
La semana se despide con la sentencia que debía haber motivado el fallo prematuro que condenaba al fiscal general del Estado. Distintos analistas políticos y jurídicos, profesores de universidad y ex-magistrados del más alto nivel ya habían anticipado que la sentencia tendría difícil poder justificar el fallo que tanto dio que hablar. Cuando se ha hecho pública, el revuelo aún ha sido mayor. Especialmente ha sido muy comentada una frase, y es, a todas luces, la que ha centrado la valoración técnica y por qué no, también ética de dicho fallo. Nadie de esas personas especializadas en estos asuntos jurídicos puede dar crédito que se haga referencia a que solo era factible que “el fiscal o alguien de su entorno hubiera filtrado el correo”. Y no lo comprenden porque, implícitamente, está reconociendo, que no se sabe realmente quién fue el que produjo esa filtración si la hubo.
Dicho esto, parece que el mayor daño que se le hace al sistema jurídico español no sale de posiciones que cuestionan cómo la transición hacia la democracia no conllevó un cambio en las estructuras del poder judicial. Lamentablemente, el sistema se desacredita más por el uso o abuso que, en determinados momentos, se puede hacer de él, por personas con altas responsabilidades en las estructuras del Estado.
Parece mentira que la sentencia más que aclarar el fallo haya enturbiado aún más todo este proceso. Algo que se pone en su justa medida si se escuchan los argumentos de los dos votos de calidad emitidos por las juezas que formaban parte del tribunal. Estas magistradas aseveran que no se puede culpar al fiscal general del Estado.
Si algo parece que estos hechos ponen sobre el tapete es la relatividad en la visión que sobre un determinado hecho o acontecimiento se pueda tener. Una relatividad que puede ser trasvasada a cualquier acontecimiento de la vida política, incluso en el ámbito local. Así, por ejemplo, tras el evento gastronómico celebrado en el mercado de abastos por el 190 aniversario de su creación, (una cifra curiosa para festejar donde las haya) las valoraciones han sido de una total euforia por el éxito de dicha jornada a otras de incertidumbre. La primera, se ha dimensionado desde medios cercanos al gobierno local. Frente a ella, otra que no ha salido a la luz pública pero que hace referencia a la preocupación por parte de algunos comerciantes que temen que el próximo objetivo de la economía neoliberal del Gobierno del PP y NAT se centre en el mercado. Temen que éste empiece a dejar de ser un lugar no de compra de productos (como lleva sucediendo desde hace 190 años) y se convierta en un lugar de copas y bares.
Algunos comerciantes que llevan generaciones en el mercado se plantean si este tipo de iniciativa no es la cabeza de puente de una operación mucho más ambiciosa que pasa por incorporar los puestos que están vacíos actualmente por este tipo de negocios de bares para, posteriormente, ir haciendo desaparecer a las tradicionales fruterías, carnicerías, panaderías, pescaderías,… algo nada descabellado, pues ya ocurre en otros mercados que dejaron de usarse para el fin que fueron creados.
No es de extrañar esta preocupación, aunque seguro que si se hace será a medio o largo plazo, ya que no se pueden pisotear los derechos de las personas y familias que allí trabajan desde hace décadas. No tantas como lleva la plaza de abastos funcionando; pero sí muchos de ellos, desde el siglo pasado.