Desde la atalaya: andaluzas y Zapatero

Dos hechos vienen a exigir a los partidos progresistas replantear sus estrategias de cara al futuro. De una parte, los resultados electorales en Andalucía. Se escucha que la sociedad andaluza se ha derechizado o que los partidos de izquierda de ámbito estatal deben aceptar que el problema son ellos. Afirmar estas cuestiones tras una derrota sin paliativos de las fuerzas progresistas es, cuando menos, ingenuo.

Nadie puede discutir que la sociedad andaluza ha cambiado y que, en ese cambio, determinados sectores sociales se preocupan más por disfrutar de unas vacaciones en un complejo hotelero en temporada baja —en la alta son ellos quienes sirven— que por la defensa de la sanidad o la educación pública. El sistema ha sido hábil. Quienes realmente manejan los hilos saben que mucha gente se conforma más con tener que con ser. Pero eso no quiere decir que sea de derechas. El voto cambia en cada elección; no es patrimonio de unas u otras siglas, aunque sí existan tendencias hacia uno u otro espectro político.

En segundo lugar, se vende como un triunfo de las izquierdas soberanistas. Yo discrepo. Creo que el triunfo consiste en mostrarte como una herramienta válida para la defensa de determinadas cuestiones. En este caso, todos los grupos han llevado propuestas similares en defensa de lo público, la vivienda, etc. Entonces, ¿por qué unos suben, otros se estancan y otros bajan?

Quizás las herramientas habituales, que no han sabido o podido acabar con estos problemas, han generado desconfianza sobre por qué iban a hacerlo ahora. Unas siglas nuevas, con un lenguaje llano, con un acento propio y sin la quemazón de gobernar en España en un periodo tan caracterizado por el “hundir la flota”, han sido visualizadas como una esperanza. Algo similar pudo pasar con Podemos, que, tras alcanzar resultados históricos en el marco de la izquierda, luego ha quedado desdibujado tras los ataques recibidos y que fueron orquestados por quienes realmente mandan.

Lo de Por Andalucía es significativo. La política de salón institucional practicada en la última legislatura no le ha servido. Los conflictos locales en defensa de lo público no han contado, en muchas ocasiones, con la presencia de los representantes territoriales en la cámara andaluza. Eso sí, luego han podido hacer un discurso muy aplaudido, pero desconectado de la gente.

Frente a ello, el líder de la izquierda catalanista, Gabriel Rufián, toma impulso y se ofrece para articular, a nivel de todo el Estado, esa herramienta nueva en la que la gente de a pie pueda confiar y que aglutine a todas las personas progresistas a la izquierda del PSOE. Veremos si hay sentido común o si pronto empieza el juego de “hundir a Rufián”, mientras los reaccionarios, con sus medios de comunicación, sacan un vademécum de declaraciones que dañen su imagen en algunos territorios donde la derecha siembra el mensaje del odio hacia lo vasco o lo catalán.

Y ahora, José Luis Rodríguez Zapatero. Parece ser que, con colaboración de Estados Unidos, el expresidente ha sido investigado por determinados negocios a través de sus asesorías. La socialdemocracia tiene eso: confiar en el mercado cuando se sabe que el pez grande se come al chico.

En relación con este asunto, me llega una entrada en Facebook del político vasco-venezolano Iñaki Anasagasti atacando a Zapatero de una forma inimaginable. Por otro lado, leo y escucho las opiniones de prestigiosos juristas que hablan de una imputación sin fundamento. El tiempo dirá.

A mí me queda la siguiente reflexión. Zapatero, tras su paso por la política, creó asesorías donde ganar dinero. Eso, para Anasagasti, es una muestra de corrupción, sobre todo si media con países con gobiernos no capitalistas. Sin embargo, justifica que Josu Jon Imaz, dirigido por otro expolítico nacionalista vasco y actual presidente de Repsol, diga “golfo de América” delante de Trump y vaya a hacer negocios con él.

La vara de medir de este político vasco y azote neoliberal es doble: unos pueden negociar y lo hacen bien, y los otros son corruptos. Lo malo de este análisis es que mucha gente lo traga porque nadie afea que la gente de derechas entre en el mercado —donde están quienes realmente mandan— para enriquecerse, mientras que a los de izquierdas solo se les ve bien su uso para consumir. Por eso duele China: porque entró, y cómo entró, en el mercado internacional.

Esperemos que ZP solo haya caído en la ingenuidad de entrar en el mercado sin el permiso de ellos, porque cobrar por mediar lo hacen a diario muchas profesiones, como los abogados cuando cobran por una indemnización en un juicio, y eso no son comisiones.

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Gaspar J Perea
Gaspar J Perea
Visitante
2 meses

En relación con la frase publicada en este artículo que compara el “caso Zapatero” con el cobro de los abogados, es imperativo aclarar un error conceptual grave: los abogados no cobramos “comisiones”, cobramos honorarios profesionales.

  • Naturaleza jurídica: Una comisión suele ser un porcentaje por intermediar en una operación comercial. Los honorarios de un abogado son la retribución por un servicio profesional de defensa, un trabajo técnico sujeto a estricta regulación, deontología y una fiscalidad transparente (facturada con su correspondiente IVA e IRPF).
  • La “cuota litis”: Vincular los honorarios al resultado de una indemnización es un pacto legal y legítimo (cuota litis) que asume el riesgo del proceso junto al cliente. Equiparar el fruto de un trabajo de defensa jurídica con comisiones de intermediación política o comisiones opacas es falso, demagógico y una falta de respeto a una profesión esencial para el Estado de Derecho.

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