Hoy 27 de agosto, a las 20.00 horas, con entrada gratuita hasta completar aforo. Labajo propone una mirada hacia aquellas canciones que, entre España y América Latina, se convirtieron en ungüento contra la represión, herramientas de agitación política y en altavoces de las libertades. Letras nacidas frente a la represión, al miedo y a los regímenes totalitarios que trataron de enmudecer a quienes, guitarra en mano, proclamaban sus reivindicaciones a los cuatro vientos, mientras el ruido de fusiles y sables militares marcaba dramáticamente el tiempo político.

El viejo teatro del Liceo del Casino Tarifeño a propuesta del Cansautor Alopécio propone hoy jueves 27 de agosto, escuchar voces que en otro tiempo fueron perseguidas, silenciadas o empujadas a los márgenes por cantar contra la injusticia. El cantautor gaditano Luis Labajo, al frente de su proyecto El Cansautor Alopécico, ofrecerá a partir de las 20.00 horas un concierto de entrada gratuita, hasta completar aforo, concebido como un ejercicio de recuperación de la Memoria Histórica Musical.
No será únicamente un recital. Labajo propone una mirada hacia aquellas canciones que, entre España y América Latina, se convirtieron en ungüento contra la represión, herramientas de agitación política y en altavoces de las libertades. Letras nacidas frente a la represión, al miedo y a los regímenes totalitarios que trataron de enmudecer a quienes, guitarra en mano, proclamaban sus reivindicaciones a los cuatro vientos, mientras el ruido de fusiles y sables militares marcaba dramáticamente el tiempo político.
El Cansautor Alopécico pretende así recuperar canciones antiguas de autores ibéricos y latinoamericanos unidos por un denominador común: la contestación política. Arpegios y ecos de una memoria que se escaparán mañana por el histórico Liceo, un recinto que, por su propia carga simbólica y por su condición de testigo pétreo de épocas convulsas, se antoja especialmente significativo para este ejercicio de recuerdo, recomposición y memoria democrática.
Entre los autores recuperados durante el recital se encuentra Chicho Sánchez Ferlosio, figura esencial de la canción de resistencia y personaje de singular biografía: comunista en una primera etapa y posteriormente anarquista, hijo de Rafael Sánchez Mazas, uno de los fundadores de la Falange, y hermano del escritor Rafael Sánchez Ferlosio. Su presencia en el repertorio resume buena parte de las contradicciones, fracturas y luchas que atravesaron la España contemporánea y que la música contribuyó a narrar desde posiciones frecuentemente incómodas para el poder.
Detrás del Cansautor Alopésico está Luis Labajo, licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Cádiz y en Filosofía por la UNED, y actualmente profesor de Física y Química y Filosofía en el IES Fernando Aguilar de Cádiz. Su trayectoria cultural, sin embargo, trasciende ampliamente las aulas.
Carnavalero gaditano desde 1991, Labajo ha participado tanto en el Gran Teatro Falla como en las agrupaciones de la calle. Su vinculación con Tarifa tiene, además, un marcado carácter personal: estuvo destinado en el IES Baelo Claudia entre 2000 y 2005 y durante aquellos años participó en varias chirigotas callejeras y en la comparsa La Ciudad Sumergida, en 2005.
Su inquietud musical también le llevó a crear las bandas punk Ramonis y Castigados Sin Recreo, experiencias que desembocan ahora en un proyecto distinto en la forma, pero conectado con una misma pulsión crítica. Con El Cansautor Alopécico, Labajo cambia la urgencia del punk por la recuperación de canciones y autores que forman parte de un patrimonio cultural y político que corre el riesgo de desaparecer del recuerdo colectivo.
Hoy, el Liceo del Casino Tarifeño será, por tanto, mucho más que un escenario. Será el espacio desde el que devolver al presente voces que la represión quiso acallar y recordar que también las canciones pueden constituir documentos de una época. Un recital para escuchar, pero también para recordar; para reivindicar que la memoria democrática puede conservarse entre archivos, testimonios y libros, pero también en los versos, las guitarras y los estribillos que sobrevivieron a quienes intentaron imponer el silencio.