Desde la atalaya: La vuelta como un calcetín

En unas declaraciones en el Congreso andaluz del PP, el ínclito Bendodo afirma que quieren para España lo que el PP ha hecho en Andalucía, que “le ha dado la vuelta como un calcetín”. Unas declaraciones un tanto controvertidas porque, evidentemente, a un calcetín se le puede dar la vuelta para bien o para mal.

A la sociedad andaluza, en un giro copernicano en materia política, el PP le está dando la vuelta para establecerla como una de las más neoliberales del Estado español. Lo primero que supone este tipo de maniobra política es dar la vuelta a los sistemas de los servicios públicos. Por ello, la sanidad y la educación, como también otras muchas políticas sociales, se han deteriorado como nunca con los gobiernos del PP.

Aunque los convenios con empresas privadas en sanidad se iniciaron en épocas anteriores, nadie puede negar que ahora se hayan disparado los contratos derivados a la sanidad privada. Las mareas blancas han demostrado cómo se ha ido descapitalizando la sanidad pública al tiempo que se daban cada vez más millones de euros a las empresas privadas. Toda una vuelta al calcetín, muestra de ese neoliberalismo que, si no se para, puede dejar a la sanidad pública como la beneficencia del siglo XIX.

Los populares han condenado a la sanidad pública y, por ello, no debe extrañar que aparezcan situaciones tan dramáticas como el fraude de los cribados. Fraude porque, en teoría, la administración del PP ha dicho que se han prestado unos servicios, pero en la práctica estos servicios han sido nulos y han sometido a las mujeres a un alto riesgo para su salud. Fraude porque el PP, a la hora de asumir responsabilidades, ha intentado que éstas no afectaran al máximo responsable: el presidente de la Junta de Andalucía: Moreno Bonilla (al igual que Mazón fue el máximo responsable de no activar las alertas en la DANA). Porque si Moreno Bonilla no era consciente de lo que estaba pasando con la sanidad pública, es una persona poco adecuada para llevar las responsabilidades del Gobierno de Andalucía. Por el contrario, y aun peor, si lo sabía, se convertiría en cómplice de una estrategia de desmantelamiento de este servicio público y, por lo tanto, cómplice de lo que se estaba haciendo con los cribados del cáncer de mama y de otras enfermedades.

La vuelta como un calcetín también se la están dando a la enseñanza. Desde la etapa de educación infantil hasta la universidad, el Partido Popular tiende de nuevo a volver a priorizar lo privado sobre lo público.

Nuestros gobernantes del PP no tienen reparo en aumentar las ratios en el centro de educación infantil de 0 a 3 años sin aumentar los recursos humanos y materiales para atender a esos niños y niñas. Otra muestra de un neoliberalismo que quiere volver a estos centros educativos al concepto de guardería, es decir, un lugar donde se guarda, no donde se educa. Y en esa manera de entender la educación, el Partido Popular es incapaz de garantizar los recursos especializados para la atención a la diversidad y las ratios de alumnado que tienen que atender los especialistas se disparan por las nubes, haciendo imposible una atención eficaz.

La Formación Profesional no ha corrido mejor suerte. Desde el primer gobierno de Moreno (con el extinto Ciudadanos al frente de la Consejería de Educación), la FP empezó a privatizarse de manera bestial. Hoy en día, la apuesta del PP por desmantelar la formación profesional pública parece que toma más cuerpo con lo que ello supone de enriquecimiento de sectores privados a costa de los fondos públicos.

Lamentablemente, en esta cruzada contra lo público no escapa la universidad. La derecha andaluza parece que está dispuesta a seguir el modelo de la Comunidad de Madrid con la asfixia económica de las universidades públicas que pone en peligro su funcionamiento. Mientras, año tras año siguen apareciendo universidades privadas, muchas de ellas sin la calidad suficiente, que hacen su agosto bajo el paraguas del neoliberalismo.

Pero no sólo la educación y sanidad, así como otros servicios públicos, es lo que está en peligro. El modelo de entender la vida por los gobiernos locales del PP en zonas de influencias turísticas muestra esa otra cara del neoliberalismo y vuelven a apostar por un modelo del ladrillazo, es decir, de operaciones especulativas con recalificaciones de terrenos donde sacar pingües beneficios.

Hay que coincidir en que realmente con estas medidas políticas a Andalucía se le está “dando la vuelta como un calcetín”. Pero mucho nos tememos que para mal de la mayoría.

A mi Prim.