
El 23 de junio, vísperas de San Juan y como si fuese a quemar todo lo malo, Nuevos Aires había vuelto a poner en jaque el pacto de gobierno y, a través de su medio de comunicación habitual (un diario comarcal), se daba un plazo de 48 horas volviendo a amenazar con abandonar el gobierno.
Y mira por dónde, esta vez ha sido el alcalde quien ha optado por cambiar responsabilidades en el gobierno local. Cambios sobre los cuales, posiblemente, no habrá explicaciones reales de lo que ha ocurrido. Por ello, las hipótesis sobre qué han motivado dichos cambios se disparan en los mentideros políticos y sociales.
Y es que pasar de un órdago por parte de los concejales de Nuevos Aires con la ruptura del pacto a producirse la pérdida de competencia del primer teniente alcalde es todo lo contrario a lo que se podía esperar. Lo sucedido puede ser interpretado como que el PP, posiblemente asesorado por los cargos provinciales que visitaron el Ayuntamiento recientemente, ha decidido doblegar a Nuevos Aires y mostrarlos como unas personas que no quieren dejar el poder bajo ningún concepto. Al mismo tiempo, el PP se pone como interlocutor directo de los asuntos urbanísticos. Por cierto, ¿seguirá siendo asesorado el alcalde por las mismas personas que asesoraban al anterior concejal de urbanismo?
Esta reestructuración de cargos algunos la justifican para dotar de mayor eficacia y especialización a la gestión municipal pero que una simple lectura muestra que el nuevo organigrama es como un puzle mal ensamblado. Quien peor queda es, sin duda, al concejal de seguridad ciudadana, que había hecho de esta parcela su leitmotiv (recordemos la entrega de premios, condecoraciones y otros eventos). Como también deja tocado su discurso en el ámbito del urbanismo (pieza fundamental en lo que en esta legislatura se ha venido a conocer con el nombre de criterio empresarial). Sus amenazas de abandonar el gobierno porque había varios proyectos paralizados y que el PP no era valiente para impulsarlos han quedado diluidas. El daño colateral ha sido para el diputado provincial a quien le quitan Turismo; ¿no estaba contento el alcalde con su gestión?
Mientras esto se cocía, Tarifa se sumaba, como la inmensa mayoría de los municipios, a celebrar el Día del Orgullo. Una celebración que, sin duda, ha tomado cuerpo y mezcla lo festivo y lo reivindicativo, aunque sea lo primero lo que prime para mucha gente.
Y en estas estábamos cuando este medio publicó una noticia sobre unas piletas de piedra encontradas en una obra promovida por un grupo inmobiliario con gran poder en Tarifa. Afortunadamente, los documentos gráficos demuestran que se actuó de una manera irresponsable por parte de la empresa, ya que no se valoraron los restos encontrados por los técnicos pertinentes y se destruyeron.
Establecer una relación entre este hecho y la política local podría parecer una quimera, pero, sin embargo, se antoja bastante fácil. Hace ya más de dos décadas, el primer gobierno progresista de coalición en Tarifa y el concejal de Cultura (por cierto, no nacido en Tarifa, pero que ha mirado más por su patrimonio que otros que se la dan de muy pero muy tarifeños) dieron los primeros pasos para contar con personal especializado en arqueología que supervisara las obras e intervenciones en el territorio. Se trataba de garantizar la conservación del patrimonio histórico-cultural.
Esto, a simple vista, fue un avance sustancial; pero, en algunos casos, pudo chocar con el criterio empresarial que parece primar en la política tarifeña. Solo hay que pensar que, de aparecer restos con valor en las obras, posiblemente, se retrasarían estas. Lo que podría suponer un aumento del gasto. En el 2011 el PP despidió al arqueólogo, que luego, tras varios intentos por consolidarlo, dejó de ser plantilla municipal.
Cualquier grupo político que se precie de defender a Tarifa, su patrimonio y su gente debería hacérselo mirar y llevar en su programa electoral la recuperación de este perfil técnico que va más allá de supervisar obras. Porque sobran los motivos, como muy bien describió el que ha sido el único arqueólogo municipal en la historia de nuestro pueblo: “En un municipio con gran riqueza en patrimonio histórico como Tarifa, pero que a la vez cuenta con pocos medios materiales y humanos debido a su reducida población, la labor de un arqueólogo ha de atender múltiples facetas, abarcando los tradicionales pilares de investigación, conservación y difusión, con una perspectiva global que en algunos municipios se denomina Técnico de Patrimonio Histórico.”
Posiblemente, haya que esperar otros cambios de gobierno para no ver piletas destrozadas.