideas contrarias a tus adversarios políticos, … no son nada más que la manifestación de que la vida en sociedad puede tener distintas formas de interpretarse. Normalmente, son aquellas ideas o propuestas que alcanzan el mayor apoyo de la población las que se materializan de forma más fácil por estar en el poder. Pero eso no quiere decir que las ideas que se propongan desde la oposición sean malas.
En Tarifa hay un tema abierto que debería hacer reflexionar a los responsables políticos. La necesidad de planificar a medio plazo el futuro que se quiere para el pueblo. Y ello pasa inexorablemente por revisar y actualizar los documentos que recogen, entre otras cuestiones, las propuestas de desarrollo urbanístico. Por ello, resulta difícil entender ese empeño en agilizar algunos trámites urbanísticos para permitir intervenciones inconexas y desproporcionadas que vendrían a aumentar aún más los problemas que incluso el propio gobierno local denuncia. Este comportamiento político es aún menos comprensible cuando una buena parte de la población pide todo lo contrario, es decir, que se planifique con alturas de miras de cara a los próximos 15 o 20 años y de una forma participativa y participada.
Y en esas estamos, porque cuando alguna persona ejerce la responsabilidad de gobierno y quiere llevar a cabo una serie de actuaciones recurriendo para ello a atajos legislativos, es muy difícil planificar con vistas de 15 o 20 años. Si realmente se quiere tanto al pueblo (como a algunos se les llena la boca), si realmente se quiere que Tarifa tenga un futuro donde algunos de los problemas estructurales (comunicaciones, ciclo del agua, viviendas…) sean superados de una manera fehaciente, se requiere que la gente que hoy ejerce el gobierno no presente una miopía política que les impida ver más allá de sus propias narices. Porque estar en política es o debería ser, fundamentalmente, tener una visión más allá de las narices de uno mismo, es decir, ver lo que incide en el colectivo, en tu pueblo.
Así que la mejor noticia que los partidos políticos nos podrían dar en este nuevo inicio de curso es que han llegado a un acuerdo para abrir los canales de participación a la ciudadanía y entre todos y todas llevar a cabo un estudio detallado y minucioso de la situación del municipio, de los problemas que afronta y, sobre todo, de hacia dónde se quiere llevar el desarrollo del pueblo de Tarifa.
Sería una gran noticia, pero, sobre todo, sería una gran acción política. Recordando aquello que diferencia a la Gloria de la Fama, se nos antoja que quienes sean capaces de llevarlo a cabo serán recordados, sin duda, con el paso del tiempo. Sin embargo, aquellos que toman decisiones cortoplacistas que buscan no se sabe bien qué, su paso por la historia será efímero; podrán tener en un momento dado mucha fama, pero…
Esperemos que las personas dedicadas a la política local tengan amplitud de miras y sean capaces de poner las bases para que la Tarifa de dentro de 15 o 20 años tenga un desarrollo equilibrado y sostenible, tanto social como medioambientalmente. Una Tarifa que, sin perder sus raíces y su esencia, se proyecte al futuro, como hasta ahora lo hicieron nuestros ancestros, como un lugar donde vivir. Buen inicio de este nuevo curso político.