Estos grupos y personajes políticos que juegan al engañabobos cuentan con la ventaja de lanzar mensajes dirigidos más a lo emocional que a lo racional. Y ya se sabe que, en esto de las elecciones, también hay un componente emocional, para bien o para mal. Frente a ello, es de agradecer a quienes, teniendo algunas posibilidades de salir elegidos, lo llevan con seriedad y sin estridencias.

Se acercan las elecciones autonómicas y, a partir de ahora, muchas personas dedicadas a la política local completan las listas electorales a nivel provincial. Ningún grupo o partido queda exento de polémica, porque muchos serán los llamados, pero muy pocos los elegidos, parafraseando ese mensaje evangélico.
Las listas siempre se configuran siguiendo un principio común: las disputas se producen por los puestos, en función del número de parlamentarios que se puedan obtener. Así es la cosa. Luego, como se sabe, se completan hasta un número total de personas elegibles por esa circunscripción, más algunos suplentes.
Realmente, hay muy pocas posibilidades de que, en nuestras elecciones autonómicas, la inmensa mayoría de las personas que van en listas resulten elegidas como cargos electos. Solo quienes figuran en posiciones próximas a lo que su grupo político obtuvo en las últimas elecciones (o, al menos, alguna vez en su historia) tienen la posibilidad de alcanzar la responsabilidad de sentarse en el Parlamento andaluz.
En nuestro municipio, la presencia más destacable en la lista de un partido por la provincia de Cádiz es la de Francisco Ruiz. El portavoz socialista y anterior alcalde ocupa un lugar de salida en la candidatura socialista, como número cinco. Le queda relativamente lejos la posibilidad de salir elegido, pues en la última elección el PSOE en Cádiz obtuvo tres parlamentarios, aunque en varias ocasiones ese número fue superado. No obstante, no es imposible, porque en política nada lo es; si no, que se lo pregunten a Viktor Orbán, en Hungría.
La actitud de este político local hasta ahora, en lo referido a este asunto, ha sido sensata y discreta, sin grandes promesas ni localismos. Frente a ello, llama la atención que quienes ocupan números en sus candidaturas que prácticamente les aseguran que no saldrán elegidos como parlamentarios alardeen, sin embargo, de ese puesto. Todo ello basado en una falsa premisa: intentar vender que el municipio en cuestión estará mejor representado en Sevilla si se vota a ese partido, porque en la lista va un vecino que trabajará para ello. En este caso, lo tienen difícil los grupos que se presentan y que solo tienen presencia en algunas ciudades y pueblos. ¿Cómo van a representar al conjunto de la provincia?
Pero, además, resulta patético cuando los grupos políticos saben que, por el lugar que ocupa esa persona, nunca podrá salir elegida. Aún más patético es que se intente hacer creer que la persona elegida se dedicará exclusivamente a su pueblo o municipio. Todos sabemos que, cuando terminan las elecciones, esto suele diluirse, en la mayoría de los casos, como un azucarillo en agua, y difícilmente se volverá a ver a esos cargos públicos preguntando a la gente por los temas que les afectan, ya que la agenda no la suele marcar la ciudadanía, sino que se maneja en los grupos parlamentarios y en las ejecutivas de los partidos correspondientes.
Estos grupos y personajes políticos que juegan al engañabobos cuentan con la ventaja de lanzar mensajes dirigidos más a lo emocional que a lo racional. Y ya se sabe que, en esto de las elecciones, también hay un componente emocional, para bien o para mal. Frente a ello, es de agradecer a quienes, teniendo algunas posibilidades de salir elegidos, lo llevan con seriedad y sin estridencias.
Así es como, entre promesas, fotos y titulares, algunos siguen jugando a eso de ir en lista… y, de paso, ir de listos.
