
Alrededor de un centenar de usuarias, familiares y vecinos acompañaron ayer a AFITA en la manifestación convocada con motivo del Día Internacional de la Fibromialgia para exigir, una vez más, un local donde poder retomar su actividad asistencial. La marcha arrancó a las doce del mediodía desde los escombros de lo que durante años fue su sede en la calle San Sebastián, inmueble del que fueron desalojadas el pasado 29 de diciembre con el argumento municipal de iniciar las obras de viviendas de protección oficial, trabajos que a día de hoy continúan paralizados.
Desde ese punto, cargado de simbolismo para las afectadas, la comitiva recorrió varias de las principales calles del casco antiguo hasta llegar a las puertas del Ayuntamiento, donde concluyó la protesta sin que ningún miembro del equipo de gobierno saliera a atender a las manifestantes.
Durante el recorrido se pudieron leer pancartas con mensajes como “Nos prometieron esperanza. Nos sentimos abandonadas”, “Cuidarnos no debe ser una lucha”, “Por el local que nos quitaron” o “Derribasteis nuestro esfuerzo, pero no nos quedaremos calladas hasta tener el local prometido”. Los lemas fueron coreados de forma constante entre pitos y aplausos, en una movilización marcada por la indignación pero también por la visibilidad de una realidad que afecta a más de 200 mujeres en la localidad.
La protesta, de la que participaron miembros de los partidos de la oposición, PSOE y Ganar Tarifa, sirvió también para recordar que el pasado mes de marzo el alcalde volvió a pedir confianza a la asociación y se comprometió, sin concretar fechas, a que las obras del nuevo local destinado a AFITA se concluirían en un plazo razonable. Dos meses después, la situación sigue exactamente igual: la asociación continúa sin sede y sin poder prestar las terapias y talleres que durante 20 años han formado parte esencial del apoyo a personas con fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y sensibilidad química múltiple.

A las puertas del Consistorio, las manifestantes leyeron un manifiesto con motivo de la efeméride y dieron voz a testimonios cargados de lamentos y reproches por la falta de respuestas institucionales. La tensión emocional del momento fue evidente y una de las participantes tuvo que ser atendida tras sufrir un episodio de malestar.
El silencio institucional fue uno de los aspectos más comentados al término de la marcha. Las asistentes esperaban que algún representante municipal saliera a escuchar sus demandas, algo que finalmente no ocurrió. No obstante, una delegación de usuarias accedió al interior del Ayuntamiento para solicitar ante la secretaria particular del alcalde una cita con el regidor tarifeño, José Antonio Santos Perea.
Con esta movilización, AFITA vuelve a situar en el centro del debate público su situación: meses sin local, sin actividad y sin una fecha clara que permita a sus usuarias recuperar un espacio fundamental para su salud y calidad de vida.
