Pese a la prohibición expresa de circular con bicicletas, llevar perros sueltos o salirse del trazado, los incumplimientos son habituales en el sendero de Los Lances y las campañas de sensibilización ambiental anunciadas por el delegado territorial hace casi un año, siguen sin materializarse.

Usuarios habituales del sendero del paraje natural de Los Lances, así como colectivos ecologistas, han vuelto a advertir del grave deterioro y abandono que sufre esta infraestructura, integrada en el Parque Natural del Estrecho, y del riesgo que dicha situación supone tanto para la seguridad de las personas como para la conservación de un entorno de alto valor ambiental.
Las advertencias llegan tras confirmarse el retraso de las obras de rehabilitación anunciadas el pasado mes de enero por el delegado territorial de Medio Ambiente, Óscar Curtido, quien aseguró entonces que el arreglo integral del sendero se ejecutaría antes de 2025. No obstante, en noviembre, la propia Consejería reconoció que los trabajos no podrían iniciarse en la fecha prevista, alegando que aún se encontraban en fase de redacción los proyectos necesarios para acometer la actuación.
Desde entonces, y según denuncian usuarios y colectivos ambientales, no se ha ofrecido información actualizada sobre el estado real de dichos proyectos, a pesar de las reiteradas solicitudes de aclaración dirigidas a la Subdelegación del Gobierno. Este silencio administrativo, subrayan, incrementa la preocupación ante una situación que se prolonga ya más de un año sin soluciones visibles.
El estado actual del sendero es calificado como lamentable. Las tablas de madera presentan holguras, astillas y puntillas sobresalientes, lo que supone un riesgo evidente de accidentes para las cientos de personas que transitan a diario por este recorrido costero. A ello se suma que el deterioro del trazado obliga a muchos usuarios a abandonar la pasarela elevada, diseñada precisamente para minimizar el impacto humano sobre el sistema dunar.
Esta circunstancia tiene consecuencias directas sobre el entorno natural. Ecologistas advierten de un aumento de la presión antrópica sobre zonas sensibles, con afección a especies de flora y fauna protegidas, algunas de ellas en situación de vulnerabilidad. La falta de un itinerario seguro y claramente delimitado favorece que se invadan áreas de nidificación de aves limícolas y espacios con vegetación autóctona de alto valor ecológico.
Aunque la cartelería existente prohíbe expresamente el acceso con bicicletas, la presencia de perros sueltos o el tránsito fuera del sendero, son frecuentes los incumplimientos. En enero, el delegado territorial anunció la puesta en marcha de campañas de sensibilización e información ambiental para concienciar a los usuarios sobre la fragilidad del espacio y la necesidad de respetar las normas de uso. Casi un año después, usuarios y colectivos denuncian que no se ha llevado a cabo ninguna de estas acciones.
Ante esta situación, quienes hacen uso del sendero y las organizaciones ecologistas reclaman transparencia, una respuesta clara por parte de la administración y la adopción de medidas urgentes que permitan recuperar el sendero, garantizar la seguridad de los visitantes y proteger de forma efectiva uno de los enclaves naturales más valiosos del litoral tarifeño.