
Las noticias sobre la forma de gobernar de determinados dirigentes del PP escandalizan a la sociedad. En estos días en los que se rememoran los trágicos sucesos de la DANA en la Comunidad Valenciana, vuelven a poner sobre el tapete la irresponsabilidad manifiesta de la primera autoridad de esa autonomía. El ínclito Mazón no apareció en el lugar en el que debía estar hasta que las víctimas ya se contaban por centenares.
Los estremecedores audios y vídeos de quienes perdieron a seres queridos o veían peligrar su vida deberían tener incidencia o repercusión en cualquier corazón y mente. Pero, lamentablemente, no es así. Sigue habiendo quienes, desde posiciones ideológicas o simplemente por mantener un puesto de trabajo que les hace vivir de la política, intentan justificar lo injustificable.
La escapada hacia delante de Mazón, intentando culpar a los demás y no asumir responsabilidades desde un principio, fue apoyada en un primer momento por toda la gente de su partido (desde los jefes hasta el último militante). Una estrategia equívoca, ya que, como se suele decir, la mentira tiene las patas muy cortas. Conforme la Justicia ha ido indagando sobre cómo se sucedieron los acontecimientos en ese trágico día, cada vez parece estar más claro, y así se transmite a través de los medios de comunicación no controlados por la derecha, que la dejación de responsabilidades fue manifiesta.
Y esto no es nuevo. Ya sucedió con las 7.291 personas que fallecieron por los llamados protocolos de la vergüenza que el gobierno de la señora Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid, tuvo a bien diseñar y ejecutar. Y todo ello sin el más mínimo rubor. Incluso lo llegó a justificar porque, según sus propias palabras, “había muertos en todas partes; en las casas, en los hospitales, en las residencias”. Unos protocolos que, solamente, incidían en aquellas personas que no tenían seguros privados. El País, en un artículo de fecha 11-06-2020, señala que “en los días en que los mayores de residencias enfermos de COVID-19 eran rechazados por los hospitales públicos, sus compañeros con seguro privado gozaron de un salvoconducto para ser atendidos en una cama de hospital en Madrid”.
Una prueba más de cómo las políticas del PP inciden negativamente en las clases populares. Porque aquellas personas que, estando en residencias, contaban con recursos económicos suficientes para pagar un seguro privado, no fueron sometidas a dichos protocolos de la vergüenza. Como señaló InfoLibre, el 65% de los mayores derivados a hospitales salvaron sus vidas. Al día de hoy, esta señora, aún hoy, se permite el lujo de dar clases de ética y moral política (sobre el aborto, la flotilla solidaria con el pueblo palestino en Gaza, …). No tiene reparo ninguno en difamar, ensuciar e inventar falsas noticias. Y lo peor es que hay una masa de población que se las compra.
En la política del PP, lo último y más reciente aparecido son los efectos perniciosos sobre la salud de miles de mujeres andaluzas que el gobierno de Moreno Bonilla ha provocado con el desmantelamiento de la sanidad pública en nuestra tierra. Un gobierno que viene ahora a vender unos presupuestos multimillonarios de los que destinará una parte importante a sanidad. Mucho nos tememos que estos recursos puedan ir de nuevo, como viene sucediendo, a empresas privadas.
El Partido Popular supedita su visión de la vida a un liberalismo decimonónico trasnochado donde quien más dinero tiene se puede salvar de morir en una residencia de mayores. O puede hacerse una mamografía y tener los resultados a tiempo para atajar el cáncer de mama de manera precoz.
Todo ello sin olvidar que, entre 2012 y 2017, cuando el PP gobernó en España, mientras la gente de a pie veía recortado su nivel de vida y prestaciones, Rajoy premiaba a los poderosos (como ha destapado el caso Montoro). Más de 120.000 personas tuvieron que dejar sus estudios, recortes en becas, se llevó a cabo el medicamentazo, más de 400.000 personas fueron desahuciadas, las pensiones prácticamente se congelaron, aumentó la pobreza infantil…
Pero, como hemos dicho, esto lo hacen porque tienen un apoyo social. Lo hacen porque en los pueblos y ciudades hay gente que pone la cara por ellos. Gente afiliada de base o cargos públicos que defienden esta gestión, esta forma de entender la política. A ellos habría que preguntarles por las muertes producidas por el fallo en las mamografías, por las de la Dana y por las de los protocolos de la vergüenza. Porque a nosotros solo nos queda una pregunta: ¿los apoyan por inconsciencia, indolencia o complicidad?