Desde la atalaya: Frente Amplio y representación territorial

El verdadero problema a la hora de configurar un Frente Amplio no está tanto en la base de las propuestas programáticas, en las que la inmensa mayoría de los partidos situados a la izquierda del PSOE pueden coincidir, con medidas de mayor o menor calado, pero con un diagnóstico muy similar sobre los problemas que afectan a la mayor parte de la población. Posiblemente, el mayor problema esté en su articulación territorial, si realmente se quiere hacer bueno eso de la España federal.

Lo de Podemos fue un sueño efímero porque no se supo consolidar en el territorio y pronto surgieron las divisiones internas. Pero habría que recordar que Podemos y las confluencias fueron capaces de aglutinar en 2016 un buen número de votos en zonas donde el nacionalismo de izquierdas tenía una alta presencia, como Cataluña y el País Vasco, e incluso en la Comunidad Valenciana y Galicia.

Sin embargo, el escenario cambió hace bastante tiempo. Tras el nacimiento de Más Madrid, el intento de crear Más País y la posterior aparición de Sumar —otra oportunidad fallida—, todo se complicó aún más. Hoy, la presencia de la izquierda alternativa al PSOE se articula en múltiples grupos que, según las zonas de influencia, tienen una presencia significativa o, por el contrario, prácticamente nula.

Por lo tanto, la integración de los distintos grupos en cada territorio debería pasar por una concepción generosa por parte de aquellos que tienen una estructura estatal. Así, por ejemplo, si en Aragón la Chunta Aragonesista es la que mayores posibilidades tiene de obtener mejores resultados, debería ocupar los primeros puestos de la candidatura y, al mismo tiempo, hacer hueco en esos primeros puestos a representantes de otras opciones. En este caso, por ejemplo, podrían entrar Izquierda Unida de Aragón y en un segundo lugar Podemos Aragón.

Lo mismo pasaría en Galicia, donde el BNG es la fuerza de izquierdas de carácter indudablemente nacionalista y mayoritaria, y en la Comunidad Valenciana, donde Compromís debería abanderar ese Frente Amplio. Por lo tanto, las fuerzas con presencia en otros territorios del Estado español no deberían disputarles los primeros puestos, sino acompañarlas en ellos. A fin de cuentas, es lo que ha pedido Más Madrid: que sus líderes, referentes de la izquierda en la Comunidad y representantes de la fuerza progresista más votada, sean los cabezas de cartel por esa circunscripción.

Más difíciles son las cuestiones del País Vasco y Cataluña, donde las opciones de izquierdas de carácter nacionalista tienen una importante implantación y, por lo tanto, sería muy difícil integrarlas en un Frente Amplio de ámbito estatal. En estos territorios debería plantearse la posibilidad de crear candidaturas que dieran cabida a los distintos grupos que no se sienten representados por las opciones existentes.

En Andalucía, esta situación no es menos compleja. La irrupción de Adelante Andalucía en las últimas elecciones autonómicas le ha dado una representación incluso superior a la de las fuerzas de izquierda tradicionales en esta comunidad autónoma, como Izquierda Unida y el núcleo del Partido Comunista en Andalucía.

Por lo tanto, habiéndose descartado ya la posibilidad de un Frente Amplio en Andalucía por parte de la formación de Teresa Rodríguez —porque, no nos olvidemos, sigue siendo Teresa Rodríguez quien es entrevistada en televisiones de ámbito estatal para analizar la situación política andaluza, y por algo será—, la necesidad de activar las asambleas de base y las organizaciones de la izquierda tradicional, como el Partido Comunista e Izquierda Unida, es algo más que una necesidad: es un imperativo.

Solo así se podrán defender las posiciones progresistas que tradicionalmente han llevado a los diputados de izquierdas al Congreso.

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alfonso
alfonso
Visitante
10 horas

El mayor problema está en los personalismos, todos quieren su poltrona y el sueldazo que comporta y sólo habrá migajas a repartir.