
Se calientan motores para las próximas elecciones municipales y el ambiente preelectoral comienza a tomar forma. Uno de los datos que más me llaman la atención es la reaparición en la provincia de antiguos alcaldes que, por uno u otro motivo, dejaron la política, algunos incluso por condenas judiciales, y que vuelven al escenario político como si se tratase de un bálsamo de Fierabrás capaz de acabar con todos los problemas.
Basan su puesta en escena amparados en la gestión de hace décadas, cuando muchas de las normas actuales sobre el funcionamiento de las administraciones no estaban vigentes, especialmente en lo que se refiere al control del gasto público y a las contrataciones. Así, a los nombres de Pedro Pacheco, en Jerez, o de José Antonio Barroso, en Puerto Real, se une el de Juan Andrés Gil, en Tarifa, y la cosa adquiere otra dimensión.
Este personaje político parece estar pensando en volver a presentarse a las próximas elecciones bajo las siglas andalucistas, si finalmente lo hace, esgrimiendo dos banderas: una, “Santos nos ha defraudado”; y otra, utilizando el término “tarifeñismo” como una forma de discurso chovinista que encorsetaría lo que es la Tarifa actual.
Y en esto tiene que competir con el actual alcalde, quien, haciendo señas de ese tópico típico tarifeño, dio una plática en la iglesia de San Mateo que resultó hasta exagerada para la inmensa mayoría de las personas presentes. Porque asociar determinados mensajes con la política parece que se ha puesto de moda, como se pudo escuchar hasta en la caseta de Amigos del Caballo, la noche del viernes al sábado, cuando ya casi cerrando un familiar de Santos, obviamente tras una dura jornada de feria, cogió el micrófono y, tras lanzar varias proclamas religiosas, finalizó con un “¡Viva Pepe Santos!”. Competido se ve este discurso “tarifeñista”.
Y no cabe duda de que a quienes más les puede preocupar este tipo de apariciones es a la derecha gobernante, que se ve también fragmentada con la aparición de una candidatura de Vox que, esta vez sí, parece que llevaría a gente del municipio, muchos de ellos antiguos militantes y cargos públicos del Partido Popular, y que, paradójicamente, también justifican su aparición en el escenario político por la mala gestión del actual alcalde del PP. En los mentideros políticos se comenta que algunos de ellos han llegado a tachar la gestión de Santos de nefasta.
Todo ello deja una idea bastante sólida: parece que el escenario político se hace más complejo con estos nuevos actores. Todos ellos intentarán alcanzar representación o, en el mejor de los casos, llegar al poder, en un nicho de votos hasta ahora explotado solo por el PP.
¿Fragmentará el voto la aparición de estas nuevas opciones políticas en el caso de que se confirmen? ¿Pueden poner en peligro las nuevas candidaturas de la derecha tarifeña el gobierno del PP en Tarifa? ¿Se dilucidará todo con una fragmentación del voto, pero con el mantenimiento de las mismas estructuras de poder que han gobernado Tarifa en estos últimos cuatro años? ¿Quedará todo esto reducido a una confrontación preelectoral y a un pacto poselectoral con un reparto de sillones?
Y a todo ello hay que unir lo adelantado por Tarifa al Día sobre la renuncia a continuar en política del portavoz de Nuevos Aires, ahora 100 % Unidos por Tarifa. Unas siglas con carácter localista que enlaza con el tarifeñismo tan de moda y que, de confirmarse que se queda sin su cabeza visible, podría ser incluso atractiva para algunos de los que se postulan en su carrera a la Alcaldía tarifeña.
Posiblemente, estas dudas se vayan clarificando, pero lo que sí parece que puede darse por hecho es aquello de que la política es el arte de hacer posible lo imposible. Y si en este mandato fue capaz de unir en una misma bancada a denunciante y denunciado, y durante estos cuatro años hemos visto que no se tenía claro quién gobernaba en Tarifa, porque una cosa eran las concejalías delegadas y otra, realmente, quiénes movían los hilos por detrás, a nadie le puede extrañar que, en esta combinación, Santos siga siendo el alcalde, pero tenga que pagar un alto precio para ello, cediendo las competencias mayores del gobierno local a quienes ayer fueron sus compañeros y mañana pueden ser sus nuevos socios.