Desde la Atalaya: Los árboles no dejan ver el bosque

En una nota de prensa del partido de Los Verdes de Europa, aparecida en los medios de comunicación, se dudaba sobre el cumplimiento de determinada normativa europea en cuestiones medioambientales. Ello podría, en última instancia, parar las ayudas que se habían solicitado a la Unión Europea para las viviendas de VPO en la zona del Matadero y antiguo colegio del Congo.

Obviamente, a nadie se le puede escapar que las viviendas son más que necesarias en Tarifa, no ahora, sino que lo vienen siendo desde que el libre mercado empezó a campar a sus anchas en nuestro pueblo y, sin ningún pudor, los pelotazos urbanísticos (desde los que compran una finca pequeña y la reforman hasta los que intervienen en grandes superficies) son una constante.

Sin embargo, el hecho de que un grupo político, en el ejercicio de sus competencias, pueda cuestionar una intervención urbanística no debería ser motivo de discursos populistas con descalificaciones personales. Y, sobre todo, dar un discurso de no tener una verdadera perspectiva sobre el desarrollo del futuro del pueblo. Porque, obviamente, aquí lo que se cuestiona es que, si tú no tienes dinero para hacer la VPO y lo tienes que pedir a Europa, en un momento dado esta subvención no te podrá llegar porque se incumplen una serie de cuestiones medioambientales. Sin embargo, si tienes dinero e intervienes en grandes superficies del municipio, no hay ningún problema para que tú puedas incumplir eso que dice Europa.

Nunca mejor dicho, determinados discursos populistas hacen bueno aquello de “los árboles no dejan ver el bosque”. El problema no son estas viviendas de VPO. El problema es que hay un déficit en infraestructuras hídricas que pondría en peligro incluso el abastecimiento del pueblo. Porque la avalancha de la política del ladrillazo tiene los pies de barro. Recordemos aquellos momentos en los que la economía se hundió por culpa de esta política económica especulativa.

Por eso, escuchar el comentario de cierta gente opinando de manera virulenta contra una persona por haber señalado que se puede estar dando un incumplimiento de la norma europea es algo incomprensible. Lo que se debería hacer es ir a la raíz del problema, si tanto les preocupa Tarifa. Son formas de gobernar los pueblos y ciudades cortoplacistas: no miran más allá de sus propias narices y de sentirse cómodos en el gobierno. No afrontar los problemas con una planificación adecuada y con una visión de futuro puede ser pan para hoy y hambre para mañana.

Los alcaldes y alcaldesas de los pueblos y ciudades, en su trato diario con la ciudadanía, consiguen más apoyo que los grandes discursos propagandísticos a través de los medios de comunicación. Moreno Bonilla lo sabe y, por eso, ha pedido tras “su congreso” que los cargos públicos defiendan la gestión de la Junta. Muchos alcaldes y alcaldesas, en su manera de hacer política (favores para mis amigos y reglamento para mis enemigos), ganan más votos que si abordan los problemas de raíz para propiciar una mejor calidad de vida. A él le toca un papel suavón, moderado y sin estridencia. Un papel que para nada se asemeja a lo que está haciendo con los servicios públicos andaluces: destrozándolos. Una conducta que no muestra cómo perdona impuestos a los ricos y perjudica a la mayoría de la ciudadanía. Una imagen que no se corresponde con su visión de libre mercado sobre el urbanismo y la vivienda. De eso, ni hablar.

Moreno Bonilla, que salió en medios de comunicación y redes sociales afirmando y justificando que el sistema sanitario era insostenible por el envejecimiento de la población, debería saber que aproximadamente el 20% de la población andaluza tiene más de 60 años. Afortunadamente, porque es una fortuna y no un problema, más del 80% de la población andaluza nacida en el baby boom superará los 80 años y podrá llegar en buena medida a los 90.

Frente a este envejecimiento poblacional y la falta de natalidad, los cambios en la sociedad también se verán mediados por la cantidad de personas migrantes que tendrán que venir, si no se cambia de paradigma, a socorrer el sistema económico y social. Por ello, el PP debería empezar por aceptar a las personas migrantes que ya están en nuestra tierra, y debería empezar a tratarlos y considerarlos como unos andaluces más. Pero difícil lo vemos, pues esto choca frontalmente con el discurso y pactos del PP (cada vez más girado a la extrema derecha). Unos discursos que suelen ver y generar problemas donde realmente hay oportunidades. Otro discurso que hace bueno eso de que “los árboles no dejan ver el bosque”.