El Parchís político tarifeño: que rueden los dados

 

Comienza la partida. O, mejor dicho, vuelve a comenzar una partida que en Tarifa parece no terminar nunca.

El anuncio del regreso a la política activa de Juan Andrés Gil García vuelve a agitar los dados sobre ese tablero multicolor que es la política tarifeña. Y cuando los dados ruedan, las fichas empiezan a moverse: unas avanzan, otras retroceden y, llegado el momento, alguna puede acabar comiéndose a otra.

 

Porque si algo tiene la política municipal de Tarifa es cierto parecido con el Parchís. No es una partida de cuatro jugadores: aquí hay varios casilleros, muchos colores, alianzas circunstanciales, casillas seguras, salidas inesperadas y jugadores dispuestos a llegar a la meta. Y esta vez la meta tiene fecha: mayo de 2027.

 

Juan Andrés Gil vuelve. El político camaleónico, capaz de cambiar de piel y de color a lo largo de una trayectoria que le ha llevado por PA, PAP, IU, TAIP y PP, anuncia ahora su regreso de la mano del andalucismo. Precisamente de quienes fueron sus socios en aquella segunda investidura de 2011 y facilitaron su tercera investidura, en junio de 2015, mediante su abstención. Meses después cambiaron de posición, se alinearon con el PSOE y contribuyeron a su salida de la Alcaldía mediante una moción de censura.

 

La ironía del tablero resulta evidente: quien fue expulsado de la Alcaldía por una combinación de fichas en la que participó precisamente el andalucismo vuelve ahora al juego por esa misma casilla política.

 

Once años después de aquella moción de censura, Gil anuncia su regreso. Lo hace, además, después de haber intentado recuperar protagonismo en el Partido Popular, formación en la que terminó recalando tras su particular periplo político. Pero las puertas de la primera fila popular, al menos hasta ahora, no parecen haberse abierto para él. Sus antiguos pupilos son hoy jugadores con ficha propia y, aparentemente, no estaban dispuestos a devolverle el dado. Así que toca cambiar de color.

 

Y hay que reconocerle algo a Juan Andrés Gil: habilidad para jugar. Para adaptarse, interpretar los tiempos y buscar una casilla desde la que volver a colocarse en el tablero. Algunos lo llamarán pragmatismo político; otros, oportunismo. Cada cual pondrá el nombre que considere oportuno. Lo que resulta difícil de discutir es su capacidad de supervivencia política.

 

Él mismo asegura sentirse defraudado por el PP y seducido por ese “tarifeñismo” que ahora le ofrece el andalucismo. Una expresión cuyo verdadero significado habrá que comprobar cuando llegue la hora de colocar las fichas sobre el tablero electoral. Porque una cosa es anunciar que se vuelve a jugar y otra muy distinta conseguir que los demás jugadores acepten que vuelves a tener ficha.

Gil regresa, además, con una pesada mochila política y judicial. Sobre él pesan condenas que le han supuesto más de diez años de inhabilitación y una trayectoria municipal que terminó abruptamente con aquella moción de censura. Todo ello forma parte de su pasado político y será inevitablemente uno de los elementos que acompañen su regreso a la primera línea.

Pero el Parchís no entiende de pasados. Entiende de movimientos. Y ahora toca mirar al tablero. Porque la pregunta no es únicamente quién puede ganar, sino quién tiene más que perder.

Probablemente entre los que deberían mirar con especial atención están quienes llegaron a Tarifa prometiendo nuevos aires y hoy se presentan transformados en Unidos 100×100. La ficha naranja puede encontrarse de repente ante una partida bastante más complicada de lo que esperaba.

La candidatura de Gil, si finalmente se concreta, puede pescar votos en diferentes caladeros. Ahí reside precisamente su capacidad para alterar el juego. No necesariamente porque vaya a ganar, sino porque puede hacer que otros dejen de ganar. En política, a veces no hace falta llegar a la meta para cambiar el resultado. Basta con comerse una ficha en el momento adecuado.

El Partido Popular tendrá que mirar de reojo, y todo el espacio situado a su derecha también. Un nuevo jugador que, paradójicamente, es veterano, conoce bien el tablero, sus casillas y buena parte de quienes están sentados alrededor de la mesa puede contribuir a fragmentar un electorado que hasta ahora parecía más o menos definido.

Y la de Gil García no sería la única ficha capaz de alterar la partida. También puede aparecer en el tablero otra candidatura: la de la recientemente creada plataforma ciudadana Buenos Aires, todavía poco conocida incluso entre muchos tarifeños autóctonos, pero que ya ha anunciado que no descarta dar el paso y convertirse en un partido localista. De momento, es una incógnita. Su implantación, capacidad de movilización y eventual decisión de concurrir a las elecciones están por ver. Pero precisamente por eso sería un error ignorarla. Una ficha que todavía no sabemos exactamente de qué color será también puede condicionar los movimientos de las demás. La particularidad de esta nueva partida es que todavía no conocemos todas las fichas que acabarán sobre el tablero.

Mientras tanto, en la izquierda algunos pueden observar los movimientos con cierta satisfacción. Si el regreso de Gil divide el voto de la derecha, podría beneficiarse de una mayor estabilidad electoral. Es la vieja aritmética del Parchís: mientras unos se pelean por avanzar, otros pueden aprovechar para acercarse tranquilamente a casa.

Regresando a la ficha de Gil García, cabe destacar que el político facinense conoce el juego al dedillo. Conoce el PP, conoce el andalucismo, conoce la Alcaldía y conoce las campañas electorales. Conoce las alianzas y, sobre todo, conoce la política tarifeña desde dentro. Ahora vuelve a tirar los dados.

Sobre la propia partida… las preguntas empiezan a acumularse: quién sacará primero, quién conseguirá un seis, quién logrará sacar sus fichas de casa, quién encontrará una alianza para avanzar y, llegado el momento, quién se comerá a quién.  Porque en el Parchís político tarifeño no basta con tener una buena ficha. Hay que saber cuándo moverla, cuándo protegerla y cuándo atacar.

El regreso de Gil puede ser un problema para unos, una oportunidad para otros y un simple ruido electoral para quienes confíen en que el tablero terminará ordenándose por sí solo. Pero sería ingenuo pensar que su aparición no tendrá consecuencias. Y tampoco sería prudente dar por cerrado el tablero cuando aún quedan fichas por conocer.

El anuncio de Juan Andrés revela que el político que algunos daban por amortizado vuelve a colocarse la ficha sobre la mesa. Once años después de abandonar la Alcaldía y tras un largo recorrido por diferentes siglas, anuncia que quiere volver a jugar. Ahora habrá que esperar y comprobar cuántas fichas y de qué colores participan finalmente en la partida. Porque todavía queda mucho Parchís. Y los dados, como la política tarifeña, no han dejado de rodar.

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