Buenos Aires o… un pato disfrazado

Por Bartolomé Iglesias Quintero, ex concejal y ex secretario local socialista 

 

Decía el filósofo que la suma de los cuadrados de los catetos, no siempre resulta una hipotenusa al cuadrado perfecta. Aunque en este caso puede pensarse que sí. En nuestra milenaria ciudad cada vez que se acercan unos comicios municipales comienzan a surgir movimientos vecinales en defensa de los intereses generales, que brillan por su ausencia durante los años precedentes a las citadas convocatorias.

No seré yo quien critique el asociacionismo de los ciudadanos para la defensa de fines lícitos, asociaciones de vecinos, asociaciones de padres y madres de alumnos, asociaciones deportivas, asociaciones políticas, muy al contrario, siempre he procurado participar y fomentar la implicación del máximo número de gente posible en éste tipo de formas de colaboración por el interés general. Tengo que decir el éxito de convocatoria no siempre ha resultado llamativo.

Dicho lo anterior, cuando me presentan “un pato” con un pico postizo de ornitorrinco, con plumas de canario, con patas de golondrina y con cola de gaviota que a la primera sacudida comienza a desprenderse de los añadidos y resulta que queda lo que parecía desde el principio: “un pato”. Estrategia nada ilícita por cierto pero sospechosa de que los propios promotores de éste “pato” no quieran que se sepa de su naturaleza.

En estos tiempos que vivimos todo lo que huele a política se ha desnaturalizado por intereses espurios ajenos a la misma. Se intenta alejar al pueblo de su participación en la toma de decisiones que afectan a nuestras sociedades de cualquier movimiento llamado a provocar el asociacionismo, en definitiva, la implicación de la gente en participar en la toma de decisiones que le afectan a sus vidas y a los de sus semejantes, es decir participar en “política”. Cualquier iniciativa encaminada a promover el acercamiento del común de los mortales al control de lo público debe de ser bienvenido, pero no intentes ocultar que eres “un pato”, creo que deberías sentirte orgulloso de serlo y de presentarte sin añadidos aunque seas “el patito feo”.

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