Desde la Atalaya: condecoraciones, churros y meninas

En este último pleno hemos podido observar dos tendencias. Por una parte, un Gobierno municipal empeñado en justificar lo injustificable y presentar propuestas destinadas, en ocasiones, a contentar a su parroquia. De otra una oposición de PSOE y Ganar Tarifa que no desfallecen a la hora de plantear cuestiones para la mejora de la vida en Tarifa.

Hay que reconocer el mérito, tanto a quienes gobiernan como a quienes están en la oposición, de aguantar las más de ocho horas que pueden durar los plenos ordinarios del Ayuntamiento. Para quienes creen que los plenos no sirven para nada, habría que recordar que allí se toman decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana, pero también afloran las contradicciones de quienes intentan falsear la realidad y culpar a los demás de su acción de gobierno.

En este último pleno hemos podido observar dos tendencias. Por una parte, un Gobierno municipal empeñado en justificar lo injustificable y presentar propuestas destinadas, en ocasiones, a contentar a su parroquia. De otra una oposición de PSOE y Ganar Tarifa que no desfallecen a la hora de plantear cuestiones para la mejora de la vida en Tarifa.

Con respecto a la primera, resulta llamativo que, en los reconocimientos por colaboración con la Policía como en los concedidos por Protección Civil, el Gobierno local haya tratado de disimular la arbitrariedad que, a nuestro juicio, ha rodeado algunas de estas distinciones. Entre los reconocidos aparecen personas vinculadas al PP, tanto en el ámbito local como en la Junta de Andalucía, y se excluye a otros responsables políticos que también han colaborado en situaciones de emergencia. Se escudan en las propuestas que se han hecho, pero obvian que tanto el jefe de la Policía Local como el responsable de Protección Civil han sido nombrados por este Gobierno municipal. Lo demás es pecar de ingenuidad.

Utilizar las instituciones públicas para proporcionar un escaparate a representantes políticos cuando lo que han hecho es cumplir con sus funciones resulta, cuando menos, esperpéntico. Este gobierno municipal se ha aficionado a repartir reconocimientos y medallas a diestro y diestro. Una vez puede colar, pero cuando se convierte en costumbre, el “trágala»” resulta cada vez más difícil de digerir.

La segunda cuestión que dejan en evidencia los plenos son las contradicciones del PP y NAT. Por ejemplo, cuando se preguntó al concejal de Vivienda si consideraba que las promociones de Albacerrado, después del cambio de uso del suelo de turístico a residencial impulsado por ellos, suponían una oportunidad para que los tarifeños pudieran acceder a una vivienda.

El concejal, que alabó esta iniciativa como una oportunidad para los tarifeños, no fue capaz de responder con claridad a las preguntas del portavoz socialista y apeló, cómo no, al libre mercado, obviando que fue este gobierno local el que facilitó que terrenos destinados inicialmente a la construcción de un hotel terminaran convertidos en suelo residencial para viviendas de renta libre y sin VPO.

La contradicción se hace todavía mayor cuando, poco antes, este mismo concejal defendía el proyecto hotelero de las Piñas porque, según él, apuesta por un turismo de alto nivel capaz de generar puestos de trabajo para Tarifa. Incluso relacionó los estudios de FP del IES Almadraba con las oportunidades laborales que generaría ese proyecto.

Así que, por una parte, se defiende un proyecto turístico por los puestos de trabajo que puede generar y, por otra, se elimina el uso turístico de una parcela para construir viviendas de renta libre. Viviendas en las que, como apuntó el portavoz socialista, con 250.000 euros, en algunos casos ni siquiera se podrá comprar un apartamento, sino que habrá que conformarse con un estudio. Parece que ahí los puestos de trabajo que podría haber generado un hotel ya no son tan importantes.

Pero aún más incómodo le debió resultar que el portavoz de Ganar Tarifa preguntara al alcalde si algún concejal del equipo de gobierno estaba trabajando como asesor para empresas privadas. El portavoz de NAT se dio por aludido y su respuesta estuvo cargada de jurisprudencia y referencias al marco constitucional. En esencia, dejó entrever que no habría problema en que un concejal asesorase a empresas privadas siempre que estas no entraran en conflicto con el Ayuntamiento. Pero ¿qué ocurre si esas empresas pertenecen al sector de la construcción y desarrollan su actividad en ámbitos relacionados con decisiones municipales? La situación merece una explicación clara y transparente.

Frente a ello, la oposición desplegó mociones, preguntas e iniciativas que muestran otro modelo de hacer política. Las mociones del Partido Socialista, aprobadas por unanimidad, sobre la mejora de viarios y carreteras ponen sobre la mesa que los intereses de Tarifa deberían estar por encima de los partidistas, especialmente cuando se defienden reivindicaciones justas para el municipio.

Por su parte, las preguntas y propuestas del portavoz de Ganar Tarifa sobre qué modelo de ciudad queremos —participativo o no— plantean un proyecto construido con la participación de sus vecinos y pensando en el futuro.

Quien vea o escuche este pleno podrá comprobar que han quedado al descubierto las contradicciones del equipo de Gobierno. Frente a una política que parece mirarse demasiado al ombligo, repartiendo medallas y reconocimientos, la oposición ha presentado iniciativas que permiten imaginar otro modelo de ciudad: más sostenible social, económica y medioambientalmente.

Y, por si faltaba algo, todos podemos tener un lapsus. La portavoz del PP acusó a alguien de “mezclar churros con meninas”. Una expresión que, o bien fue una nueva metedura de pata, o bien merece que nos expliquen qué significa este nuevo dicho. Porque, en Tarifa, hasta para repartir medallas hay que saber distinguir entre churros y meninas.

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