
Para los que dicen que movilizarse y reivindicar determinadas cuestiones no sirve de nada, parece que los últimos acontecimientos no les dan la razón. Sirva como ejemplo lo que está sucediendo en torno al genocidio en Gaza y la masacre del pueblo palestino. Esta situación catastrófica será leída y releída por las generaciones futuras como una muestra de la sinrazón del ser humano.
Desde hace tiempo, se vienen realizando movilizaciones en distintas partes del planeta; pero el aumento sin escrúpulos de la matanza y la desolación de un territorio devastado han provocado que, nuevamente, este lamentable hecho ocupe las primeras planas de los informativos. Las protestas durante la Vuelta Ciclista a España han llegado a todo el mundo. Las movilizaciones posteriores en otros países, como en Italia, repican en la conciencia mundial.
Y, frente a la movilización, los reaccionarios siempre crean un relato en base al miedo: que si kale borroka, que si violencia callejera,… Parecen querer desmontar la implicación de la ciudadanía cuando reclaman derechos humanos y dignidad. Las manifestaciones no les asustan tanto cuando atentan contra las sedes de otros grupos políticos. A pesar de ello, con la movilización de una gran parte de la opinión pública y la evidencia de los hechos, muchos gobiernos han tenido que mover ficha y reconocer el estado palestino al tiempo que defender las resoluciones de la ONU sobre la coexistencia de los dos estados. Habría que congratularse por ello. Es algo que a todas luces debe ser entendido como un logro de la sociedad civil, porque la ONU, que no pasa por su mejor momento, se ha visto maniatada en este asunto. Este organismo está pasando a tener un papel secundario en el escenario mundial debido, especialmente, a que las grandes potencias no lo respetan.
También, en Tarifa, la sociedad civil, un poco harta de que las cosas no funcionen como debieran, se va a manifestar el próximo viernes 26. Se reclaman unos espacios públicos y servicios públicos de calidad, una “Tarifa para vivir” y no para especular. Este movimiento social viene a impulsar de una manera clara lo que debería estar vertebrado de manera institucional. Nos referimos a que es hora de establecer consejos sectoriales donde la población pueda participar de forma activa y democrática y no quedar reducida a un voto cada cuatro años. El fomento de la participación ciudadana a través de consejos sectoriales debería ser un objetivo primordial para los grupos que defienden una propuesta y un modelo de sociedad participativo y participado.
La vertebración de la sociedad permitiría que muchas de estas demandas que se reclamarán este viernes pudieran estar canalizadas institucionalmente. Por ejemplo, la existencia de un consejo local de la juventud sería el escenario en el cual los responsables políticos tendrían que dar respuesta ante los más jóvenes y ante la opinión pública en general de por qué la casa de la juventud sigue cerrada. Un consejo o patronato de cultura permitiría conocer y administrar los recursos con los que el Ayuntamiento cuenta para la cultura (ya hubo un intento con los presupuestos participativos en esta área). También, por ejemplo, un consejo sectorial de asociaciones vecinales serviría para conocer las demandas que cada zona o territorio del municipio reclama a los poderes públicos. Y así en múltiples cuestiones.
Lamentablemente, esta participación está amputada. El gobierno de turno solo cuenta con quienes tienen objetivos parecidos a ellos; el resto de la sociedad queda excluida. Incluso los consejos existentes, porque la propia ley lo exige (el caso del Consejo Escolar Municipal), quedan desvirtuados y no se llenan de contenido para facilitar la participación e implicación de aquellos que luchan por mejorar la educación pública en Tarifa.
Frente a este modelo de participación, hay otro que resulta mucho más fácil de ser controlado por el poder político. Así, dar subvenciones de manera discrecional (solo con el criterio de quien manda); dar prioridad a los arreglos de unas zonas del pueblo en vez de otras; fomentar un tipo de actividades culturales y olvidar otras; tener una prioridad en el gasto de recursos públicos para determinados eventos; realizar galas y otorgar reconocimientos individuales, etc., pueden generar un vínculo de agradecimiento al gobierno de turno, pero no fomentan la participación para mirar por el bien común. Por cierto, estos reconocimientos también podrían salir de estos órganos de participación porque no es incompatible.
Por ello, y mientras Tarifa no se vertebra facilitando la participación ciudadana desde la propia institución municipal, es esencial este tipo de movimiento ciudadano. Y cómo no, la participación social, que debe ser al mismo tiempo coordinada con la participación política de quienes nos representan. Porque no olvidemos: al final las decisiones se toman en las instituciones públicas con los representantes políticos.