Por: Gaspar J. Perea Cuesta

En el viejo condado costero de Tarifa, batido por vientos levantinos y ponientes, las aves políticas no vuelan: maniobran. Cada año, cuando llega el septiembre ornitológico, los cielos del estrecho se llenan de miles de alas en migración; pero entre todas las especies que cruzan el firmamento, ninguna ha destacado tanto como un ejemplar peculiar de Columba livia, conocido en las plazas simplemente como el Palomo.
El espécimen poseía un plumaje prodigioso capaz de cambiar de tono según la estación del año y la dirección del aire. Vio la luz bajo las banderas verdes y blancas del andalucismo, mutó más tarde al rojo intenso de la izquierda unida, vistió luego el traje a medida de un partido localista y terminó engalanando sus alas con el azul marino de la Gaviota.
Durante su mandato en el condado, la Columba livia trabó alianza con un hidalgo de más edad y rancia alcurnia política. A pesar de los canosos años de este último, el Palomo decidió apadrinarlo en las filas azules, cobijarlo bajo su buche y abrirle paso para regir la villa. Aquel veterano aliado, su particular Telémaco maduro, aprendió a la perfección a moverse por los pasillos del feudo.
Sin embargo, los vientos cambiaron. Un guardián de la ley —sabueso y policía local— olfateó una irregularidad en los sotos donde se posaban los carruajes de la villa. El sabueso alzó la voz ante los tribunales del reino. La Columba livia, en un acto de ciega lealtad, extendió las alas para proteger a su maduro protegido de la embestida judicial. La maniobra le costó cara: la Justicia desenvainó su espada y condenó al ave a un largo exilio, inhabilitándolo para la gestión del condado.
Mientras el ave cumplía condena en la sombra, el escenario cambió de actores. Apareció en la arena un nuevo escuadrón, los Nuevos Aires, que derivaron en desunidos 100×100, capitaneados por el propio sabueso. Este selló un pacto de conveniencia con el protegido de la Gaviota para investir a este último como nuevo Conde de Tarifa. Sin embargo, en un giro inesperado del libreto preelectoral, el sabueso ha anunciado que recogerá la correa y no concurrirá a la batalla de 2027, dejando huérfana la manada justo cuando el tablado empezaba a arder.
Pero este septiembre de migración y vientos revueltos ha traído una insólita mutación. Sintiéndose traicionada por el maduro aliado que ahora comparte festín con sus antiguos verdugos, la Columba livia ha roto su silencio. Con el buche hinchado de despecho, anuncia su regreso a las plazas encabezando las siglas fantasmas de un andalucismo extinto. Ahora, el camaleón volador no solo despotrica contra el nuevo Conde, sino que promete desvelar los secretos del sabueso retirado que lo derribó de su pedestal.
Moraleja: En el nido político de Tarifa, la lealtad es un traje de alquiler y las alianzas tienen fecha de caducidad. El sabueso cobra el botín y abandona la cacería antes de 2027; el ahijado se acomoda en el trono que no le pertenecía; y la Columba livia, tras poner el cuello en la guillotina por un aliado ingrato, pretende renacer del polvo convertida en azote. La verdadera lección del condado es implacable: en la mesa del poder, si arriesgas el buche para salvar a otro, ten por seguro que terminarás siendo el menú.