
La política como actividad humana está siendo denostada, aunque en ella se traten la inmensa mayoría de los temas que nos afectan en nuestra vida común y también en nuestra vida personal. Resulta curioso observar cómo las propuestas políticas de algunos partidos se anclan en planteamientos que están superados históricamente en vez de estar acordes a los tiempos en los que se producen.
Pongamos un par de ejemplos. Hace unos días se daba a conocer otra movilización a favor de la recuperación de la laguna de La Janda. Distintos colectivos acudieron a zonas de nuestro término municipal para elevar la voz y pedir a las autoridades competentes que se inicie el proceso de recuperación de ese humedal.
Esta propuesta ha sido apoyada por algunos partidos progresistas y de izquierdas. Resulta paradójico que algunos de estos grupos políticos que hoy reclaman la recuperación de la laguna de La Janda se encuentren en posiciones ideológicas muy similares a los que empezaron a reclamar durante la Segunda República la desecación de ese humedal. Pero, nada más simple, estos grupos adaptan sus propuestas y miran al futuro. Así pues, si hace casi un siglo pedían desecarla, lo hacían por la necesidad que existía en dotar de tierras para cultivos a una buena parte de la población jornalera tarifeña que pasaba hambrunas un año sí y otro también.
En aquellas fechas, el objetivo de las personas que querían un progreso era que esas tierras pudieran ser la base del sustento económico de muchas familias tarifeñas. Los intentos por conseguirlo por parte de la alcaldía republicana socialista fueron varios. Llevaron estas peticiones incluso a Madrid. Tras el golpe de Estado, la laguna se desecó. Pero lamentablemente no sirvió para facilitar un modo de vida a estos jornaleros, sino que vino a engrosar los latifundios existentes en la zona. Hoy, frente a determinados modelos de explotación agrícola intensiva, se pide recuperar el espacio natural como una forma de reequilibrar nuestra naturaleza. Se vuelve a tener una visión de futuro con otro paradigma porque, afortunadamente, la hambruna desapareció.
Por el contrario, a veces encontramos discursos políticos que miran al pasado; muchos de ellos los conocemos a través de las redes sociales y se presentan como si no se quisiera la cosa, con un aire de nostalgia. En varias ocasiones he visto publicaciones que comentan de forma bastante a la ligera que hace 40 o 50 años los maestros atendían a más de 40 alumnos en cada clase. Lo hacen como intentando convencer de que no es necesario preocuparse por la educación.
Estos argumentos, que miran al pasado, chocan contra los que defienden las personas que pedimos un avance en un servicio público tan esencial como es la educación. La atención educativa debe adecuarse a las exigencias de una sociedad integradora del siglo XXI, en la cual todas las personas, independientemente de su diversidad funcional en materia cognitiva, motórica, sensorial, etc., deben ser atendidas en los centros ordinarios. Para los nostálgicos del pasado, se debe recordar que muchas de estas personas con diversidad, hace 60 años (cuando “gloriosamente” se atendía a más de 40 niños en cada clase), eran invisibilizadas en el conjunto de la sociedad y, por ende, en los colegios.
Por ello, cuando se escuchan planteamientos políticos que apuntan hacia el futuro, adecuándose a los tiempos (como en el caso de recuperar los humedales de la laguna de la Janda) y otros que miran al pasado (intentando extrapolar experiencias que fueron superadas por lo nefasto de sus consecuencias a los momentos actuales), la gente debería tenerlo claro: las propuestas políticas deben mirar hacia el futuro y no hacia el pasado. De lo contrario, se corre el riesgo de que se terminen aprobando leyes como las que el ínclito presidente argentino acaba de proclamar, donde se vuelve a establecer una jornada laboral de 12 horas, donde no hay derechos frente al despido, donde no te pagan las horas extras… o, lo que es lo mismo, donde se vuelve a un estado de sometimiento por parte del trabajador a los intereses económicos de la empresa.
Deberíamos aprender que el dicho “cualquier tiempo pasado fue mejor” tiene los pies de barro, sobre todo cuando se mira a estos grupos políticos que intentan retrotraer la política a situaciones del siglo XIX.
A mi Prim
