Desde la Atalaya: Participación real

Ciudadansonos manifestándose por un modelo urbanístico alejado de la especulación y en base a las necesidades sociales/S. Terán

Al calentar motores de cara a las próximas elecciones municipales, que se celebrarán en el verano de 2027, nada de lo que pueda ir sucediendo resulta previsible.

La avalancha de noticias sobre colectivos que no descartan constituirse legalmente para presentarse a las elecciones; el descarrilamiento del proyecto 100 % Tarifa, con el abandono de los concejales de Nuevos Aires, al parecer por discrepancias ante la posibilidad de que sea otra persona quien encabece la candidatura; la aparición de antiguos líderes del Partido Popular que podrían abanderar el proyecto de la extrema derecha; o la puesta en escena de personajes con una larga trayectoria en la política local que tuvieron que abandonarla tras una sentencia judicial dibujan un escenario electoral para los conservadores que puede resultar muy concurrido.

A ello hay que añadir el actual mapa municipal: un equipo de gobierno formado por el Partido Popular y Nuevos Aires y una oposición integrada por el Partido Socialista Obrero Español y Ganar Tarifa para la Gente. Las elecciones de 2023 dejaron un Ayuntamiento muy fragmentado: siete concejales para PSOE, siete para PP, dos para NAT y uno para Para la Gente.

De esta forma comienza a dibujarse el escenario para 2027. De una parte, quienes desde posiciones conservadoras y aún más a la derecha intentarán mantener el gobierno municipal, para lo que tendrán que afrontar también las diferencias que ya han aflorado en el seno del actual equipo de gobierno. A ello habrá que sumar, previsiblemente, el respaldo de la Administración andaluza, que a buen seguro tendrá presencia en la campaña para presentar a sus candidatos del Partido Popular como los encargados de solucionar los problemas de los municipios. Una cantinela ya muy escuchada.

Un espacio político que después de cuatro años ha mostrado que defiende, un modelo de municipio muy condicionado por determinados intereses económicos es lo que llamaron “criterio empresarial”. Un modelo que lo enmascara tras una fachada de tradicionalismo dirigida a determinados sectores que pueden sentirse identificados con un tarifeñismo vacío de medidas sociales,

Una buena muestra de ello son las dificultades que encuentran los tarifeños y las tarifeñas para acceder a una vivienda en su propio municipio. El elevado precio de la vivienda, que sitúan a Tarifa entre las zonas más caras de la provincia de Cádiz junto a Sotogrande, hablan por sí solas.

Son grupos políticos que han basado buena parte de su gestión municipal más en la apariencia que en el fondo. Ahí está la interminable lista de premios y reconocimientos concedidos por cualquier motivo: deporte, turismo, educación, seguridad y un largo etcétera. En esa apuesta por contentar a la ciudadanía mediante reconocimientos puede esconderse una falsa idea de participación. Participar no consiste en recibir un premio. Participar significa poder opinar, plantear propuestas, intervenir en los asuntos públicos y tener capacidad para influir en las decisiones que afectan a la vida del municipio.

Ellos usan una estrategia bien sencilla: yo te premio, tú me reconoces. Y en esa reciprocidad lo colectivo corre el riesgo de desaparecer para establecerse una relación basada en el agradecimiento personal, cuando no en el vasallaje.

Frente a ello, los partidos progresistas suelen defender una mayor participación pública. Y ahí debería encontrarse una de sus principales fortalezas. Cuanta más participación existe, más personas se sienten implicadas en la sociedad y más posibilidades hay de trabajar por el bien común. Y no es imposible véase los resultados en Berlín o Nueva York.

Pero tampoco debemos obviar la realidad. Vivimos en un mundo donde los egoísmos están cada vez más a flor de piel y donde los discursos excluyentes encuentran espacios crecientes entre determinados sectores de la población. Pedir a la ciudadanía que participe y se implique en la gestión del municipio puede parecer, en estas circunstancias, poco más que un deseo.

Por eso, los partidos progresistas no deberían limitarse a defender el discurso de la participación. Deben comprometerse con ella y convertirla en una práctica de gobierno si vuelven a tener la responsabilidad de gobernar Tarifa. Una participación que debe contar también con el personal municipal, un colectivo tan vilipendiado durante estos cuatro años y cuyo conocimiento y experiencia resultan imprescindibles para mejorar el funcionamiento de la Administración local.

Recuperar los presupuestos participativos, no solo en Cultura, como ya ocurrió hace algunos años, sino también en otros ámbitos. Recuperar y reforzar los consejos sectoriales de servicios sociales, educación, turismo, cultura o fiestas. Y llevar la participación hasta aquellos asuntos que condicionan el futuro del municipio, como la planificación urbanística. Un nuevo PGOU debería ser no solo participativo, sino verdaderamente participado: que la ciudadanía pueda conocer, debatir y aportar antes de que las decisiones estén tomadas.

Esa debería ser una de las grandes bazas de los partidos progresistas de cara a las próximas elecciones municipales: volver a ilusionar a la ciudadanía y demostrarle que su participación desinteresada puede servir para mejorar las condiciones de vida en Tarifa. Y quizá esa sea una de las grandes asignaturas pendientes de Tarifa: conseguir que la ciudadanía deje de ser espectadora de la política municipal para convertirse en protagonista de ella.

¿Desea que le notifiquemos cuando haya nuevas respuestas en este artículo?
Notificar cuando haya:
guest



0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios